Viaje a Sicilia. Un sorprendente interior (IV)

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El templo de Juno, en lo alto de la colina, domina el conjunto

Tras el diluvio del día anterior, la mañana amaneció limpia, con un tenue sol todavía con escasa fuerza. La subida desde la orilla del mar hasta el Valle de los Templos nos permitió admirar y contrastar un paisaje humanizado desde hace muchos siglos. En la ladera de la colina, tras la muralla griega, se alza el Valle de los Templos, uno de los conjuntos más completos y espectaculares del mundo griego.

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Vista de la antigua muralla griega, con la llanura que llega hasta el mar

Más arriba, en lo que hoy es un espacio reservado, delimitado por dos ríos, se alzaba la ciudad de Akragas, una colina ya existente en el siglo VI a.C., y más arriba todavía, el Agrigentum romano, rodeado hoy por una muralla de cemento y edificios de una altura excesiva y anodina, que demuestran que desarrollo económico y artístico no siempre van de la mano. En el pecado llevan la penitencia, porque hoy el valle es visitado por infinidad de turistas que no pisan la ciudad a la que pertenecen.

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Hermoso ejemplar de olivo centenario, el árbol más representativo de la antigüedad clásica

El espacio arqueológico destila calma y belleza serena. El templo de Juno, situado a la entrada y ubicado en lo alto de la colina, es un hermoso ejemplar de orden dórico de comienzos del siglo V a.C., relativamente bien conservado. Hoy no es posible acceder a su interior, pero todavía son perceptibles buena parte de los elementos que lo conforman. Dado que Segesta fue visto en adversas circunstancias, para los alumnos fue la primera aproximación a la arquitectura griega que tuvieron ocasión de apreciar en buenas condiciones.

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Las hermanas Martínez de Eulate posan ante el Templo de la Concordia

En el parque se conservan olivos centenarios y hojas de acanto que crecen de forma natural. El paseo va deparando sorpresas arqueológicas: tumbas rupestres reaprovechadas en las antiguas murallas, algunas esculturas encontradas en las excavaciones, y edificios y espacios de variado signo. Todo, antes de llegar a la joya del conjunto, que es el templo de la Concordia, el más completo de los conservados y probablemente el de mayor calidad artística, también del siglo V a.C. y de orden dórico. Su conversión en iglesia cristiana permitió salvarlo de una ruina casi segura.

 

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La imagen permite apreciar la naos horadada para convertirla en un templo cristiana de tres naves, lo que permitió su excelente conservación

Con la sorpresa, además, de que la naos fue horadada con arcos de medio punto para hacer una iglesia de tres naves. Además, el polvo de mármol blanco fue arrancado, dejando al descubierto la piedra de la zona y respetando casi en su totalidad la construcción antigua. Con el sol en lo alto y ya calentando un poco más, el espacio se prestaba a casi todo: fotos, ángulos, recuerdos y evocaciones. Entre otras, la poesía de Píndaro, el poeta griego contemporáneo del propio templo, autor de la oda dedicada a Hierón de Siracusa, que en este contexto alcanza un especial interés y que tuve la oportunidad de recitar para el grupo.

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La poética y explícita imagen de este Ícaro caído, es un homenaje actual al mundo clásico

Para terminar, la visita al templo de Zeus, la enorme construcción levantada en la parte baja, dotada de muros y telamones como elementos singulares.

Eran las 11,30 cuando salíamos del parque, tres horas después de haber entrado. Tres horas en un espacio singular que nos retrotrajo a las primeras semanas del curso dedicadas a la arquitectura griega. Una buena manera, sin duda, de cerrar un círculo que nos ha dado momentos inolvidables.

Dejamos Agrigento y nos adentramos en el interior de la isla, un territorio hermoso pero menos conocido, que nos deparó paisajes y espacios de gran belleza. Vamos a Piazza Armerina, un enclave fortificado, como bien indica su nombre.

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Parte del grupo se aplica a la degustación de verduras

Aunque la población tiene un indudable encanto, nuestro objetivo es la villa romana del Casale, un complejo excepcional que reúne la colección más completa de mosaicos del mundo romano. El camino es amable, con una vegetación mediterránea y algunas sorpresas. La mayor es observar campos de chumberas preparados para la explotación comercial, sobre todo del higo. Una rareza que en esta parte de la isla todavía ocupa abundantes parcelas.

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Otra vista del grupo en la estancia de agroturismo donde tuvo lugar la comida

La comida en un restaurante de agroturismo, preparado para fiestas y eventos en un entorno idílico, es una sucesión de bocados de verduras variadas, a cada cual más sabroso. Un verdadero menú de degustación. Un aplauso final para la familia propietaria y la cocinera, cerró muy acertadamente la velada.

Eran casi las cuatro de la tarde cuando penetramos en la villa romana. Teníamos la experiencia previa de Arellano, muy modesta en dimensiones. Pero la villa del Casale pertenece a otra división. Es la villa de un auténtico potentado, declarada muy justamente Patrimonio de la Humanidad. 40 salas y 3.500 metros cuadrados avalan el formidable trabajo que allí se encierra.

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Vista parcial exterior de las instalaciones de la villa, con sus cubiertas levantadas en madera y plomo

El mosaico, verdadera pintura para la eternidad, en palabras de Ghirlandaio, tiene aquí su cumbre. En mi visita anterior hace ya más de diez años, unos modestos plásticos cubrían los fastuosos mosaicos. Hoy, afortunadamente, la cosa ha mejorado y una estructura de madera y plomo salvaguarda el conjunto. Le falta la belleza del edificio de La Olmeda en Palencia, pero los mosaicos no admiten comparación posible en cantidad. Y junto a ellos, habitaciones con estucos, patios porticados, letrinas y otros elementos permiten apreciar la vida en una lujosa casa del siglo III d.C. Pese a la estrechez de los pasillos, la vimos sin problemas, porque solo nos acompañaban un pequeño grupo de jóvenes norteamericanos, estudiantes de arquitectura.

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El espacio reservado a las letrinas nos habla del esplendor de la casa

Y de allí a  Catania, la gran urbe que da al mar Jónico, la segunda ciudad de Sicilia. Nueve veces destruida y nueve veces reconstruida, Catania tiene un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad. Creada por los griegos y realzada por los romanos, la ciudad actual es en buena medida el fruto de la reconstrucción tras las erupciones y terremotos de finales del siglo XVII. Calles ortogonales, como la espectacular Via Etnea, se llenaron de palacios, conventos e iglesias edificados con la piedra negra basáltica de la región.

Esta vez no fue un palacio rehabilitado, sino un moderno edificio NH el que nos acogió. Tras la cena, un paseo nocturno nos permitió un primer contacto con la ciudad. Mucho que ver en Catania, la ciudad barroca por excelencia. Hoy apenas la hemos entrevisto, mañana tendremos tiempo para degustarla ampliamente.

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Las dimensiones y magnificencia del oecus, son fiel reflejo del carácter de la villa

 

 

 

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