James Rhodes, vida y música

Rhodes

Grandes Intérpretes es un ciclo ya clásico en la programación del teatro Gayarre. La propuesta para el curso 2018-2019 contempla la presencia de dos pianistas muy distintos entre sí, pero unidos por su amor a la música y su vertiente provocadora y poco convencional: James Rodhes e Ivo Pogorelich. El domingo nos visitó el primero de ellos. El Gayarre abarrotado, la presencia de un público más joven y distinto al habitual del ciclo, y el comportamiento de los asistentes, muy respetuoso durante la interpretación, pero ruidoso en los vítores y aplausos, eran evidencia clara de que estábamos ante un personaje mediático que desbordaba su perfil de concertista de piano. Y James Rhodes no defraudó: vestido informalmente, presentó sus obras de forma desenfadada en inglés y algo de castellano, interpretó de forma muy personal las obras de Bach, Chopin y Rachmaninov, ofreció cuatro bises muy aclamados y entusiasmó a casi todo el público asistente. Y digo a casi todos, porque a algunos reconocidos melómanos con los que conversé al final del concierto, no les convenció su interpretación. A mi buen amigo Xabier Armendáriz, que ayer publicó en este mismo medio la crítica del concierto, me remito para la valoración artística del intérprete.

James Rhodes es un buen concertista de piano. Él mismo reconoce que no está en el top ten de los pianistas actuales, ni mucho menos. Sin embargo, pocos instrumentistas gozan de tanto fervor mediático. Su lengua mordaz e incluso soez, su estilo desenfadado a la hora de presentarse a un concierto, normalmente en vaqueros, camiseta y playeras, y sus deseos de romper la norma establecida con explicaciones nada convencionales de las piezas que interpreta, son algunas de las razones de su éxito. Si a ello unimos una vida que él mismo resume de esta manera: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida”, no hay duda de que estamos ante un personaje interesante y singular, aunque a continuación lo deba calificar de estrafalario, valiente y poco convencional.

El libro que recoge su corta vida, no tiene sino 43 años, se titula Instrumental, el nombre de su sello musical, y se subtitula Memorias de música, medicina y locura. El que yo leí el año pasado iba ya por su séptima edición. La historia de su vida, dura y descarnada, tiene interés en lo que supone de testimonio personal. Un joven de clase bien, que debido a los abusos, querencias personales y compleja personalidad estaba abocado a ser carne de cañón y acabar mal, se redime gracias a un complejo proceso en el que la música tiene un papel preponderante. Él es consciente de la mala imagen que proyecta en su libro, pero a medida que el texto avanza, la esperanza comienza a tomar cuerpo. Mejora en lo personal, lo profesional y lo psicológico. Comienzan los conciertos, los programas de televisión, los escritos en la prensa. Y se enamora de nuevo. Siempre inestable y temeroso, se permite sin embargo dar una serie de consejos relativos a la relación de pareja que sorprenden porque a veces suenan a libros de autoayuda.

Pero el libro ofrece más. Tiene una tercera faceta que lo hace particularmente interesante. Todos los capítulos, que él llama temas, están introducidos por una obra para piano, con un comentario sobre la misma y la sugerencia de una grabación concreta. En ellos aparecen su trilogía preferida, Bach, Beethoven y Chopin, y algunos de los pianistas y directores de más lustre: Glen Gould -para él el mejor pianista de todos los tiempos-, Kissin, Ohlsson, Ashkenazy, Leonskaja, Tiempo, Pollini, Zimerman, Luisada, Lonquich, Lupu, Kocsis, además de Sokolov, en su opinión el mejor de los pianistas vivos. ¡Qué suerte haber podido escuchar en Pamplona, sobre todo de la mano de la Sociedad Filarmónica, a algunos de los autores citados!

Fiel a su estilo, sugiere además que compremos, robemos o escuchemos en streaming estos tres discos: Las Sinfonías 3 y 7 de Beethoven, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres; las Variaciones Goldberg de Bach, interpretadas por Glen Gould; y los Conciertos para piano 2 y 3 de Rachmaninov, con Andrei Gavrilov al piano. Todas las obras descritas pueden, a su vez, encontrarse en internet, en la página http:/bit.do/instrumental.

Bienvenido sea este aire fresco, si la consecuencia es la llegada de nuevos públicos a nuestros conciertos de música clásica. El tiempo dirá dónde llega como intérprete. Pogorelich apuntaba a la cumbre hace 25 años y lo tendremos el próximo mes de mayo en el Gayarre sin llegar a ella. Enhorabuena, en todo caso, al equipo del Teatro Gayarre por apuntarse este tanto en su programación.

Diario de Navarra, 1/11/2018

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