Del Plan Moderna al Plan Navarra S3

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Presentación del Plan Navarra S3

En los últimos años, acrónimos y siglas proliferan en los textos de periódicos y revistas, llegando a encaramarse incluso a los titulares. Eso ha sucedido en este caso, con un titular que a muchos lectores no iniciados les habrá dejado desconcertados. Espero que al final del artículo el galimatías quede aclarado y haya tenido para ustedes algún interés.

Navarra es una región que abandonó su carácter preferentemente agrícola a mediados del siglo XX, inició la senda de una sólida industrialización en la segunda mitad y aspiró a convertirse en una región de servicios a partir de los años ochenta del pasado siglo. Esto la llevó a escalar posiciones en la lista de regiones europeas más desarrolladas, hasta situarse en el año 2007, justo antes de la crisis, en el puesto 32 de las 270 que conformaban la Unión Europea. A ello contribuyeron de forma notable los cuatro Planes Tecnológicos que se pusieron en marcha entre 2000 y 2015. Azuzados por la crisis, que ha impactado seriamente en nuestra economía, y el contexto europeo, concretado en el Tratado de Lisboa de 2007 y la Estrategia Europa 2020, Navarra puso en marcha el Plan Moderna en 2010. Moderna era un plan estratégico a medio y largo plazo que impulsaba el cambio de modelo de desarrollo económico en Navarra hacia una economía basada en el conocimiento y centrada en las personas. La Comunidad Foral fue la primera región española en lanzar un plan de estas características, que hacía de la participación ciudadana y el consenso institucional dos elementos claves de su estrategia. El plan fue impulsado por las principales instituciones políticas, educativas, empresariales y sindicales, y fue aprobado por el Parlamento de Navarra con el voto favorable del 76% de sus representantes. Moderna recogía los retos que afrontaba la economía navarra y definía la estrategia y los grandes ejes de actuación entre 2010 y 2030, en las áreas de la economía de la salud, la economía verde y la economía del talento, con unos objetivos muy ambiciosos: situar a Navarra entre las 20 primeras regiones europeas en PIB per cápita (hoy está en el puesto 58) y entre las 10 primeras regiones europeas en el Indicador de Desarrollo Humano, mediante una asistencia sanitaria de máxima calidad y un sistema educativo excelente.

La severidad de la crisis, el optimismo de las cifras, la insuficiente imbricación de las instituciones educativas, empresariales y sindicales, y la llegada de un nuevo gobierno, han provocado una revisión del plan y su sustitución por la Estrategia de Especialización Inteligente, denominada Navarra S3. Se trata de un plan a medio y largo plazo liderado por el Gobierno de Navarra junto con empresas, universidades, centros tecnológicos e instituciones sociales, que busca la mejora económica de Navarra a través de la especialización de su economía en las áreas donde cuenta con mayores perspectivas de futuro. La Navarra S3 tiene tres grandes objetivos: mayor calidad de vida, mayor prosperidad y mayor sostenibilidad; y para alcanzarlos se fija un desarrollo regional basado en cinco ejes: una Navarra cohesionada, saludable, sostenible, industrial y competitiva. Estos ejes, a su vez, se concretan en las áreas económicas prioritarias: automoción y mecatrónica, cadena alimentaria, energías renovables y recursos, salud, turismo integral, e industrias creativas y digitales.

Sobre el papel, poco que reprochar y mucho que aplaudir. Pero esto también sucedió con el Plan Moderna. Lo que hace falta es no caer en los mismos errores que lastraron el plan anterior. Por ello, frente a la catarata de palabras casi siempre huecas como diagnóstico, estrategia, implementación o monitorización, que normalmente acompañan a estos planes, convendría insistir en lo obvio: la importancia de los objetivos claros y compartidos, la necesaria interacción de los agentes políticos, económicos, educativos y sociales en todas y cada una de las fases del proceso, la necesidad de un presupuesto suficiente y sostenido para llevar adelante los planes, y la búsqueda incansable de fondos externos, nacionales y europeos, que complementen los presupuestos forales. Con una premisa básica: a mi juicio, la educación debe jugar un papel esencial en el desarrollo del plan. En el ámbito escolar, generalizando la apuesta por el inglés como elemento ordinario en primaria y secundaria, y reforzando la autonomía de los centros. Y en el ámbito universitario, dando a las dos universidades presenciales, la Pública de Navarra y la de Navarra, un papel destacado en todo el proceso, tanto en docencia como en investigación. El Plan es bueno, hace falta que lo sean también sus resultados.

Diario de Navarra, 12/1/2017

 

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