Celebrar y conocer Navarra

Villafranca

Vista del casco antiguo de Villafranca

He llegado a la edad de la jubilación, a Dios gracias, con buena salud, curiosidad creciente y ganas de hacer cosas. Y un interés por Navarra, mi tierra, que ahora que dispongo de más tiempo intento conocer, disfrutar y compartir. Pero, afortunadamente, esta visión optimista es ampliamente generalizada en buena parte de mi propio segmento, los jubilados, a los que me encuentro mayoritariamente presentes en las actividades a las que asisto: cursos, conferencias, cine, conciertos y viajes, por enumerar algunas. De ahí que no me haya resultado difícil vincular mis intereses a los del grupo, bien sea como profesor o como alumno. He de reconocer, además, que como alumnos son mucho más fáciles y gratificantes que los adolescentes, ya que la disciplina la tienen interiorizada y la atención está garantizada. Exige, eso sí, tablas y un cierto dominio de la materia, porque con los adultos cualquier pregunta es posible y no sirve cualquier respuesta. En mi condición de profesor, durante todo el año 2017 he impartido por primera vez un Curso de Arte Navarro, en el que hemos recorrido las principales manifestaciones artísticas de nuestra Comunidad desde la prehistoria hasta nuestros días, con especial atención a nuestros cuatro grandes momentos: románico, gótico, renacimiento y barroco. El grupo, heterogéneo y variopinto, lo componen cincuenta alumnos procedentes de 15 localidades de la merindad de Estella, que nos reunimos semanalmente en la casa de cultura de Los Arcos. Vernos cada miércoles, fieles y puntuales a la cita, dispuestos a estudiar y conocer nuestro patrimonio en el que se incluye el de sus respectivas localidades, es para ellos una satisfacción y para mí un acicate. Pero no acaba ahí nuestra actividad. Tras el estudio de cada etapa, programamos una salida para conocer in situ algunos hitos fundamentales de nuestra historia artística. Tras la prehistoria y la romanización, visitamos Las Eretas de Berbinzana, la ciudad de Andelo y la villa de Arellano; el románico nos llevó hasta la merindad de Sangüesa, para ver Leire y Sangüesa; Pamplona, Artajona y Olite nos permitieron acercarnos a lo más selecto del gótico entre nosotros; el renacimiento lo apreciamos en la merindad de Estella, con paradas en El Busto, Viana, Lapoblación, Genevilla y Los Arcos; y esta semana disfrutamos del buen barroco de la merindad de Tudela, con citas en Villafranca, Corella y Tudela. Nos restan por visitar los palacios y casas señoriales del Baztán y los tres museos abiertos recientemente y vinculados al arte contemporáneo: Oteiza, Huarte y Universidad de Navarra.

Esta misma semana hemos celebrado dos fechas que me gustaría glosar juntas: el día de Navarra -3 de diciembre- y el día del voluntariado -5 de diciembre- , utilizando para ello el ejemplo de la visita a la Ribera -2 de diciembre- . En un día especialmente gélido, con muchas dificultades para llegar a Los Arcos desde las localidades vecinas, iniciamos la visita en Villafranca. Llamaré por su nombre a personas que no conocía y que nos hicieron el día especialmente cálido. José Mari, párroco de Villafranca, nos esperaba en la puerta de su convento de carmelitas. Con la calefacción puesta, realizamos la visita a la monumental y espléndida iglesia de Santa Eufemia en las mejores condiciones posibles. Frente a tantas iglesias cerradas y frías, José Mari fue un ejemplo de acogida, amabilidad y servicio. De allí a Corella, donde ocho ciudadanos voluntarios se encargan de mostrar a todo el que lo desee las bellezas de la ciudad barroca navarra por excelencia. Joaquín y José, nos acompañaron en la visita al Museo Arrese y a la iglesia de San Miguel. Donde no llegan las instituciones, allí están ellos, atentos e instruidos, sin aceptar ni una propina, solo al servicio del arte y de su pueblo al que aman apasionadamente. Y de allí a Tudela. También aquí, primero Maite, la responsable del ayuntamiento, y después Maria Ángeles, religiosa de la Compañía de María, nos dieron toda clase de facilidades. Con la última visitamos la iglesia de la Enseñanza, una exquisitez barroca lamentablemente poco conocida.

Sin duda, hay muchas maneras de celebrar el Día de Navarra, pero encuentro pocas tan satisfactorias como conocer el patrimonio artístico heredado de nuestros mayores y comprobar cómo más de 30.000 navarros ayudan a los demás en los ámbitos más variados, uno de los cuales es el cuidado y conservación de este patrimonio. De ello dan fe algunos de los miembros del curso, también ellos voluntarios para que los peregrinos a Santiago puedan admirar la iglesia de Los Arcos. Entre todos hacemos posible la Navarra actual, una sociedad urbana de corazón rural, solidaria y abierta al futuro. Todavía quedan algunos días en el puente para conocerla y disfrutarla. Anímense, tenemos mucho y bueno y está a la vuelta de la esquina.

Diario de Navarra, 7/12/2017

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