En la encrucijada

Alta velocidad

Previsiones iniciales del Corredor Navarro de Alta Velocidad

Canal

Previsiones iniciales del Proyecto Itoiz-Canal de Navarra

 

 

 

 

 

 

 

Las elecciones forales de 2015 dejaron en Navarra un panorama político fragmentado, plural y de obligados consensos. Tras muchos años de gobiernos constitucionalistas, en los que la colaboración PSOE-UPN primero y UPN-PSOE después ha sido, con matices, el factor dominante, el actual Gobierno de Navarra es sostenido parlamentariamente por un cuatripartito, con tres partidos de fuerzas similares -GeroaBai, Bildu y Podemos- y el apéndice de I-E. Frente a los agoreros que presagiaban el hundimiento de la Comunidad, éste no se ha producido. Y esto, por tres razones: la llegada al poder casi siempre atempera lo más radical de los programas; una administración moderna y competente como la navarra tiene una inercia que no es fácil desviar a corto plazo; y el contexto nacional y europeo limita las capacidades de actuación, estrechando el margen de maniobra. Pero, en mi opinión, las políticas puestas en marcha no apuntan en la buena dirección, la presión de Bildu cada día es más evidente, y las rémoras comenzarán a pasar factura más pronto que tarde. Sin ánimo de enumerarlas todas, citaré como especialmente preocupantes la prioridad de lo identitario sobre lo social, -¡y lo que nos espera durante los próximos meses con la ikurriña como bandera!-; la falta de pulso de la economía, sin estímulos adicionales pese a nuestra capacidad fiscal y de autogobierno; la errática y sectaria política educativa -uno de nuestros grandes logros como Comunidad- difícilmente empeorable; y el abandono de las grandes infraestructuras, al que me gustaría dedicar los párrafos que restan.

Los últimos cuarenta años en Navarra, coincidentes con la etapa democrática, han sido un periodo de grandes retos en infraestructuras, Al PSN-PSOE le tocó básicamente diseñarlas y a UPN desarrollarlas. Puedo dar fe, porque estaba en el gobierno, de los ímprobos esfuerzos realizados para sacar adelante Itoiz y el Canal de Navarra, por un lado, y la Autovía de Leizarán, por el otro. Coordinadoras y atentados fueron algunos de los ingredientes utilizados para impedir dos obras discutidas entonces por algunos y hoy consideradas indispensables por casi todos. No señalaré nombres, pero aunque rectificar es de sabios, no conviene olvidar dónde estaba cada uno en aquellos momentos.

Hoy, el reto de futuro tiene dos nombres propios: el Canal de Navarra y el TAV. El primero, debe ser cofinanciado por ambas administraciones. Parece razonable, por tanto, que se negocie cuanto haga falta para garantizar el triple proceso que comporta: la tubería principal, la zona regable y el amueblamiento en parcela. Ahora bien, para el éxito de la operación sería imprescindible la mayor unanimidad posible de las fuerzas políticas navarras y, en este caso, el problema está dentro de los partidos que sostienen al gobierno, lo que supone una dificultad añadida.

Mayor todavía es el problema con el TAV. Recordemos lo que para Navarra supuso históricamente perder el tren en el siglo XIX. 150 años después se nos ofrece otra oportunidad, con una ventaja añadida: las obras deben ser financiadas básicamente por el Gobierno de España. Lo de menos, con ser importante, son las mejoras horarias, lo fundamental es la posibilidad de formar parte de las grandes redes europeas que condicionarán las inversiones futuras. El PNV lo ha visto claro para el País Vasco. Parece que condicionará su apoyo a los presupuestos generales del Estado a un acuerdo en esta materia. El cuatripartito, en este punto, está radicalmente dividido. Y por parte del Gobierno de España hay una tibieza preocupante. Por otro lado, en el actual contexto político, ni el PPN ni el PSN-PSOE, partidarios de la obra, están en condiciones imponer su criterio sobre su partido a nivel estatal. Pero queda un recurso que me atrevo a formular con claridad. Si el PNV puede condicionar el presupuesto del Estado con sus cinco escaños, ¿no puede hacer lo mismo UPN con los dos escaños que tiene en el Congreso, imprescindibles para conformar una mayoría? Con respeto y sin pretensión de injerencia, como navarro me atrevo a pedir a UPN que ejercite su “acción de oro”: apoyo presupuestario a cambio de un compromiso con el Corredor Navarro de Alta Velocidad. Estoy seguro que muchos ciudadanos, votantes o no del partido, se lo agradeceríamos. Y vista la deriva del cuatripartito, a esperar elecciones. Todavía queda mucho, pero hay que evitar que determinadas actuaciones se conviertan en irreversibles. El gobierno, tras una legislatura en el poder, ya no venderá promesas, sino la gestión realizada. La oposición, por contra, tratará de subrayar las insuficiencias detectadas y las alternativas posibles. Serán los navarros con su voto los que marcarán la orientación futura. Y a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga.

Diario de Navarra, 9/3/2017

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