Una lectura cívica

patria

Este año que se nos va ha sido el primero de mi vida como efectivamente jubilado. Y una de las cosas buenas que me ha traído ha sido un mayor tiempo para mis aficiones, entre ellas la lectura. Repasando mentalmente los títulos, el libro que más me ha impactado en 2016 ha sido Patria, la obra de Fernando Aramburu sobre la historia reciente del País Vasco (y yo añadiría que de Navarra) a través de dos familias rotas por la infamia terrorista.

Nuestra gran tragedia en la segunda mitad del siglo XX ha sido la existencia de ETA, que ha dejado en nuestra Comunidad 42 asesinatos, cientos de heridos, y muchísimo dolor en la sociedad. Los que tenemos una cierta edad recordamos con horror los años de plomo, los entierros casi clandestinos de policías y guardias civiles, y el miedo metido en el cuerpo de casi todos. Y, por supuesto, los lazos sentimentales rotos en familias, cuadrillas y grupos de variado signo, en función de adscripciones ideológicas. Pero pasados apenas unos años, el relato de lo vivido empieza a ser irreconocible. Con la excusa de pasar página, se blanquean trayectorias, se habla con calculada ambigüedad de “todas las víctimas”, se deploran “todas las violencias”, y el lenguaje resulta tan borroso como los acontecimientos que pretendemos soslayar. Pero los hechos siguen interpelándonos, a pesar de todo. Dos ejemplos de las últimas semanas han puesto de actualidad el relato: los sucesos de Alsasua y la gestión en materia de paz y convivencia del Gobierno de Navarra. ¿Trifulca de bar o kale borroka? ¿Visión positiva o manifiesta utilización?

A nuestra generación le cabe una especial responsabilidad. Nosotros hemos vivido los acontecimientos de primera mano, pero las próximas generaciones los conocerán a través de los testimonios escritos. Y cualquier medio es excelente si sabe utilizarse. A la memoria impagable de las víctimas, testimonio perenne de entereza y altura moral en casi todos los casos, se unieron hace unos años los tres tomos de la Historia del terrorismo en Navarra, coordinados por Javier Marrodán. En ese mismo anaquel, habrá que situar a partir de ahora Patria, que es mucho más que una excelente novela. Paso por alto sus valores literarios y formales, su atmósfera inquietante, su acertada recreación de ambientes, lugares y costumbres, para centrarme en lo esencial: el retrato fiel de una época y de una sociedad que hemos vivido tan de cerca. Nunca había visto tan bien escritas frases que retratan en un solo párrafo la sociedad que hemos conocido. Les selecciono algunas, tomadas de determinados personajes de la novela. “Les meten malas ideas y, como son jóvenes, caen en la trampa. Luego se creen héroes porque llevan pistola. Y no se dan cuenta de que, a cambio de nada, porque al final no hay más premio que la cárcel o la tumba, han dejado el trabajo, la familia, los amigos. Lo han dejado todo para hacer lo que les mandan cuatro aprovechados y para romperles la vida a otras personas, dejando viudas y huérfanos por todas la esquinas”. “Con su cautela habitual, Patxi, el nunca protagonista, el jamás detenido, y eso que era el amo del cotarro abertzale del lugar, les procuró alojamiento, por medio de un tercero”. “Nadie me ha echado una mano. La calle, sola. Las ventanas, cerradas. Y qué manera de llover. Ya te digo, nadie. Alguno que habrá visto todo desde detrás de un visillo, ha debido de llamar a la polícía y a la ambulancia. De otro modo no me explico cómo han venido tan pronto”. “Se ofició el funeral, sonaron las campanas a muerto, había pocos vecinos de la localidad en la iglesia (…) ¿Empleados de la empresa? Ninguno. En la homilía, ni una palabra sobre el atentado. Trágico suceso que a todos nos conmociona”. “-Algún día no muy lejano pocos recordarán lo que pasó. -No te hagas mala sangre, hermano. Es ley de vida. Al final, siempre gana el olvido. -Pero nosotros no tenemos por qué ser sus cómplices. -No lo somos. Nuestra memoria no se borra con agua a presión. Y ya verás cómo nos echan en cara a las víctimas que nos negamos a mirar hacia el futuro. Dirán que buscamos venganza. Algunos ya han empezado a decirlo”. “ ¿Y cuál era esa verdad? Cuál va a ser. Pues que había hecho daño y había matado. ¿Para qué? Y la respuesta le llenaba de amargura: para nada”.

No dudo de los bienintencionados objetivos de la Dirección General de Paz y Convivencia del Gobierno de Navarra. Pero sugiero a quien corresponda una medida para el inmediato futuro: enviar con cargo a su presupuesto un ejemplar a todos los centros educativos de Navarra y recomendar vivamente su lectura a toda la comunidad educativa. Sería, en mi opinión, una buena iniciativa, un acertado gesto hacia las víctimas, una contribución a la memoria, la verdad, la justicia y la reparación y una aportación a la paz y la convivencia. No lo olvidemos, antes de cerrar el libro, es preciso leer adecuadamente todas sus páginas, sin borrar ni arrancar ninguna.

Diario de Navarra, 15/12/2017

 

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