Ciudades que fueron del Reino (V) San Sebastián

Villa mercantil, plaza fuerte y ciudad turística

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Vista de la bahía de la Concha. A la derecha, en el Antiguo,  se situaba el monasterio dedicado a San Sebastián; a la izquierda, bajo el monte Urgull, la ciudad nueva.

San Sebastián/Donostia es una ciudad situada en la costa del golfo de Vizcaya, a 20 kilómetros de la frontera con Francia. Es capital de la provincia de Guipúzcoa y forma parte de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Situada a nivel del mar, su población en 2017 alcanza los 181.788 habitantes y su área metropolitana en torno a 450.000. Sus principales actividades económicas son el comercio y el turismo.

En la órbita del reino de Pamplona

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De nuevo la bahía de la Concha con la ciudad nueva en frente, vista desde Igueldo

Los orígenes de San Sebastián resultan especialmente confusos. Los silencios son largos, los documentos escasos y, por si no fuera suficiente, algunos textos iniciales están falsificados. Durante los siglos V, VI y VII, el territorio de Pamplona coincide en buena medida con el territorio histórico de los vascones, prolongado hasta el Cantábrico. Esta situación cambia en el siglo VIII. En la primera mitad, los musulmanes sustituyen a los visigodos en el dominio de Pamplona y se suceden durante toda la centuria alternancias, sublevaciones y una gran inestabilidad. Mientras tanto, al norte, en la zona de Aquitania, se consolida un ducado primero autónomo y posteriormente controlado por los francos, que intentó controlar el territorio pamplonés durante los reinados de Carlomagno (778) y de su hijo Ludovico Pío (824). A fines del siglo IX, Velate parece ser la divisoria entre los dos territorios.

El acceso al trono de Sancho Garcés I (905-925) supone la creación efectiva de la monarquía pamplonesa. En las décadas siguientes a su muerte, se inicia una lenta repoblación de las tierras del Baztán-Bidasoa desde el reino de Pamplona que, con intensidad y modelos diferentes, incorpora al territorio casi toda la cornisa cantábrica de la actual Guipúzcoa.

Es muy probable que desde el siglo XI, un monasterio dedicado a San Sebastián se encontrara ubicado en el término del actual barrio donostiarra del Antiguo. Una iglesia rural de patronato laico, el monasterio al que refieren los textos del siglo XII, sería el polo de referencia inicial de la repoblación y transformación de los entornos de la bahía. Los alrededores se dedicarían a una explotación económica diversificada, con presencia cualitativa de la agricultura y arboricultura, y de una actividad pesquera de recolección. El primer documento auténtico referido a la existencia de San Sebastián data de 1096. En la bula pontificia de Urbano II que delimita la diócesis de Pamplona se señala el límite más occidental de ésta en “Sanctum Sebastianum in ripa maris”, en San Sebastián a la orilla del mar. Apenas cinco años después, en 1101, Pedro I de Aragón y Pamplona confirma la donación de la iglesia de San Sebastián y su villa realizada a favor del monasterio de San Salvador de Leire por el rey Sancho, antepasado suyo. En este siglo XI, se ha ampliado el espacio, la población ha crecido y se han transformado los modos de vida de la población de los valles fluviales y el litoral.

El siglo XII conoce un mayor número de referencias documentales, que reiteran la posición de San Sebastián. Además de señalar su ubicación junto al Cantábrico, “en el litoral del mar”, señala la bula de Alejandro III de 1174, las donaciones reales amplían claramente el territorio. Hacia 1178 con Sancho VI el Sabio las donaciones dibujan un territorio que se extiende entre el Bidasoa, el Oria, Arano y la bocana de Pasajes, emergiendo así el término que se otorgará a la nueva puebla de San Sebastián.

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La calle 31 de agosto, hoy eminentemente gastronómica, une las dos iglesias del casco antiguo

Sancho VI el Sabio otorgó el privilegio de fundación de la villa “a todos los hombres, tanto mayores como menores, presentes y futuros, que tienen poblado y en adelante han de poblar San Sebastián”. El texto que nos ha transmitido este fuero de fundación no lleva fecha, pero la mayor parte de los historiadores dan por buena 1180, propuesta por el gran medievalista estellés, José María Lacarra.

