Viaje a Sicilia. Los dominios del Etna (VI)

La pretensión inicial de subir al Etna quedó truncada con el parte meteorológico de la mañana. Había nieve, las carreteras estaban cortadas y no era posible acceder hasta arriba. Pero un buen viaje siempre tiene que tener un Plan B, incluso un C. Y Enzo y Laura tenían previsto acceder hasta la colada lávica más próxima para poder contemplar un fenómeno que siempre impresiona: una lengua de fuego solidificada, en medio de un paisaje todavía con vegetación de montaña. Tras la última erupción importante, que a punto estuvo de llegar al pueblo donde nos encontrábamos, ya que la lava se detuvo a las puertas del mismo, los feligreses devotos de la Virgen, que son muchos en Sicilia, levantaron una imagen sobre bloques de basalto, un altar y un espacio acotado en el que consta el “milagro” acaecido.

Tras descender de la colada lávica, tras un sinnúmero de fotos, hacemos parada en uno de los muchos pueblos de la ladera del Etna. Un pueblo hermoso, turístico, bien mantenido y con un espectacular mirador sobre el mar y la costa que va de Catania a Taormina. En Zafferana Etnea tomamos café y paseamos por el pequeño centro urbano.

El viaje hasta Taormina es especialmente deslumbrante. Al fondo siempre el mar, como telón de fondo con todo tipo de irisaciones y colores en función del impacto del sol sobre las aguas. La autopista discurre entre terrenos agrícolas dedicados al cultivo mediterráneo: naranjos, limoneros, viñas y chumberas son los elementos dominantes. De vez en cuando, aparecen estancias exentas pintadas de color almagre, rodeadas de parras, pérgolas y cipreses que me recuerdan el bello paisaje toscano. Pero aquí hay más viveza, más color y una naturaleza más agreste; por contra, tal vez menos armonía. Además, las urbanizaciones, inexistentes hasta hace unos años, se han multiplicado y han acabado invadiendo prácticamente toda la costa. Y eso que Sicilia no posee grandes playas ni costa especialmente acondicionada para el turismo de masas.

Taormina es probablemente la población más famosa y exquisita de Sicilia. Ubicada en lo alto, afortunadamente el acceso en autobús está prohibido y unos parkings disuasorios obligan a dejar el autobús y subir en unos autobuses más pequeños habilitados al efecto. Pese a la existencia de hoteles y edificios anodinos, el casco histórico, básicamente medieval con añadidos renacentistas y barrocos, conserva buena parte de su encanto. Es enero y se puede deambular tranquilamente por la calle principal, porque en el buen tiempo es mucho más dífícil. Ni me imagino las medidas de seguridad que sufrió hace unos días, cuando tuvo lugar la reunión del G7 con presencia de Trump entre otros líderes mundiales. Por ciento, ¿le dirán algo a Trump estas piedras venerables, acostumbrado como está a viajar con la “bestia”, su coche blindado que no cabría por la puerta de entrada a la ciudad? El presidente norteamericano es un caso emblemático, pero no único, de que el poder y el dinero no necesariamente van parejos al disfrute de la cultura. Él se lo perdió, porque Taormina es única.

La población tiene dos ámbitos bien diferenciados: el teatro griego y la ciudad medieval. El enclave del teatro, inicialmente de época griega con reedificaciones romanas, está situado en la parte más alta de la población. Su ubicación es la más espectacular de cuantas conozco del mundo clásico. Las gradas nos permiten apreciar el escenario y, al fondo, otear el mar y el Etna en todas sus expresiones. Aprovechamos la ausencia de multitudes, cosa que nunca ocurre en verano, para sentarnos cómodamente en las gradas y escuchar algunos párrafos de la tragedia de Sófocles, Edipo Rey. Tras las fotos de rigor, obligadas en este enclave, descendemos hacia la ciudad medieval para la comida.

El almuerzo tiene lugar en un restaurante junto a la puerta de entrada a la ciudad vieja. Las pizzas se suceden en una especiae de menú de degustación de sabores varios, con resultados satisfactorios para casi todo el grupo.

Tras la comida podemos deambular tranquilamente por la calle principal de Taormina. Su suceden las tiendas lujosas, las pequeñas plazas, los edificios con encanto y los restaurantes con hermosas vistas. Aunque los precios son prohibitivos, las rebajas sirven de señuelo y los bolsos acompañan a algunas de nuestras compañeras de viaje en su vuelta al autobús.

De nuevo tomamos la autopista de la costa, llena de baches, calles cortadas y obras varias que impiden desarrollar una velocidad razonable. Pero eso no nos exime de seguir disfrutando del paisaje siciliano. Atravesamos un río con sabor muy mediterráneo y nombre árabe, el Alcántara, con las ramblas correspondientes a cursos intermitentes que solo se activan tras las tormentas. Y tras una hora escasa de viaje, divisamos de nuevo en el horizonte Catania.

La ciudad nos fascinó el día anterior. Tras la cena, salimos a dar una vuelta de nuevo por la vía Etnea hasta la plaza de la catedral y allí nos encontramos con una escena típica de película de la mafia. Una boda de mucho tronío y poco glamour, trajes pomposos y tacones imposibles. Pero la sorpresa es que un dron está grabando desde arriba las evoluciones de los novios en la plaza. Da un poco de corte acercarse, dado el comportamiento del grupo entre chulesco y provocativo, pero no podemos resistir la tentación. Esta también es la Italia que convive con la selecta Florencia o la exquisita y europea Milán. Un país que unas veces fascina y otras avergüenza. Lo que no admite es la indiferencia.

 

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