Universidad y opinión pública

Opinión

Cuando me disponía a redactar estas líneas, me ha venido a la memoria la célebre frase de “¿Pensamiento Navarro? El mismo título es una contradicción”. Para verificar el nombre de su autor, que he visto indistintamente atribuir a Unamuno y Baroja, he ido a google y me ratifica que el autor es don Miguel de Unamuno, bilbaíno y uno de nuestros grandes escritores e intelectuales del siglo XX. Es, sin duda, una calificación injusta, y mucho más si la referimos no al periódico carlista, sino al conjunto de los ciudadanos navarros de ésa o de cualquier otra época. Pero como muchas de las grandes frases, encierra un punto de verdad, ya que la capacidad de reflexión no ha sido precisamente una característica de nuestro devenir histórico, guiado más bien por el ardor y la pasión que nos han enzarzado en múltiples contiendas y nos han permitido llegar hasta la actualidad conservando una singularidad muy definida en el conjunto de los pueblos de España, que es nuestra condición foral.

Tierra marcada por el predominio de la ideología conservadora, a la que se unió un clericalismo dominante, cuantitativa y cualitativamente hablando, el Siglo de las Luces y el liberalismo del XIX no consiguieron hacerla brillar en el campo del pensamiento y de las letras, pese a algunos intentos individualizados en estos dos siglos. El siglo XX le reservó un importante papel en el desarrollo de la guerra civil, actuando los requetés de vanguardia del nuevo Estado que pretendió nacer, y dejando a la Iglesia y su nacionalcatolicismo el liderazgo en lo religioso, lo social y lo cultural.

Desde el siglo XIX fueron las élites educadas en el nuevo régimen liberal, con un extractivo y reducido sistema escolar que abarcaba los nuevos institutos de enseñanza media y las universidades, en especial las llamadas centrales, las que se encargaron de propiciar el debate y suscitar reflexiones de interés. Recordemos al respecto la labor de algunos ilustres catedráticos que formaron parte de la Generación del 98 o de la Institución Libre de Enseñanza. Apenas nada de esto se dio entre nosotros, ya que la institución universitaria propiamente dicha llegó en 1960, cuando nace, vinculada al Opus Dei, la Universidad de Navarra, hasta entonces Estudio General de Navarra y, sobre todo, en 1987, cuando el Parlamento de Navarra crea la Universidad Pública de Navarra, “entidad a la que se encomienda el servicio público de la educación superior en Navarra, mediante el ejercicio de la docencia, el estudio y la investigación”.

Parecía llegado, pues, el momento de que la Universidad ejerciera el liderazgo político, social y cultural que en teoría se le asignaba, teniendo presente además las especiales y favorables circunstancias que aquí se daban: cerca de 2.000 docentes de todo signo y condición, para una población que apenas superaba los 600.000 habitantes.

El balance, en mi opinión, no es especialmente positivo. El docente universitario tiende a refugiarse en su especialidad, en la que se encuentra cómodo y a buen recaudo, y acepta con dificultad la tarea de expresar públicamente opiniones que pueden ser contestadas, discutidas o incluso rechazadas. Ni en la época de la transición, ni en los duros años de plomo -cuando el terrorismo etarra hacía particularmente incómodo alzar la voz- ni en los debates sobre el futuro de Navarra del último decenio las universidades han tenido el papel relevante que podía esperarse de ellas. Aún a riesgo de ser injusto con algunos que se quedarán en el tintero, se pueden citar con los dedos de la mano los profesores de la Universidad de Navarra que participan en el debate público en este medio -el profesor Navas probablemente sea el más asiduo- y tampoco son muchos más los profesores de la Universidad Pública de Navarra que lo hacen -Luis Sarriés, Jesús María Osés, Juan María Sánchez Prieto y Francisco Javier Blázquez-. Por ello me parece particularmente relevante el artículo aparecido en el Diario de Navarra del día 1 de julio de 2017, firmado por cuatro catedráticos de la Universidad Pública de Navarra, Josetxo Beriáin, Humberto Bustince, Fernando de la Hucha y Jorge Nieto, titulado “El corredor ferroviario y la modernización en Navarra”. La opinión de los profesores en nítida: “Los planteamientos contrarios al TAV (…) son fácilmente refutables teórica y empíricamente y su endeblez muestra que en la oposición a este pilar fundamental de la riqueza de la región hay mucho más de temor atávico que de racionalidad colectiva (…) Introduzcamos todos los controles públicos necesarios, pero no detengamos el tren de la modernización”. Reputados profesores de ámbitos bien distintos nos dan una opinión fundada sobre un tema controvertido y de especial interés. Es una buena y cualitativa aportación al debate de nuestro futuro. Y un ejemplo de lo que la Universidad debería aportar en éste y en otros temas de alcance. Esperemos que cunda el ejemplo.

Diario de Navarra, 31/8/2017

 

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