Lecciones de un viaje al sur de Francia

Albi

Vista exterior de la imponente catedral de Albi

A principios de junio realicé un viaje de estudios al sur de Francia, en compañía de mis alumnos de los cursos de arte del Aula de la Experiencia de la UPNA y Los Arcos. El objetivo del recorrido seleccionado era disfrutar de lo mejor del románico y del gótico francés, en especial del primero de los estilos. ¡Otro que se va fuera de España -dirá más de uno-, como si aquí no tuviéramos mucho y bueno en materia artística! Efectivamente, lo tenemos y lo hemos visitado, porque no concibo un curso de arte sin las salidas didácticas correspondientes a las diversas zonas de Navarra. De todos los estilos, del románico al neoclásico, tenemos buenas muestras en salidas de un día, fáciles y accesibles en casi todos los casos. Sin olvidarnos del resto de España, tierra fecunda en arte e historia, cada día también más accesible y con mejores servicios turísticos y culturales.

Pero, en esta ocasión, se trataba de cruzar la frontera y recorrer una tierra con la que nos unen lazos históricos no pequeños. El primer día remontamos la vía aragonesa, y a través de Jaca y Somport nos adentramos en el Bearne. Oloron-Saint Maríe, Lescar y Pau fueron nuestras paradas. En una entrega anterior tuve la oportunidad de glosar el panteón de Lescar a propósito de una reflexión sobre los panteones reales, en vísperas del homenaje anual que tributó el Gobierno de Navarra en Leire a “los reyes y reinas de Navarra”. El día siguiente fue particularmente exquisito, con la visita a Saint Bertrand de Comminges, con su imponente iglesia fortaleza y Moissac, una joya de primerísimo nivel en la escultura románica europea. Toulouse nos ocupó el tercer día de nuestro viaje. Visitar Saint Sernin y su imponente basílica es tomar contacto con otro de los hitos jacobeos, además de recordar la huella tan presente de San Saturnino, patrón de Pamplona, y de los propios canónigos tolosanos en Artajona. El país de los cátaros ocupó nuestro cuarto día. Una población encaramada en lo alto que lo fue todo, como Cordes sur Ciel; Albí, ejemplo de gótico meridional, con la catedral en ladrillo más imponente que haya visto en mi vida; y Rodez, una de las grandes catedrales en las pequeñas ciudades francesas, fueron las tres etapas del día. Por estrechas carreteras llegamos al día siguiente a Conques, otro de los hitos del viaje. Su ubicación, la iglesia de peregrinación de Santa Fe, extraordinaria en su portada y armoniosa en su interior, y el pequeño casco urbano, justifican por sí solos la visita. Pero todavía quedaban Figeac, patria de Champolion con su rico patrimonio, y Cahors, lugar de partida de buena parte de los francos que poblaron Estella, con su catedral, ejemplo de románico bizantino y su extraordinario puente Valantré, digno heredero en gótico del de Puente la Reina. Al día siguiente visitamos el insólito santuario de Rocamadour, también con reminiscencias en Sangüesa y Estella, y Souillac, donde el exquisito Isaias sigue montando guardia en el pórtico. En un tranquilo día de votaciones legislativas, el domingo, visitamos Limoges; la catedral de Angulema, ejemplo paradigmático de románico bizantino con su portada-fachada; hasta llegar a Burdeos, la gran ciudad señorial en el estuario del Garona. Nuestro último día nos llevó de Burdeos – con una rápida visita a la catedral, espléndida en entorno, fachada e interior- a Bayona,y de allí a Pamplona, a donde llegamos con la mochila llena de momentos gratos y edificios extraordinarios.

Moissac

Portico de Moissac, obra maestra de la escultura románica

Pero además de arte, el sur Francia nos dejó algunas lecciones para aprender. En lo cívico, un país limpio, cuidado, respetuoso de su historia, orgulloso de sí mismo, que exhibe himno y bandera como patrimonio común indiscutido, al margen de opiniones políticas de sus ciudadanos. En lo turístico, unos territorios donde el patrimonio está interiorizado como un valor no solo cultural, sino fuente de riqueza sobre todo para las zonas rurales. De ahí la abundante presencia de pequeños hoteles con encanto, casas rurales y facilidades para las visitas que jalonan todos sus pueblos. En lo cultural y patrimonial, una preocupación por darles vida digna de encomio. Y en lo religioso, unos templos donde se respetan las horas de culto y la liturgia es viva y vivida en clave de comunidad, en una sociedad laica y altamente secularizada.

Dado que estamos en fase de redacción del Plan Estratégico de Turismo, creo que deberíamos aprovechar las sinergias de nuestra pertenencia a la Comunidad de Trabajo de los Pirineos y nuestra entrada en la Eurorregión Aquitania-Euskadi-Navarra para fortalecer estos vínculos y desarrollar políticas más activas en la materia, que son posibles y necesarias. Es la mejor manera de justificar nuestra presencia en dichas instituciones. Nuestro patrimonio no es inferior, ni mucho menos, pero podemos y debemos aprender de los franceses, maestros en sacar todo el jugo que les ha deparado la historia. En la sociedad del siglo XXI, donde el ocio es un valor en alza, hacer del patrimonio una fuente de riqueza para nuestros pueblos y ciudades es un reto y una oportunidad.

Diario de Navarra, 21/7/2017

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