Ciudades que fueron del Reino (II) Nájera

Nájera, sede y panteón real

Presentación geográfica, histórica y económica

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Entre la peña y el río, García el de Nájera fundó el monasterio de Santa María la Real. En la imagen, la silueta rotunda del ábside presenta buenos muros de sillería, con torreones cilíndricos de aspecto defensivo que sustituyen a los contrafuertes de ángulo y se comunican entre sí por un paso de ronda. A la derecha, el palacio abacial, hoy sede del Museo Najerillense.

La ciudad de Nájera encuentra situada en plena Rioja Alta, protegida de los vientos atlánticos por los cerros Castillo y Malpica. Situada a 484 metros de altitud, dista 26 km de Logroño. Su población actual supera los 8.500 habitantes. El río Najerilla divide la ciudad en dos barrios: en la margen izquierda, el Barrio de Adentro o casco antiguo, que es la zona básicamente histórica y turística; en la margen derecha, el Barrio de Afuera en el que encontraremos construcciones modernas y la zona industrial. Cuatro son los puentes que unen la ciudad: el más antiguo es el de San Juan de Ortega del siglo XII, a los que con el paso de los siglos se han unido tres más. Las principales vías de comunicación para llegar desde Logroño son la autovía A-12 “Autovía del Camino de Santiago” y la Carretera Nacional N-120.

El pasado histórico de la ciudad, cabeza del reino de Pamplona-Nájera en los siglos X y XI, su ubicación en pleno Camino de Santiago y la presencia de importantes monumentos histórico-artísticos, entre los que destaca el monasterio de Santa María la Real, fundado en 1052 por el rey pamplonés García Sánchez III el de Nájera y panteón real de varios monarcas de la dinastía, hacen de Nájera uno de los núcleos históricos de más interés y, en consecuencia, una de las ciudades riojanas de mayor atractivo turístico.

Nájera es el centro económico y comercial de una comarca natural, caracterizada por su buena agricultura, en la que destacan los cultivos de la vid, con presencia de numerosas bodegas de la denominación de origen Rioja, y los frutales, además de los cultivos cerealistas. Tiene también una importante industria en torno al mueble, que supone el 5% del PIB regional, con presencia de numerosos centros manufactureros reunidos en la Asociación El Mueble de Nájera.

Asiento de la monarquía pamplonesa

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La profusa decoración plateresca de las arquerías convive armoniosamente con la serena belleza del pozo, situado en medio del claustro. El conjunto es un ejemplo excepcional de la simbiosis de estilos en la España del primer tercio del siglo XVI. leyenda

Las hipótesis sobre la antigüedad y los orígenes de la ciudad son variadas. Es probable que existiera ya antes de la dominación musulmana, aunque su nombre parece de procedencia árabe (¿”ciudad entre peñas”?, ¿”nido de águilas”?) Tal vez, como consecuencia de las cabalgadas cántabroasturianas de Alfonso I a mediados del siglo VIII y la presión ovetense una centuria después, se produjo un reajuste del poblamiento de la comarca. Emergería entonces el núcleo najerense como entidad organizadora de la zona, al abrigo del talud rocoso por un lado y el río Najerilla por el otro. En esta época Najera formó parte del poder regional de los Banu Qasi, líderes de la zona hasta la derrota y muerte de Lope ibn Muhamad (907). Pocos años después, a primeros de junio de 918, las fuerzas combinadas de Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, acampaban junto a sus defensas, tomando la plaza el año 923.

A partir de entonces, Nájera quedó inscrita en la monarquía pamplonesa. Era el primer centro de vida realmente urbana del reino pirenaico. A su poso demográfico mozárabe, todavía vigoroso, y su activa minoría judía, se unieron nuevos elementos de la nobleza y del clero pamplonés. Se daban, por tanto, las condiciones adecuadas para albergar la sede episcopal del antiguo territorio calagurritano y configurar una segunda y más lucida ciudad regia pamplonesa. Tras la conquista de Calahorra (1045), sus prelados siguieron ostentando todavía el titulo de episcopus Naierensis o episcopus Calagurritanus et Naierensis. De todos modos, la sede najerense no llegó a arraigar.

