La UPNA cumple 30 años

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Vista aérea del campus de Pamplona

Mañana, 21 de abril de 2017, la Universidad Pública de Navarra cumplirá 30 años. Aquel inolvidable día, en el último pleno de la legislatura, el Parlamento de Navarra aprobaba la ley foral que hacía realidad un proyecto demandado e intermitente, intentado numerosas veces por las instituciones navarras desde el siglo XIII, y finalmente hecho realidad con la aprobación de dicha ley. Su artículo 1º define con claridad el objeto de la misma: “Se crea la Universidad Pública de Navarra, entidad a la que se encomienda el servicio público de la educación superior en Navarra, mediante el ejercicio de la docencia, el estudio y la investigación”.

Un gobierno en minoría, pero con capacidad negociadora, ideas claras y sentido de Estado, fue capaz de convencer a la mayoría de las fuerzas políticas forales, al gobierno de España y al Consejo de Universidades, de la necesidad de dotar a Navarra de una Universidad de nueva planta, adaptada al modelo de la LRU, y que sirviera a su vez de pauta para las nuevas universidades previstas en otras Comunidades de España. El hacer de la necesidad virtud y conseguir un consenso social y político amplio fueron algunas de las claves del éxito de una operación difícil en lo político, compleja en lo administrativo, exitosa en lo social y muy rentable en los ámbitos educativo, cultural y económico.

Iniciada su andadura, la UPNA ha ido desarrollando progresivamente todo su potencial. Convertida, tanto de hecho como de derecho, en la universidad de los navarros, los distintos gobiernos forales, empujados por el Parlamento, los equipos rectorales sucesivos -nada menos que siete-, y los miembros del Consejo Social la han dotado de recursos humanos y materiales suficientes para llevar a cabo su misión. En estos 30 años, la UPNA ha sido una palanca clave en el desarrollo de la Comunidad y, en mi opinión, uno de los acontecimientos más importantes acometidos por Navarra en estos tres decenios.

Con el buen trabajo del profesorado y del personal de administración y servicios, donde la excepción negativa confirma la regla, el balance de lo realizado hasta ahora es razonablemente positivo. La UPNA se ha consolidado como una buena universidad generalista, con índices destacados en el conjunto de la universidad española en determinados ámbitos. Pero su mayor logro y timbre de gloria lo constituyen los más de 30.000 egresados, salidos de sus aulas, muchos de los cuales son hoy ya líderes sociales, económicos, políticos y culturales de la Comunidad.

Los números correspondientes al curso 2016-2017 son alentadores: 2 campus, 6 facultades y escuelas, 22 departamentos, 20 titulaciones de grado impartidas, 8.043 estudiantes en titulaciones oficiales, 885 miembros del PDI (personal docente e investigador), 456 miembros del PAS (personal de administración y servicios), 106 grupos de investigación, 59 tesis doctorales leídas, 5 centros e institutos de investigación y 66,7 millones de euros de presupuesto inicial. Cifras frías pero elocuentes, que encierran trabajo, esfuerzo, ilusiones, presente y mucho futuro, que entre todos los navarros hacemos posibles con nuestros impuestos.

Pero la Universidad Pública de Navarra es, sobre todo, futuro y éste no se presenta exento de dificultades. A corto plazo, quedan retos pendientes. El plan plurianual de financiación, la definición de las nuevas titulaciones, el despliegue del plan estratégico en marcha, la reposición de plazas de profesorado, tratando de buscar un equilibrio entre los docentes de la casa con buenos currículos docentes e investigadores, y los docentes e investigadores externos, son algunos de ellos. Y junto a éstos, otros retos más estructurales nos esperan en el camino. A mi juicio, el mayor, aunque no sea una opinión compartida por todos, es la revisión del modelo actual a otro que debería estar basado en la especialización, la internacionalización y la integración en ámbitos regionales europeos. Y ahí, la apuesta por el campus Iberus de Excelencia Internacional, que acoge a las universidades del valle medio del Ebro y las francesas del otro lado del Pirineo, debe ser clara y estratégica. Quedan también por solventar otras cuestiones pendientes: la redefinición del campus de Tudela, que más pronto que tarde habrá que abordar en serio; el refuerzo de la interacción con las empresas navarras, todavía con claro margen de mejora; y una apuesta decidida por las dobles titulaciones y la enseñanza en inglés, como pauta y camino hacia esa internacionalización exigida y deseada.

Pero quiero terminar con una felicitación general. Ha sido la sociedad navarra en su conjunto la que ha sostenido, animado y financiado la UPNA a lo largo de estos 30 años. Y eso merece elogio y reconocimiento, porque la levantamos entre todos y es para todos. Es signo de unidad y no de división, cuestión no menor en los tiempos que corren.

Diario de Navarra, 20/4/2017

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