Berta Isla

Bertra

Javier Marías es un escritor que no deja a nadie indiferente. Su prosa rica, premiosa y envolvente tiene lectores ávidos y personas a las que les resulta difícil digerirla. Yo, que en otras épocas me situaba entre los segundos, progresivamente voy pasando al bando de los primeros. Pero sé que tengo que tener paciencia. Pasarán páginas y páginas y parecerá que no ha sucedido nada, pero al igual que en nuestra vida, los detalles condicionarán el relato y la existencia.

Berta Isla y Tomás Nevinson se conocieron en Madrid. Tomás, medio español medio inglés, es un superdotado para las lenguas y los acentos, y eso hace que durante sus estudios en Oxford, ciudad y ambiente que Marías conoce y refleja muy bien, los servicios secretos aprovechen un desliz sexual del protagonista y el supuesto asesinato de su amante ocasional para introducirlo en los servicios secretos británicos. A partir de ahí, Berta Isla tendrá una convivencia intermitente y, lo que es más inusual, una desaparición del marido que durará años.

Esa anodina espera, que la novela consigue que sea apasionante, es el núcleo de la novela. Y ello le da pie al autor para desgranar reflexiones sobre la fragilidad de las relaciones humanas donde el para siempre resulta una quimera inalcanzable, la necesidad de fingir lo que no es, las anécdotas diarias de una vida en espera, sin saber si aquel que es el marido volverá o habrá desaparecido para siempre. Un marido, además, que a la vuelta de su peculiar exilio, reflexionará en estos términos. “Lo que pensé y me he repetido con frecuencia es lo siguiente: Lo que ahora sea será siempre. Seré quien no soy, seré ficticio, seré un espectro que va y viene y se aleja y vuelve. Y sucederé, seré mar y nieve y viento”.

Marías aprovecha también las entrelíneas de la novela para dejarnos su visión de la vida y del tiempo presente, que no es muy distinto del que expresa todas las semanas en su columna del País Semanal. “Tengo la impresión -decía hace algunos sábados- que vivimos en un tiempo estúpido e infantilizado”. Y al presentarnos al Tomás Nevinson que acaba de regresar de Oxford con su Bachelor of Arts en el bolsillo señala: “Entonces todo iba más rápido y más adelantado que ahora, en contra de lo que se cree, y los jóvenes se sentían adultos desde muy pronto, se sentías listos para acometer tareas, ejercitarse sobre la marcha y encaramarse a los lomos del mundo. No había motivo para esperar ni remolonear, y tratar de prolongar la adolescencia y la niñez, con sus plácidas indefiniciones, parecía propio de pusilánimes y medrosos, de los que la tierra está hoy tan llena que ya nadie los ve como tales. Son la norma, una humanidad sobreprotegida y haragana, surgida en un plazo brevísimo después de siglos de lo contrario: actividad, inquietud, intrepidez e impaciencia”.

A la hora de elegir país para trabajar, la razón domina sobre la pertenencia: “la vida de cualquiera, le dice su mentor en Oxford, está por doquier; está donde va; está donde cae”. Buena reflexión frente a los nacionalistas doctrinarios, convencidos de haber nacido en un lugar predestinado.

La supuesta muerte de Tomás en la guerra de las Malvinas, le permite reflexionar al autor sobre el papel del pueblo en la nueva política. “El pueblo, que a menudo es vil y cobarde e insensato, nunca se atreven los políticos a criticarlo, nunca lo riñen ni le afean su conducta, sino que invariablemente lo ensalzan, cuando poco suele tener de ensalzable, el de ningún sitio, Es sólo que se ha erigido en intocable y hace las veces de los antiguos monarcas despóticos y absolutistas. Como ellos, posee la prerrogativa de la veleidad impune, no responde de lo que vota ni de a quién elige, de lo que apoya, de lo que calla y otorga o impone y aclama”.

El paso del tiempo, inexorable, lo refleja muy bien en esta ácida reflexión: “Retornar a Inglaterra no era para él una opción: la nación tendría que haberse parado o tendría que haberse parado su edad, y esas dos cosas jamás se detienen, en ningún tiempo ni en ningún lugar. Los países los usurpan quienes van naciendo sin querer, a nosotros nos usurpan los adultos o los viejos en que nos convertimos sin querer”.

Esto y mucho más es lo que ofrece la nueva novela de Marías: una buena historia, muy buena literatura y densidad en fondo y forma. Si te atreves, paciencia, no es cuestión de un fin de semana.

Ficha bibliográfica: MARÍAS, J., Berta Isla, Alfaguara, Barcelona, 2017.

 

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