El rey García Sánchez III de Pamplona, conocido en la historiografía como García el de Nájera, frecuentó habitualmente con su “curia” la ciudad, al igual que lo había hecho su padre Sancho III el Mayor. El hijo fundó en ella el monasterio de Santa María la Real (1052), exponente de la restauración eclesiástica del reino. La jurisdicción del obispo se extendía no sólo sobre la Rioja Alta, sino sobre el extremo suroriental de la actual Navarra, gran parte de las Vascongadas y de la vieja Castilla. De este modo el monarca pamplonés pretendía dejar claro que ningún territorio suyo estaba bajo la jurisdicción de un obispo castellano. El monasterio contaba con una comunidad de clérigos que llevaban vida en común y regular, y una hospedería para albergar a pobres y peregrinos, dada su condición de villa jacobea. La iglesia fue consagrada con gran pompa en 1056 y el propio rey García la eligió como panteón de la dinastía. En ella se conservan los restos del rey y otros treinta y cuatro miembros de su descendencia. Las reliquias de San Prudencio, los mártires Agrícola, Vidal y Vicente, y Santa Eugenia hablan de la importancia que el rey concedió a la creación del monasterio. El rey García fomentó además la población “de debajo de la peña”, en la llanura. Nájera, escala importante en el Camino de Santiago, era el único núcleo urbano del reino de Pamplona y contaba con un importante mercado. La población, constituida por francos, mozárabes y una importante minoría judía, estaba organizada en barrios y contaba con sus correspondientes autoridades locales.

La muerte de García el de Nájera en Atapuerca (1054) supuso una reducción de los territorios de la monarquía pamplonesa y la reanudación de la penetración castellana en La Rioja. Pero Nájera siguió formando parte todavía del reino pamplonés y fue el lugar de enterramiento del monarca fundador del monasterio. Su hijo Sancho IV continuó frecuentando la sede najerense, pero su desgraciada muerte en Peñalén el 4 de junio de 1076, asesinado tras una conjura de sus hermanos y algunos nobles, marcó un giro histórico decisivo para la región. El monarca castellano Alfonso VI se adueñó del llamado “reino de Nájera”. Desde ese momento la ciudad dejó de ser sede regia y posesión de los monarcas pamploneses, aunque esporádicamente siguieron reivindicando el territorio.

Territorio de Castilla

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Vista de detalle de una de las arquerías del claustro. La filigrana en piedra es la base del conjunto

Alfonso VI procuró desde el primer momento atraerse a la población, confirmando y ampliando en 1076 los fueros otorgados por Sancho III y García el de Nájera. Las franquicias del fuero explican precisamente el auge alcanzado por el núcleo urbano. Los judíos gozaban de su propio fuero, que más tarde se aplicó a los judíos de Tudela (1119), Su política de centralización religiosa, sus anhelos europeizadores y su enérgico respaldo a la reforma gregoriana impulsaron a Alfonso VI a ceder el monasterio de Nájera a la orden de Cluny (1079). Buscaba un punto de apoyo para la castellanización de La Rioja. Tras la recuperación de Logroño (1143), Alfonso VII instituyó para su hijo Sancho el “reino satélite de Nájera”, último eco de la notoriedad alcanzada por la ciudad en la época pamplonesa.

Sancho VI el Sabio, un rey del que hablaremos muchos en entregas sucesivas, entre octubre de 1162 y marzo de 1163, aprovechando la crítica situación de Castilla durante la minoría de Alfonso VIII, se apoderó de casi toda La Rioja, pero no pudo conquistar Nájera. Convertida en un centro secundario de la frontera oriental de Castilla, la ciudad solo vuelve a emerger muy esporádicamente en la historia peninsular. Fue escenario de la coronación de Fernando III (1217). En sus campos se enfrentaron los partidarios de Enrique II de Trastamara y Pedro I el Cruel (1367), y dentro de su recinto se entrevistaron en 1451 Carlos, príncipe de Viana, y su padre Juan II.

Durante la edad moderna y hasta la actualidad, Nájera ha seguido desempeñando modestas funciones de centro comarcal, pero con con el sello indeleble de su historia como centro político, eclesiástico, económico y cultural del primitivo reino de Pamplona durante más de un siglo.