En el preámbulo del fuero queda anotada la existencia de un poblado previa a la concesión que, lógicamente, se situaría en el mismo lugar en que se ubicará y desarrollará el centro urbano: al abrigo del monte Urgull, entre la bahía y la desembocadura del Urumea, el lugar más propicio del entorno donostiarra a los intereses defensivos y económicos que mueven al monarca navarro. La preexistencia de la puebla queda confirmada también en un documento de 1178 en el que el obispo de Pamplona y el abad de Leire acuerdan sus derechos en diversas iglesias, entre las que se nombran a Santa María y San Vicente.

Aunque en las anteriores entregas hemos hablado de los respectivos fueros de las villas y ciudades estudiadas, conviene detenerse someramente en el de San Sebastián. Lacarra, Martín Duque y Orella han puesto de manifiesto la doble composición de la carta: el estatuto de franqueza y libertad deriva del concedido a Estella en 1090. El resto del articulado es original en el fuero de San Sebastián y constituye un código de derecho marítimo que servirá para fomentar la repoblación del litoral guipuzcoano. Los cuarenta artículos del fuero abarcan contenidos muy diversos: concesión de bienes de realengo, concesión del estatuto jurídico de franqueza y libertad de los pobladores, privilegios fiscales, derecho civil privado, derecho civil público y administrativo, derecho procesal, derecho penal y derecho marítimo. Como se ve, un instrumento legal que garantiza la autonomía de la puebla, sin dependencias personales, jurídicas o económicas de signo señorial.

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Vista de la calle mayor del casco antiguo, con la basílica de Nuestra Señora del Coro al fondo

Pocos años duró la tranquilidad en la nueva villa. En 1198, Castilla y Aragón, una vez más, decidieron en el tratado de Calatayud atacar Navarra conjuntamente y repartirse el reino. La ofensiva se inició, el rey navarro consiguió que Aragón no siguiera adelante, pero no pudo impedir que Alfonso VIII atacara Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado. En enero de 1200 cae Vitoria y el reino de Navarra pierde el conjunto de los territorios. En 1199, dominaba la villa un castillo del que era tenente aún del rey navarro Johane de Bidauri. Pero al año siguiente, Alfonso VIII adquirió “la tierra que se llama Ipuscaia, con San Sebastián en el extremo”, según señalan las crónicas de los reyes castellanos.

Aunque los intentos de que la ciudad volviera a obediencia navarra se sucedieron a lo largo de la Edad Media, ninguno fructificó. En 1234, se planteó la devolución de Álava y Guipúzcoa en el proceso de la negociación del matrimonio entre la heredera navarra Blanca y el heredero castellano Alfonso. En 1256, Teobaldo II se hizo vasallo del rey de Castilla Alfonso X a cambio de recibir de por vida las plazas de San Sebastián y Fuenterrabía. Pero ni el homenaje fue efectivo, ni ser produjo la entrega de las plazas. Los choques e incursiones promovidas por ambos bandos fueron frecuentes en la primera mitad del siglo XIV. La derrota de los navarros en Beotívar (1321) es un ejemplo de estos problemas fronterizos. La llegada al trono de Carlos II volvió a agitar las aguas del conflicto. En sucesivas ocasiones, en el marco de la guerra civil entre Pedro I y Enrique II, el rey navarro intentó la devolución de los territorios de Álava y Guipúzcoa, pero ninguno de los varios intentos habidos fructificó.

Evolución de la ciudad

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Su designación como capital de Guipúzcoa y su carácter de ciudad de veraneo real impulsaron su desarrollo urbanístico. Vista del casino, hoy ayuntamiento de la ciudad.

