1912+1

19122

Me encuentro estos días de navidades inmerso en la preparación de un viaje a Sicilia con mis alumnos del Aula de la Experiencia de la UPNA. Los autores que he ojeado coinciden en recomendar algunos nombres como especialmente representativos de la literatura de autores sicilianos o sobre Sicilia. Verga, De Roberto, Pirandello y Sciascia son los cuatro autores más citados.

En mi biblioteca encontré un librito de Leonardo Sciascia, titulado 1912+1, que he leído con cierto interés, El 8 de noviembre de 1913 (1912+1, como escribió en cierta ocasión D´Annunzio, autor a la vez admirado y odiado por Sciascia), en San Remo, la condesa Tiepolo mata de un disparo al asistente de su marido, un capital de los Bersaglieri, Quintilio Polimanti, quien, según la condesa, había intentado forzarla sexualmente. A pesar de los débiles argumentos de la defensa, las incongruencias y las comprobaciones contradictorias, vence el sacrosanto concepto de la familia y el honor, y la condesa es declarada inocente. El libro narra minuciosamente los distintos aspectos del juicio, lo que sirve al autor para reflexionar acerca de uno de los temas que más le han obsesionado: el concepto de justicia, en un país como Italia, dominado por las convenciones sociales, el poder de la Iglesia y una casta judicial básicamente conservadora. Pero la nueva Italia, la de la modernidad, pugna por salir. El divorcio, la guerra de Libia, los futuristas o Pirandello aparecen entreverados en un relato de interés.

Como nada hay nuevo bajo el sol, he aquí el retrato que hace Sciascia del abogado Raimondi, el defensor de la condesa Tiepolo. “La condesa Tiepolo podía, pues, considerarse en buenas manos: el abogado Raimondi era de militancia socialista y herencia liberal; de copioso y vibrante verbo, según constaba en las crónicas parlamentarias. Que luego, ocho meses después, los periódicos aludan a él como un “exsocialista oficial”, no quiere sino decir que había dejado el partido aunque, eso sí, declarando que seguía siéndole fiel en las ideas: caso no muy distinto del de otros tantos que hemos podido ver en los últimos cuarenta años. Más que cualquier otro partido, el socialista brinda la posibilidad del desacuerdo, del abandono del mismo: en la presunción -o en la retórica- de ser más socialista de lo que el partido permite en ese momento. Pero no es infrecuente el caso de que el declararse más socialista y dejar el partido esconde el serlo menos o el no serlo ya nada”.

La reflexión nos suena a candente actualidad.

Ficha bibliográfica: SCIASCIA, L., 1912+1, Tusquets editores, Barcelona, 1987.

 

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