Patrimonio monumental

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El carácter comercial y de servicios de la ciudad, unido a su carácter jacobeo, queda patente en esta fotografía. Un reencuentro que nos acerca a los usos y costumbres de la ciudad medieval.

Conviene comenzar la visita a la ciudad acercándose a las oficinas de turismo, bien situadas en cada uno de los dos barrios. Allí recibirán cumplida información con dos folletos sencillos, pero completos. El primero, titulado “Nájera y su comarca”, junto con el plano de la ciudad, señala las visitas imprescindibles. El segundo, titulado “Nájera, reino milenario”, detalla la historia, la arquitectura religiosa y civil, y la ciudad en la actualidad. En hoja aparte les entregarán una relación de horarios de visita a los principales monumentos.

Tf. de la oficina de turismo: 941 360041

najera@lariojaturismo.com

Santa María la Real

El edificio actual apenas conserva restos de la fábrica primitiva de los siglos XI y XII. Su configuración actual data de los siglos XV y XVI, a la que se añadieron otras dependencias en los siglos siguientes. Pero lo que sí queda en evidencia es su carácter monástico: un gran claustro es la pieza referencial del conjunto, en torno al cual se distribuyen racionalmente todas las dependencias conventuales: iglesia con sacristía, refectorio, sala capitular y portería, junto a otros añadidos de época barroca como el palacio abacial.

El grueso del magnífico templo conventual data de las décadas centrales del siglo XV, finalizándose a comienzos del siglo XVI. Su exterior presenta buenos muros de sillería, con torreones cilíndricos de aspecto defensivo que sustituyen a los contrafuertes de ángulo y se comunican entre sí por un paso de ronda. La fábrica, adosada al claustro, presenta planta de cruz latina con tres naves y cabecera plana, pudiendo apreciarse la evolución de pilares y bóvedas. Sobre los dos primeros tramos de la nave se eleva el coro, construido en 1535, que se abre en un arco escarzano en cuya clave se halla el escudo con las armas de Navarra-Evreux, blasón que se repite en otras partes del conjunto.

Destacan en su interior las imágenes medievales de la Virgen, una sillería del coro tardogótica de espectacular y fina filigrana, los sepulcros reales y un buen conjunto de retablos barrocos y rococós.

Otro de los elementos destacados del conjunto es el Claustro de los Caballeros, un extraordinario ejemplo de la arquitectura protorrenacentista en La Rioja, labrado entre 1516 y 1535. La profusa decoración plateresca se une al nuevo lenguaje ornamental del estilo “romano” a base de candelabros, medallones y grutescos. En los muros se alojan bajo arcosolios diferentes sepulcros de ilustres familias riojanas entre los que destaca el de don Diego López de Haro, señor de Vizcaya y fundador de Bilbao en 1300.

Otras visitas de interés

– Real Capilla y Parroquia de la Santa Cruz.

Se trata de una iglesia de planta de salón, de tres naves con tres tramos de igual altura, crucero y ábside, levantada en el primer tercio del siglo XVII, con añadidos posteriores. Destacan en su interior buenos ejemplos de imaginería y un conjunto de relicarios con los restos de San Prudencio de Armentia, patrono de la ciudad. Está declarada Monumento Nacional. – Convento de Santa Elena.

Habitado por una comunidad de clausura de monjas clarisas, se levantó a lo largo del siglo XVII.

Castillo de la Mota

Ocupa toda la cumbre del cerro de su nombre, dominando la vega baja del Najerilla. Es una fortificación de origen musulmán que fue conquistada en el 923 por Ordoño II y Sancho Garcés I. El castillo cumplió un importante papel político y militar hasta el siglo XVI. En él se alojaron Carlos V y Felipe II en varias de sus visitas a Nájera.

Alcázar

El alcázar se sitúa a media ladera, entre el castillo y el casco urbano. Además de defensa sirvió también como residencia real y palacio ducal, erigido por los duques de Nájera a mediados del siglo XVI. – Museo Arqueológico Najerillense.

El edificio que ocupa el museo formó parte del monasterio de Santa María la Real y estaba unido a él por un paso volado sobre la calle. Se construye en el siglo XVIII como palacio del abad del monasterio. Cárcel del partido y juzgado comarcal, el museo se abrió al público en 2001. Los fondos están integrados básicamente por colecciones de arqueología, etnografía y arte.