En 1202, al igual que había sucedido en Vitoria, Alfonso VIII confirma a la villa de San Sebastián el fuero otorgado por Sancho VI de Navarra y, como él, harán los sucesivos monarcas castellanos. Aunque no conocemos los episodios concretos del trasvase de soberanía a favor del rey de Castilla, el hecho supuso a medio plazo el fortalecimiento del carácter defensivo de San Sebastián. Éste tendría su primera manifestación en la muralla que, como elemento esencial de toda villa medieval, protege al núcleo. En el fuero no se cita su existencia, pero en 1311 Fernando IV concede 3.000 maravedíes anuales a cobrar del diezmo recaudado en el puerto de la villa para reparar la muralla batida por el mar y ya en tiempos de los Reyes Católicos, en 1477, San Sebastián podrá imponer sisa sobre determinadas mercancías para hacer alrededor de ella baluartes y cercas con sus almenas.

El desarrollo de la villa es evidente en su desarrollo portuario, organizativo y material. Fuerzas navales toman parte en la reconquista de Sevilla, el cerco de Algeciras o el encuentro de La Rochela, compensados por la corona con importantes privilegios. Poco a poco, su extenso territorio se va desgajando. Fuenterrabía, Oyarzun, Rentería y Orio reciben el fuero de San Sebastián. Pero esta reducción del término discurre paralela al fortalecimiento de la entidad urbana. El puerto constituye la salida al mar de Navarra y tiene categoría internacional, lo que exige obras, lonja y hermandades. Dado que la madera era el el material de construcción, los incendios han sido una constante en la historia de la ciudad. El de 1489 fue especialmente pavoroso, reduciéndose a cenizas prácticamente la población, lo que provocó su reconstrucción en piedra en las décadas siguientes.

La época moderna cambiará la forma de vida y la estructura de la ciudad. San Sebastián pasará de ser una villa mercantil a ser plaza militar, debido a su situación estratégica. Pasajes será la base naval de la Escuadra Cantábrica hasta el siglo XIX, encargada de combatir contra las escuadras francesa, holandesa y británica. Esto provocó que la villa sufriera numerosos sitios y que la economía se deteriorara seriamente, motivada por los gastos de las fortificaciones, el mantenimiento de la guarnición y la continua caída del comercio marítimo. Además de los títulos de Noble y Leal, Felipe IV le concedió el título de ciudad en 1662.

La ciudad fue ocupada en dos ocasiones por las tropas francesas. En 1719, en el marco de la Guerra de Sucesión y en 1808, durante la Guerra de la Independencia. En 1813 fue sitiada por el ejército español y sus aliados. El saqueo causó un gran incendio del que solo se salvaron treinta y cinco casas, las iglesias de Santa María y San Vicente y los conventos de San Telmo y Santa Teresa.

El siglo XIX conoció el proceso de expansión de la ciudad, con la creación del ensanche. En 1854, San Sebastián es declarada capital de la provincia de Guipúzcoa y en 1863, tras un intenso debate, se derriban las murallas que limitaban el crecimiento de la ciudad. San Sebastián dota al ensanche de los elementos característicos de una ciudad moderna y de los edificios administrativos que exige la nueva capitalidad.

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Catedral del Buen Pastor, levantada en el imperante neogótico.

Pero una nueva función, que la definirá en el futuro, se abre paso a finales de siglo. La reina María Cristina se enamora de la ciudad y veranea en ella de forma ininterrumpida entre 1892 y 1928. La ciudad se convierte en residencia real estival y lugar de veraneo de la aristocracia y la burguesía. Buena parte de los edificios más representativos de la ciudad, comenzando por la catedral del Buen Pastor, se levantan en estos años.

El siglo XX conoció la Belle Époque, el Pacto de San Sebastián (1930), la II República, la dictadura franquista con la presencia de Franco en agosto en el palacio de Ayete, la Quincena Musical Donostiarra (1939), la creación de la diócesis de San Sebastián por el papa Pío XII (1949) y el nacimiento del Festival Internacional de Cine (1953), entre otros eventos. La ciudad que comenzó el siglo con 37.000 habitantes, lo acabó con 180.000.

El siglo XXI, tras el cese de terrorismo de ETA, ha devuelto a San Sebastián el carácter cimero de ciudad turística, cultural y sostenible. La fallida capital cultural europea 2016 no ha impedido que su despegue continúe y San Sebastián sea hoy una ventana abierta al mundo.

