¿Qué hacemos con los Caídos?

caidos

Vista frontal del Monumento a los Caídos

En las últimas semanas, Diario de Navarra está recogiendo un interesante y fructífero debate en torno al monumento a los Caídos. Sin otro ánimo que el de contribuir a un intercambio de opiniones que deseo respetuoso y documentado, desgrano algunas reflexiones en torno al mismo.

Todo edificio, y más si tiene un carácter público, es hijo de su tiempo y está preñado de simbología, en unos casos explícita y en otros más oculta. De todo tenemos en nuestra larga, compleja y fructífera historia. Pero habrá pocos en nuestra tierra que la presenten tan rotunda y unidireccional como el que nos ocupa.

Comencemos por los hechos históricos. No es la primera vez que la guerra civil nos ha dividido y empapado en sangre. Luchas fratricidas entre burgos, beaumonteses contra agramonteses, navarros en ambos ejércitos que se enfrentaron en la conquista de Navarra por Castilla, en la Guerra de Sucesión, en las guerras napoleónicas, en las guerras carlistas y, finalmente, en la guerra civil. Si nos circunscribimos a ésta última, el episodio más sangriento y cruel de nuestro siglo XX, convendría subrayar tres datos diferenciadores de las otras contiendas civiles: aunque fueron clara mayoría los contendientes que lucharon en el llamado bando nacional, la legalidad democrática, por imperfecta que ésta fuera, no estaba de su parte; los asesinados y represaliados, básicamente republicanos, no lo fueron en el frente bélico, sino en la retaguardia; y, finalmente, la gran mayoría de la jerarquía católica se decantó claramente del lado de los sublevados, dando carácter de cruzada a lo que fue una cruenta guerra civil.

Por todo ello no sorprende que, para conmemorar a los Caídos por Dios y por España -por utilizar la terminología de la época- , el régimen emergente, bendecido por la jerarquía católica española, levantara un monumento que, en el estilo arquitectónico dominante, exaltara a los combatientes de uno de los bandos. Y dada la importante contribución de Navarra al alzamiento y la victoria, tampoco sorprende que sea éste el monumento más significativo, tras el Valle de los Caídos.

A la vista de lo dicho anteriormente, bastante incontestable, hay quien se inclina por demoler el edificio, dada la rotundidad de su simbología y lo explícito de su finalidad. No comparto esta opinión. Yo soy partidario de conservarlo por tres razones que, muy sucintamente, expongo a continuación.

La primera, de carácter patrimonial. El edificio no es una pieza maestra arquitectónicamente hablando, pero estamos en Pamplona, está bien resuelto, tiene dignidad suficiente y es representativo de una época que forma parte de nuestra historia.

La segunda, de carácter histórico. Como hemos visto, los episodios guerracivilistas no han sido infrecuentes a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, ésta la debemos asumir en su totalidad,

tratando de situar los acontecimientos en su contexto. En unos casos serán ejemplos positivos y, en otros, ejemplos negativos de los que también se pueden extraer lecciones para el futuro. Nos sorprendería saber que buena parte de los navarros nacidos a partir de los años sesenta del pasado siglo, es decir la mayoría, desconocen el origen y el significado del edificio.

La tercera, de carácter cultural. De acuerdo con la Ley de Memoria Histórica, el edificio debe perder todo significado de exaltación del régimen franquista, cosa que ya se ha hecho. Pero no es suficiente. En mi opinión, la redención del edificio, aunque con dificultades, se la ofrecerá un nuevo y acertado uso cultural, sostenido en el tiempo. Creo además que el edificio debe recuperar su dimensión navarra más que estrictamente pamplonesa. Por todo ello, mi propuesta sería diseñar un espacio que fuera un memorial cívico que recordara a las personas y los hechos más significativos de nuestra historia. Sin inversiones extraordinarias, ya que los medios audiovisuales y las nuevas tecnologías deberían ser elementos básicos del proyecto. Y como nuestra historia no es precisamente pacífica, a fin de evitar un nuevo debate, resultaría imprescindible que el proyecto y sus contenidos tuvieran un carácter estrictamente técnico y los acometiera una comisión multidisciplinar elegida por el Parlamento de Navarra por mayoría de dos tercios, a fin de garantizar el consenso y la continuidad del proyecto.

La mía es una modesta aportación al debate. La experiencia nos dice que los edificios que pierden su uso se deterioran rápidamente y resulta cada vez más difícil darles nueva utilidad. De ello tenemos lamentablemente ejemplos palpables en nuestra tierra. Que el nuevo uso sirva para olvidar precisamente los horrores de la guerra civil, porque lamentablemente aquella guerra no la ganó nadie ya que la perdimos todos.

Diario de Navarra, 23/2/2017

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