San Millán de la Cogolla dista 18 kilómetros de Nájera. Allí se encuentran el monasterio de San Millán de Suso (arriba) y el monasterio de San Millán de Yuso (abajo), ambos declarados  Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 1997.

Gastronomía, comercio y cultura

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La sobriedad arquitectónica y la belleza ornamental se dan la mano en la fachada del Hotel Duques de Nájera, ejemplo de la renovación hostelera experimentada por la ciudad, importante enclave del Camino de Santiago, en los últimos años.a leyenda

Nájera goza del carácter hospitalario y acogedor de sus gentes con los visitantes y peregrinos. “Peregrino en Nájera, ¡¡Najerino!!” es el eslogan que recibe a todos ellos a la entrada del municipio.

La cocina riojana, además de por sus extraordinarios vinos, se caracteriza por la gran calidad de sus productos típicos: las verduras, legumbres, embutidos y carnes de la zona.

La oferta comercial tiene personalidad propia con abundancia de negocios familiares. Los encontrará distribuidos en todo el casco urbano dándose la mayor concentración en la calle Mayor.

En verano, Nájera se convierte en la capital cultural de La Rioja, con el Festival Reino de Nájera (19 al 23 de julio), conciertos programados por la Orden de la Terraza, exposiciones y congresos científicos, como la Semana de Estudios Medievales (del 24 al 28 de julio).

El panteón real

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Las estatuas orantes del rey García y la reina Estefanía presiden el panteón real, remodelado según modelos manieristas en la segunda mitad del siglo XVI.

El panteón real se encuentra ubicado a los pies de la iglesia del monasterio de Santa María la Real. Desde el punto de vista artístico merece especial atención la cubierta del sarcófago de doña Blanca, hija de García Ramírez el Restaurador y mujer de Sancho III el Deseado de Castilla, que puede datarse a mediados del siglo XII.

Bajo el coro se encuentra el panteón real propiamente dicho, cerrado por una ostentosa reja neorrenacestista que imita a la original, trasladada al Museo Arqueológico Nacional. El panteón es obra de la segunda mitad del siglo XVI y está organizado en varios planos y altura que conducen gradualmente a la Santa Cueva. Guarda diez sarcófagos de monarcas navarros. Como avanzadilla, custodian el recinto dos reyes de armas barbados con picas y vestidos a la usanza del siglo XVI con casacas de largas caídas que lucen las armas de Navarra y de los reyes fundadores. En un plano posterior, a ambos lados de la cueva, se sitúan las estatuas orantes de los reyes García y Estefanía. Ambas aparecen sobre elevadas urnas decoradas con las armas de Navarra-Evreux. Las figuras de los reyes se hallan arrodilladas sobre cojines. Todavía se encuentran en su primitivo ámbito diez sepulcros de caja prismática que constituían el segundo orden de sepulturas del panteón, guardándose el primero en la capilla de la Cruz. Los nombres de los sepulcros, algunos de atribución dudosa, son los siguientes: Blanca de Navarra, mujer de Sancho III el Deseado; el infante Ramiro; Blanca, mujer de Sancho; Sancho el Noble, hijo de García; Sancho, hijo de García el Mayor; Clara Urraca, mujer de Sancho; Bernudo III de León; Sancho el Valiente y su mujer Beatriz. Algunos conservan escudos de Navarra y restos de policromía sobre la piedra.

El interior de la cueva está bastante alterado, y sólo permanecen dos de los cuatro sepulcros que albergó originalmente, así como una imagen gótica de la Virgen del Alcázar o de la Rosa, de finales del siglo XIII.

Para saber más

FORTÚN, L.J. (director), Sedes reales de Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 1991. Las páginas 87 a 103 están dedicadas a Nájera y son obra de Margarita Martín.

FORTÚN, L.J. y FLORISTÁN, A., Navarra: Los límites del Reyno, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2008.

MONTERRUBIO DEL POZO, R., Santa María la Real de Nájera, Edilesa, León, 2001.

RAMÍREZ MARTÍNEZ, J.M., Guía histórico-artística Nájera, Anavía, Logroño, 1991.

RUEDA ESTRADA, A., Guía de La Rioja Alta y la Sierra, Peñacorada ediciones, Logroño, 2016.

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