Patrimonio monumental y artístico

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El puente de María Cristina y el Kursaal de Moneo conviven armoniosamente.

La oficina de turismo de San Sebastián se encuentra ubicada en pleno centro, Boulevard, 8. Es uno de los espacios más concurridos de la ciudad, pero la información es amable y profesional. Allí les ofrecerán dos folletos de interés. Un mapa-guía muy elemental y práctico, que contiene referencias de monumentos, museos, parques, ocio e información práctica; y una guía de la ciudad “Donostia/San Sebastián” que cuesta 1 euro y es muy recomendable. La edición 2017-2018 consta de 112 páginas muy manejables, que abarcan los siguientes contenidos: la ciudad, qué hacer, alrededores, dormir, encuentros e incentivos como ciudad de negocios, y una completa información práctica. En la oficina encontrará disponibles también todo tipo de folletos de carácter más específico.

Boulevard, 8

Tf. 943 481166

sansebastianturismo@donostia.eus

www.sansebastianturismo.com

Justo al lado de la oficina de turismo de San Sebastián se encuentra la oficina de turismo de la Diputación Foral de Guipúzcoa. Sin los agobios de la anterior, allí le ofrecerán también amplia información sobre la provincia. Destaca un folleto titulado “Explore San Sebastián región”, que en sus 97 páginas recoge un compendio de propuestas: Donostia/San Sebastián, la costa, el interior, qué hacer e información práctica.

Boulevard, 6

Tf. 943 415151

www.sansebastianregion.com

El Gobierno Vasco dispone también de una excelente colección de material turístico. Destacan un folleto general “Euskadi”, y una serie de folletos temáticos sobre gastronomía, costa vasca y escapadas urbanas, entre otros.

www.euskaditurismo.eus

San Sebastián no es una ciudad donde lo monumental y artístico sea el elemento dominante, pero no le faltan alicientes ni edificios de interés. Una visita a la ciudad debería de incluir ejemplos del arte religioso y del patrimonio civil, además de alguno de los museos. Pero el paseo, las vistas de la bahía y las delicias gastronómicas forman parte también de este patrimonio.

Para saber más

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Pocas imágenes tan típicas de la ciudad como las barras de pinchos de los bares del casco antiguo

FORTÚN, L.J., y FLORISTÁN, A., Navarra, los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008. Es, al igual que en el resto de las entregas, el libro de referencia para estudiar la evolución de las fronteras del reino,

GÓMEZ PIÑEIRO J. y SÁEZ GARCÍA, J.A. (coordinadores), Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013. El texto es una síntesis actualizada de los conocimientos sobre la ciudad, donde se abordan la geografía física, la historia, la geografía humana, el patrimonio cultural y una extensa bibliografía.

LEMA PUEYO, J.A., “Los orígenes medievales de San Sebastián: la época anterior al fuero de Sancho el Sabio”, en Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013.

MARTIN DUQUE, A.J., “El Fuero de San Sebastián. Tradición manuscrita y edición crítica”, en El fuero de San Sebastián y su época, Sociedad de Estudios Vascos, 1982, págs. 3-25. El trabajo es, en palabras de Orella, otro de sus estudiosos, “desde ahora lugar de referencia para todo estudio subsiguiente del fuero”.

MUÑOZ GABILONDO, P., Donostia/San Sebastián, 2015. Es una guía muy manejable, con un texto en cuatro idiomas y una excelente colección de fotografías.

ORELLA UNZUÉ, J.L., “El fuero de San Sebastián y su entorno histórico”, en Geografía e Historia de Donostia/San Sebastián, San Sebastián, 2013. Se trata de un documentado estudio que, además del fuero, analiza el antes y el después de la creación de la villa por Sancho el Sabio.

OTXOTORENA, J.A. e IMAZ, A., Donostia/San Sebastián, Alai, San Sebastián, 2015. Se trata de una guía eminentemente gráfica de la ciudad.

UNSAIN, J.M. y OTROS, San Sebastián, un viaje a través de su historia, Donostia/San Sebastián, Nerea, 2016.

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