Adiós a Manolo

En la tarde del día 21 de diciembre, de forma repentina, nos dejó Manolo, uno de mis mejores amigos de la cuadrilla de Los Arcos. Con él son tres los amigos a los que he despedido en el año que acaba de terminar. Por iniciativa de algunos amigos, tomé la palabra en el funeral celebrado en Los Arcos el pasado 29 de diciembre para despedirlo y decirle adiós en nombre de todos ellos.

Querido Manolo:

Cuando el pasado 21 de diciembre los amigos de tu cuadrilla fuimos recibiendo a lo largo de la tarde-noche la noticia de tu fallecimiento repentino, nos quedamos literalmente sin habla. Apenas pudimos verbalizar unas frases en el whatsapp ante la sorpresa de tu partida. Prácticamente todos fuimos convocados, una vez más, por tí y te acompañamos a tí y a los tuyos, que son también nuestros, en el tanatorio y en el funeral celebrado en Tudela: Pili, tu mujer; Manuel y Eva, tus hijos; Carmen, tu madre; Mari Carmen y Joaquín, tus hermanos y el resto de la familia.

Pero teníamos claro que donde de verdad queríamos despedirte era en Los Arcos, rodeado de todos los tuyos y en una iglesia que tú has frecuentado; ante una imagen, Santa María de Los Arcos, a la que tú has rezado; y junto a otra, la de San Roque, a la que has sacado en procesión durante muchos años.

Lo que queremos decirte se resume en una palabra: gracias. Fuiste una buena persona, un buen hijo, un buen marido y un buen padre. Y para todos nosotros, un muy buen amigo.

No soy yo el que debería estar aquí, sino alguno o alguna de los componentes iniciales de una cuadrilla singular por muchos motivos. Al núcleo inicial nos fuimos incorporando otros sin oír jamás un reproche ni una mala cara. Todos vivimos fuera, pero eso no impedía que al llegar las fiestas nos reuniéramos en el cuartillo que tú nos proporcionabas y pasáramos ratos inolvidables. Allí vivimos los noviazgos respectivos. Algunos, como el tuyo, lleno de kilómetros difíciles entre Sansol y Oviedo casi todos los fines de semana para estar con Pili. Allí conocimos las fechas de las bodas y los nacimientos de nuestros hijos, que pronto llenaron, primero pegados a nosotros y luego en visita fugaz para dar un beso y recibir la paga, los bancos del cuartillo. Allí vimos crecer a Manuel y Eva, hasta que volaron solos. Y, apenas sin darnos cuenta, en la última década hemos ido celebrando las respectivas bodas de plata, a la espera de conocer a los nietos que poco a poco van llegando.

En esta cuadrilla, en la que el respeto siempre ha estado presente, tú jugaste un papel de primer orden. Siempre activo, dispuesto y servicial. Afortunadamente, los años transcurridos no la han mermado, sino que el deseo de estar juntos ha aumentado y ya nos juntamos no solamente en fiestas, sino en otras fechas.

Permítenos, Manolo, una cosa más. No le va a ser fácil a Pili olvidarte, vosotros que estabais tan unidos y formabais una pareja tan bien avenida. Sabemos que tu deseo es que ella permanezca con nosotros, participe de nuestras reuniones y disfrute de nuestras alegrías. Por nosotros no quedará. Y que sepas que en ella veremos siempre al amigo que la acompañó, la amó y la hizo feliz.

No eres el único que nos ha dejado, pero sí el último. Por eso recordamos también a Javier, Chus, Ana, Ramón, Amparo y Miguel Ángel, que también compartieron en algún momento mesa con nosotros.

Te deseamos que descanses en la paz del Señor. Hasta siempre, Manolo.

 

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