Universitarios navarros en la Edad Moderna

Distritos

Mapa universitario español durante buena parte del siglo XX

En nuestra entrega anterior, dejamos a los escasos universitarios navarros de la Edad Media acogidos a los “erasmus” de la época, básicamente el patrocinio real o clerical, en algunas de las más prestigiosas universidades europeas: París, Toulouse, Avignon, Salamanca o Bolonia. A fin de completar el panorama, echaremos hoy una mirada sobre el periodo siguiente, el de la Edad Moderna, hasta llegar al momento de la creación de la Universidad Pública de Navarra en 1987.

Los intentos de creación de una universidad pública en el territorio se suceden también en estos siglos. A lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, las cortes de Navarra abordaron temas relacionados con la cuestión universitaria en 151 ocasiones, de las cuales 28 fueron acuerdos de creación, 19 discusiones sobre la financiación y 54 referidos al acceso de navarros a los colegios mayores, sobre todo a los de Alcalá. Se crearon además dos universidades dependientes de instituciones religiosas: La Universidad benedictina de Iratxe y la Universidad dominicana de Santiago en Pamplona.

¿Dónde estudiaban nuestros universitarios y quiénes eran? La respuesta, en síntesis, podría ser la siguiente: Nuestros universitarios, religiosos, clérigos seculares o laicos, vinculados tradicionalmente a las universidades francesas, vuelven poco a poco sus ojos hacia las universidades peninsulares, especialmente las situadas en Castilla, sobre todo Alcalá, Salamanca y Valladolid.

El procedimiento ordinario de entrada lo constituyen los colegios menores y mayores, primer paso y medio principal para poder conseguir más adelante distintos cargos de relevancia en la alta administración civil y eclesiástica castellana, ya que gran parte de las plazas se surtía con gente procedente de tales centros de enseñanza. Como ejemplo, de los 47 ingresados en el colegio de Santa Cruz de Valladolid, 22 fueron catedráticos de la Universidad de Valladolid; 14 desempeñaron cargos en audiencias y chancillerías; 1 fue médico del emperador Carlos; 7 estuvieron vinculados a la inquisición; 3 fueron obispos; 1, arzobispo; y además, 9 fueron miembros del Consejo de Navarra. En conjunto, Navarra aportó un número de estudiantes a las universidades castellanas superior al conjunto de aragoneses, catalanes y valencianos, si bien es cierto que los tres territorios tenían universidades propias.

En el siglo XVIII, la progresiva decadencia y desprestigio de las universidades hizo que el número de estudiantes descendiera de forma significativa, incluso en las de mayor rango y solera. Las universidades dejan paso a nuevas instituciones educativas y culturales que preparan y sostienen a la selecta minoría que domina los ámbitos económicos y culturales. La simbiosis de unos y de otros, hará posible la “hora navarra” del siglo XVIII, con la presencia de minorías selectas e influyentes de navarros en la corte madrileña, que ya tenemos acreditada a finales del siglo XVII.

En el siglo XIX, los intentos de creación de una universidad pública se suceden y a los de las cortes de Navarra del primer tercio del siglo, se unen los de la Universidad Vasco-Navarra de 1866 y la Universidad de Navarra del mismo año.

En el siglo XX continúan las iniciativas: La Universidad Vasco-Navarra de 1918; el proyecto de Universidad Católica en Pamplona de 1936; el Estudio General de Navarra (1952), convertido en 1960 en la Universidad Católica de Navarra -nombre oficial del centro creado-; el Centro Asociado de la UNED en Navarra en 1973; y, finalmente, la creación de la Universidad Pública de Navarra en 1987.

¿Y dónde estudian nuestros estudiantes? La tendencia iniciada en el siglo XVI se acentúa y la salida más allá del Pirineo queda reservada a clérigos seculares y religiosos. Toman el relevo, de forma progresiva, la Universidad de Salamanca para los clérigos y religiosos, y para los laicos las universidades centrales que se crean en España con las sucesivas reformas liberales, Madrid y Barcelona especialmente, además de otras universidades del entorno más próximo: Zaragoza, Valladolid, Oviedo, Santiago, a la que, ya en el franquismo, se añadirá la Universidad del País Vasco.

La creación de la Universidad de Navarra, primero, y la Universidad Pública de Navarra, después, a la que se unirá el creciente peso de la UNED, harán que Navarra, en los últimos 25 años, pasé de ser una tierra de emigración universitaria a una tierra de inmigración. Y en este contexto de vuelta a los orígenes, hay que situar el fenómeno Erasmus. Bienidos sean los que salen y bienvenidos los que llegan. No hay mejor forma de hacer honor a la palabra que define a la institución.

Diario de Navarra, 25/5/2017

 

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