Ejercicios de supervivencia

semprun

Hace unos años dediqué uno de mis artículos de “Desde La Solana” a Jorge Semprún con motivo de su muerte. Había leído algunos de sus libros, me interesaba su trayectoria política y su evolución desde el marxismo hasta la socialdemocracia, y compartí con él un viaje de Pamplona a Roncesvalles, él como ministro y yo como consejero de Cultura, que me resultó muy interesante política y personalmente. Hoy vuelvo sobre su persona y su obra para comentar brevemente para ustedes un libro póstumo que acabo de terminar de leer: “Ejercicios de supervivencia”.

Se trata de un libro muy breve, apenas esbozado, en el que el autor, casi al final de sus días, vuelve sobre un episodio especialmente difícil de su biografía vital: su detención por la Gestapo como miembro de la resistencia francesa y su internamiento y tortura en el campo de exterminio de Buchenwald.

El libro y el tema se prestaban a una encendida hagiografía que cuantos hemos visitado alguna vez un campo de concentración hasta hubiéramos entendido. Yo precisamente visité Buchenwald en una viaje oficial a Alemania, al poco de la reunificación alemana, y quedé profundamente impresionado y horrorizado de lo que allí contemplé. Pero Semprún, pese a proceder de una rica y culta familia desgarrada por la guerra civil, se acerca a esa etapa de su vida con un pudor extremo, tanto como preciso es en la enumeración de las diferentes torturas utilizadas con él y sus camaradas.

El libro es una emocionante reflexión sobre la fraternidad y la solidaridad frente a la injusticia y la tiranía y un ejemplo de que en la vida “el idealismo, la generosidad, la valentía y la convicción moral son razones sólidas para sobrevivir”, como indica Vargas Llosa en el prólogo.

He aquí algunos párrafos, que me han llamado la atención:

“Diría mas, fue en Auxerre, en la villa de la Gestapo, bajo la tortura, donde cobré auténtica conciencia de la realidad de mi cuerpo. Antes, mi cuerpo y yo no formábamos más que un ser difuso: era mi cuerpo sin saberlo. A fuerza de ser yo mismo, además, mi cuerpo no existía para sí. No había ninguna distancia, antes de aquellas largas jornadas de interrogatorio, entre mi alma -mi voluntad, mis deseos, mis caprichos incluso- y ese cuerpo disponible, siempre apto para el esfuerzo y el relajamiento. En Auxerre tuve la sensación, retrospectivamente, de no haber tenido nunca cuerpo. Como si me encarnase en el dolor, como si éste me hiciese descubrir al mismo tiempo que mi cuerpo su fragilidad, sus miserias, su finitud. Sentí tanto mi cuerpo que éste se convirtió, en cierto modo, en una entidad separada, quizá autónoma -peligrosamente autónoma-, como un ser distinto. En ciertos momentos, más aún: un para-sí hostil, enemigo de la idea del Yo que había elegido, a la par como herencia y como proyecto”.

Semprún trae a relucir algunas ideas expresadas por Jean Améry, un escritor como él detenido por la Gestapo y autor de reflexiones fundamentales sobre el universo concentracionario:“el que vive inmerso en el dolor de la tortura siente su cuerpo como nunca antes. Su carne se realiza totalmente en la autonegación” o “aquel que ha sido sometido a la tortura es incapaz en lo sucesivo de sentirse en su casa en el mundo. El ultraje del anonadamiento es indeleble. La confianza en el mundo que desquicia ya el primer golpe recibido y que la tortura acaba de apagar por completo es irrecuperable. Semprún subraya que no está de acuerdo con su segunda afirmación. “Mi experiencia personal me dicta todo lo contrario, en efecto. Mi experiencia personal me enseña que no será la víctima sino el verdugo -si éste se salva, sobrevive en una existencia posterior, aun anónima y aparentemente apacible- quien no se sentirá más en su casa en el mundo, por más que diga, por más que finja. La víctima, por el contrario, y no sólo si sobrevive a la tortura, incluso durante ésta, en todos los intersticios de tregua bienvenida, aunque efímera, la víctima aferrada a su silencio ve multiplicarse sus vínculos con el mundo, ve arraigar, ramificarse, proliferar, las razones de sentirse-en-casa en el mundo”.

He aquí la reflexión que le produce la Transición al hilo de un encuentro frío con un comisario que se encargó de seguirle en la clandestinidad: “La Transición española hacia la democracia había tenido, entre otras causas, el doble motor, la doble motivación, extraordinariamente eficaz, fértil -cuando menos en el momento mismo- de la amnistía y de la amnesia, surgidas ambas de las profundidades de la voluntad popular”.

Un libro, en definitiva, breve, reflexivo, profundo y de interés.

Ficha bibliográfica: SEMPRÚN, J., Ejercicios de supervivencia, Tusquets editores, Barcelona, 2016.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s