La matriculación, el comienzo de un proceso

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Hoy, 1 de febrero, comienza en Navarra el proceso de matriculación. Es el gran tema para las familias con niños de nuevo ingreso, ya que lo que hasta no hace muchos años era un acto casi administrativo se ha convertido en una prueba de fuego donde es preciso estudiar cuidadosamente las numerosas ofertas que se presentan: público o concertado; castellano o euskera; PAI en sus múltiples variantes o modelos trilingües; jornada partida, continua o flexible; con transporte y comedor o sin ellos, por citar solo algunas de las múltiples alternativas posibles. Y semejante despliegue, para algo más de 6.000 alumnos y en medio de campañas institucionales o propias de cada centro en las que se subrayan los medios humanos y materiales de los que se dispone y los valores e ideario que se pretende fomentar. ¿Y qué hay de malo en todo ello -se preguntará más de uno? Las múltiples ofertas ¿no son símbolos de un sistema educativo avanzado, adaptado a la sociedad y abierto a los nuevos tiempos? Sin duda, pero aprovechando el proceso de matrícula deberíamos preguntarnos si hemos solventado bien algunos problemas previos que siguen lastrando nuestro sistema educativo, que es bueno pero manifiestamente mejorable. Enumeremos algunos.

– La consideración del sistema educativo como un todo indivisible e integrado al servicio de la sociedad en su conjunto. El presupuesto, que no es malo pero necesita ser progresivamente aumentado, debe servir para atender a las necesidades de la ciudadanía desde la educación infantil a la universidad. Y eso exige equilibrio y ponderación, sin abandonar sectores o ámbitos específicos especialmente necesitados. Atender bien a estos sectores es un excelente síntoma de la salud de nuestro sistema educativo.

– Garantízar un puesto escolar digno para todos en cualquier lugar del territorio en el que se habite. Esto exige un compromiso específico con la escuela pública rural, la única existente en la mayor parte de los municipios, con especial atención a un problema: garantizar su supervivencia -que es sinónimo de garantizar la vida de los propios pueblos-, dotándola de un modelo propio, flexible y viable, dado que la multiplicación de las ofertas dispersa a los escasos alumnos existentes e impide en no pocos casos la continuidad de los propios centros.

– Reparto equitativo de derechos y deberes en los centros públicos y concertados. En Navarra no existen centros privados propiamente dichos, sino concertados, es decir, todos están sostenidos con fondos públicos. Es imprescindible, en consecuencia, que el porcentaje de atención a las minorías étnicas y de otro tipo sea proporcional al peso que tiene cada una de las redes. Esto resulta especialmente obligado en razón del ideario, ya que la mayor parte de los centros concertados pertenecen al grupo de escuelas católicas, que deberían hacer de este mandato evangélico una prioridad educativa.

– Atención a la demanda efectiva de la sociedad en materia lingüística. Da la sensación de que el actual gobierno pone inconvenientes a la generalización del PAI, ampliamente demandada por las familias, y da toda clase de facilidades para la extensión del euskera, incluso donde la demanda de los ciudadanos escasea.

– Una administración educativa ecuánime y al servicio de la comunidad. Gestionar la educación nunca ha sido fácil, y creo hablar con conocimiento de causa, pero probablemente los dos últimos años han sido el bienio más caótico que ha conocido la educación en toda la etapa democrática. Cambios permanentes en los equipos, falta de principios claros de actuación, excesos en la gestión de la normativa en torno al euskera y su aplicación, y chapuzas administrativas poco explicables jalonan la actuación del departamento. Menos mal que la lista única, verdadero torpedo en la línea de flotación del sistema, se consiguió frenarla a tiempo. Con un agravante de libro: un gobierno que se declara partidario de la enseñanza pública y alardea de ello está consiguiendo que el porcentaje de la enseñanza concertada, sea en castellano o en euskera, aumente significativamente año a año. Y eso que en el cuatripartito están presentes I-E y Podemos, defensores a ultranza de la misma.

– Optar por educar a las personas y no solo por educar en competencias, destrezas o habilidades. Soy de los que piensan, y acabo de leer un clarificador artículo de José Antonio Marina al respecto, que la escuela no tiene solo que instruir, sino que educar. Esto tal vez nos impida sobresalir en el PISA, pero nos garantizaría a medio plazo una sociedad en la que debemos conocer para comprender, y debemos comprender para tomar buenas decisiones y actuar. Como el propio Marina señala en su artículo citando a Gracián, “de nada vale que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda”.

Suerte a los padres y madres, no se agobien en exceso, más importante que el centro que elijan para su hijo o hija es su compromiso de acompañarles en todo el proceso educativo.

Diario de Navarra,1/2/2018

 

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