El mundo es mi patria

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Amo mi patria chica, Navarra, con contenida pasión. He nacido aquí, le he dedicado muchas horas de estudio, y he pasado mi vida profesional enseñando su historia y tratando de hacer un poco mejor la vida a sus ciudadanos desde mis responsabilidades políticas. Pero estos mismos estudios y mis convicciones socialdemócratas me han permitido vislumbrar que mi nacimiento aquí fue un feliz accidente, pero accidente al fin y al cabo. De ahí que observe con respeto, pero con recelo y aprensión, a los que hacen de su patria chica un ídolo al que inmolan su vida, ideas y convicciones.

Si esto lo tenía claro antes, algunos acontecimientos que me han sucedido en los últimos meses subrayan todavía más mis creencias en este sentido. Cada vez me siento más ciudadano del mundo y me parecen más reduccionistas las visiones nacionalistas y estrechas en las que nos movemos por estos pagos. Mi bisabueno paterno, de apellido Felloni, llegó de Italia a finales del siglo XIX en busca de una vida mejor para los suyos. Se estableció en Bernedo y de allí pasó a Los Arcos donde se estableció. En Bernedo el secretario decidió españolizar su apellido y pasó a denominarse Felones.

Mi hijo mayor, un viajero impenitente, lleva recorridos ya muchos países en su mochila, México y Australia, entre ellos. Y, tras una estancia de dos años en China, ha contraido matrimonio con una ciudadana china, Carmen para nosotros, con estudios de psicología en Burdeos. Mi nieto, que no tardará en llegar, será un niño hispano-chino, ciudadano del país más poderoso del mundo cuando llegue a la mayoría de edad. Por supuesto que intentaré que conozca España y Navarra, parte esencial de su cultura paterna. Pero será, sin duda, un ciudadano global del mundo en que vivimos al que le resultarán muy extraños las vivencias de los nacionalismos tan en boga por estos lares.

He asistido en directo a la boda, vía skype, de Carmen y Javier. Y no sé que me depararán las nuevas tecnología en los próximos años. Pero todo me servirá para fijar la vista en un mundo cada vez más pequeño y más global en el que todos sus habitantes deberían sentirse partes de una misma patria y un mismo destino: una humanidad lo más feliz posible.

 

 

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