Examen de ingenios

Caballero

El bajonavarro Juan Huarte de San Juan editó en 1575 en Baeza, de donde era médico titular, una obra de gran éxito en su tiempo: Examen de ingenios para las ciencias. Precursora de ciencias varias, entre otras la psicología diferencial, se propuso con ella mejorar la sociedad, seleccionando la instrucción más adecuada a cada persona según sus aptitudes físicas e intelectuales derivadas de la constitución física y neurológica específicas de cada una. Así lo explica él mismo: “Considerando cuán corto y limitado es el ingenio del hombre para una cosa y no más, tuve siempre entendido que ninguno podía saber dos artes con perfección sin que en la una faltase y, porque no errase en elegir la que es natural estaba mejor, había de haber diputados en la República, hombres de gran prudencia y saber, que en la tierna edad descubriesen a cada uno su ingenio, haciéndole estudiar por fuerza la ciencia que le convenía y no dejarlo a su elección, de lo cual resultaría en vuestros estados y señoríos haber los mayores artífices del mundo, no más de por juntar el arte con la naturaleza”. Dado lo avanzado de algunas teorías, la obra tuvo problemas con la Inquisición que obligó a expurgarla para poder seguir editándose en España y Portugal.

Casi cuatrocientos cincuenta años después, José Manuel Caballero Bonald acaba de reunir “un centón de retratos de escritores y artistas hispánicos que me han atraído por alguna razón y a los que he tratado de manera asidua o eventual”. El hecho de que el título de este libro copie el del muy divulgado tratado de Huarte de San Juan no tiene otro sentido que el de una oportuna coincidencia onomástica, señala el autor, que deja claro desde el principio que “la perspectiva de las semblanzas no pretende ser lisonjera, tampoco desapacible, o sólo a cuenta de alguna sobrevenida mordacidad. Siguiendo un poco la tónica de otros ejemplos afines, me ha tentado la idea de retratar a los escritores y artistas elegidos valiéndome de unas pinceladas de índole retórica, pensando sobre todo en que se trataba de unos textos de muy preciso acomodo en los márgenes de la literatura. O sea, que aparte de soslayar la definición de semblanza en sentido estricto, mi propósito nunca dejó de estar regulado por mis particulares nociones sobre el arte de escribir. Lo cual tampoco ha desplazado del texto propiamente dicho alguna que otra disquisición relativa al carácter de la obra del autor correspondiente”.

El resultado es un libro brillante, chispeante e instructivo del que me gustaría subrayar algunas características.

La primera, y tal vez más importante, es la propia calidad de la escritura. Las semblanzas son una excusa perfecta para componer verdaderos retratos con la técnica de la pincelada suelta que, en unas pocas páginas, utilizando la anécdota, el ingenio y la buen pluma permitan al lector acercarse al personaje en cuestión.

Pese a la larga vida del autor, ya superados los 90 años, sorprende la nómina de los retratados, ya que aquí están buena parte de los literatos más representativos del siglo XX, vinculados a los grupos generacionales de 1898, 1914, 1927, 1936 y 1950, además de pintores, músicos y cantantes.

Tal como nos anunciaba en su prólogo, las pinceladas no son lisonjeras, tampoco desapacibles, aunque abunden las mordacidades revestidas de buen decir. Es obvio que al nonagenario Caballero Bonald no le preocupa gran cosa la respuesta de los autores, casi todos ellos ya fallecidos, pero sin duda que el libro no pasa por alto rasgos, hechos y dichos que subrayan el carácter de muchos de los artistas, propensos a excesos y ruindades como el común de los mortales.

El autor, hombre desprejuiciado, cae sin embargo en algunos de los tópicos que pretende combatir. ¿Por qué tanto interés en subrayar la homosexualidad de no pocos de los autores, como si esto fuera necesariamente un rasgo esencial para su producción literaria?

El libro supone también un particular selección de obras de la literatura del siglo XX. Él, que conoce muy bien la obra de casi todos ellos, no duda es subrayar los libros que le parecen esenciales de cada uno y aquellos que han resistido especialmente bien o mal al paso del tiempo, lo cual tiene su interés.

No son pocas las ideas y frases ingeniosas que aparecen diseminadas por el texto. Subrayo algunas.

Finaliza así su semblanza de Bergamín: “Acaso le correspondía esa muerte, si es que la muerte puede corresponderse con alguien, incluso con alguien que consideraba que morir no es perder la vida, sino perder el tiempo”.

De José Antonio Muñoz Rojas señala: “Daba la impresión de que se parapetaba detrás de quien era realmente para sustituir al que no era. Nadie sabe las palabras que caben en un silencio, pronosticó en algún poema”.

A mi juicio, se trata de un texto de gran interés, oportuno para disfrutar a pequeños sorbos, con la ventaja de no tener que seguir ningún itinerario cronológico.

Ficha bibliográfica: CABALLERO BONALD, J.M., Examen de ingenios, Seix Barral, Barcelona, 2017.

 

 

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