La religión islámica en la escuela navarra

Islam

El pasado 10 de febrero, Diario de Navarra publicaba un excelente reportaje a doble página de su redactor de educación, Íñigo González, en el que con el titular “La religión islámica llegará por primera vez a las aulas a partir del próximo curso” daba amplia información de los datos demográficos de los alumnos musulmanes en Navarra, los requisitos que deberá cumplir el profesorado, las características básicas del currículo, y unas declaraciones del presidente de la Unión de comunidades islámicas de Navarra.

Sobre el papel, nada que reprochar. Desde 1992 la Ley de Libertad Religiosa, además de la católica, permite a las familias recibir la asignatura de religión islámica, judía y evangélica, siempre que se cumplan una serie de requisitos -los más importantes, petición de los padres y un número mínimo de solicitudes-. Pero, pese a eso, en los últimos 26 años, apenas se ha puesto en marcha en España y nunca en Navarra.

Los números comienzan a ser significativos. El alumnado musulmán en España supera las 200.000 personas, de los que se calcula que en torno a 16.000 reciben la asignatura de religión islámica en colegios públicos de primaria. En Navarra, se calcula que los musulmanes son unos 24.000 de los que 3.273 están en edad escolar, 980 navarros y 2.293 extranjeros. Gracias al acuerdo con el Gobierno de Navarra, la prematrícula ha registrado 1.400 solicitudes de enseñanza religiosa islámica en los diferentes colegios de la Comunidad.

Si estos alumnos estuvieran homogéneamente distribuidos en toda la geografía navarra y en las dos redes sostenidas con fondos públicos, la pública propiamente dicha y la concertada, la cuestión podría suscitar un debate ideológico, al igual que sucede con la enseñanza de la religión católica, pero no llevaría aparejados otros problemas que sorprende y mucho que ésta, precisamente esta administración educativa parece no haber tenido en cuenta.

El artículo anterior lo dediqué a un hecho de estricta actualidad cual era el inicio del proceso de matriculación. Y aproveché para reflexionar sobre los problemas que siguen lastrando nuestro sistema educativo que, reitero, es bueno pero manifiestamente mejorable. El tercero de los que enumeraba era el reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados, insistiendo en que era imprescindible que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo fuera proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Pues bien, si no quieres taza, taza y media. A nadie se le oculta que estos 3.273 alumnos musulmanes, que es verdad que tienen derecho a recibir enseñanzas de religión islámica en las aulas, se encuentran concentrados básicamente en una serie de municipios del sur de Navarra y casi en su totalidad en centros públicos. ¿Ha escuchado el departamento la opinión de las direcciones de los centros, el profesorado, los ayuntamientos e incluso la inspección educativa? ¿No es consciente del difícil equilibrio en el que viven muchos de estos centros, con unas minorías excesivas en no pocos de ellos, que están expulsando literalmente a bastantes alumnos autóctonos hacia redes donde apenas existen los primeros? Y estas redes tienen nombres y apellidos: toda la concertada tanto en castellano como en euskera, con excepciones dignas de aplauso, y el modelo D público que apenas integra a este alumnado. Se me dirá que lo que de verdad importa es la opinión de los padres y madres, pero he sido docente y consejero de educación durante siete años como para conocer los procedimientos que se utilizan para condicionar la opinión de las familias y más si éstas tienen dificultades sociales y educativas.

Concluyo, por lo tanto, señalando dos cosas: que los alumnos tienen derecho a recibir enseñanzas de la religión islámica, si bien este derecho lleva 26 años sin hacerse efectivo; y que esta iniciativa, en los términos en los que se pretende realizar, va a provocar más problemas de los que pretende solventar. En consecuencia, ante la colisión de intereses, es preciso acordar un procedimiento equitativo que no penalice al sistema público del sur de Navarra, aquejado de una severa problemática vinculada al excesivo número de alumnos de minorías étnicas en sus aulas. A no ser que se pretenda justamente desarticular una red que funciona magníficamente. Apelo, por tanto, una vez más a los grupos políticos a llegar a un acuerdo, en especial a Podemos e I-E, firmes defensores sobre el papel de la escuela pública. Apoyar la iniciativa del gobierno en esta cuestión sin medir las consecuencias de la misma es hacer un flaco favor a la escuela a la que dicen defender. Si queremos hacer efectivo este derecho resulta más necesario que nunca repartir la gracia del Dios en el que se cree.

Diario de Navarra, 15/2/2018

 

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