Cifras para un reto

 

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Esta era la situación de Navarra en 2008, al inicio de la crisis

Navarra accedió a la segunda mitad del siglo XX con las señas de identidad que habían caracterizado en términos socioeconómicos su devenir histórico: una sociedad agraria y tradicional. Pero a partir de ese momento, la Comunidad Foral aceleró su proceso de cambios en proporción muy superior a lo reflejado a lo largo de su historia. La economía de base agraria dejó paso a una producción industrial y a un desarrollo de los servicios que han elevado considerablemente los niveles de riqueza. Un solo dato refleja como ninguno el avance experimentado. En el año 2007, momento previo al estallido de la crisis, Navarra había escalado al puesto 32 de las regiones europeas más ricas, de entre las 270 que componían la Unión Europea, tras aprovechar el intenso crecimiento de las dos décadas anteriores. En ese año, su PIB por persona suponía, medido en paridad de poder de compra, el 132 % de la media europea. Apenas un reducido número de regiones del centro y norte de Europa, además de los principales centros financieros y capitales, superaban a Navarra y, en el caso de España, solo la Comunidad de Madrid estaba por delante.

Han pasado 9 años desde entonces y la crisis nos ha afectado más de lo que hubiéramos deseado. Ésta se ha asentado también entre nosotros con el riesgo de permanencia que implica. Con el peligro además de que los problemas coyunturales tienden a cronificarse: desregulación casi absoluta del mercado de trabajo, crecimiento del paro juvenil hasta límites intolerables, generalización de los sueldos mileuristas que impiden una real emancipación, crecimiento de las tasas de pobreza severa y avance de la dualización de la sociedad.

Este impacto lo han recogido de forma palmaria las cifras de Eurostat, la oficina europea de estadística. En 2010, Navarra había perdido 6 posiciones, pero se mantenía en el puesto 38, sólo por detrás en España de la Comunidad de Madrid y la Comunidad Autónoma Vasca, que nos adelantó. Pero lo peor estaba por llegar. Según los datos de 2014, Navarra había descendido hasta el puesto 58 de las 272 regiones que actualmente componen la UE. Nada menos que 26 puestos desde el año 2007, frente a 11 puestos de la Comunidad de Madrid y 10 de la Comunidad Autónoma Vasca. El último dato publicado sitúa a Madrid en el puesto 39 con un PIB del 128% de la media europea, a la Comunidad Autónoma Vasca en el 48, con un 122%, y a Navarra en el 58 con un 116%. Vistos estos datos, el optimismo del Plan Moderna resulta cuando menos sorprendente. Preveía el puesto 30 para 2015, el 25 para el 2020 y el 20 para el 2030. Como se ve, el papel lo aguanta todo.

¿ Y cómo nos vemos nosotros? El Panel de Tendencias de Navarra que la asociación Co.Ciudadana lleva dos años elaborando, nos da el siguiente mapa de situación: Navarra es un tierra con sólidos valores cívicos, fuerte conciencia medioambiental, mayor responsabilidad fiscal que la media de nuestro entorno, fuerte apuesta por la igualdad de género y la participación ciudadana, y creciente desapego hacia la clase política. Como fortalezas se subrayan el autogobierno, la educación y nuestro peso industrial. Y como debilidades aparecen la alta dosis de autocomplacencia y la falta de emprendimiento que se percibe en la sociedad.

También en esto, los últimos datos de Eurostat resultan preocupantes. Según el Cuadro de Indicadores de Innovación Regional 2016, las regiones se clasifican en cuatro grupos: líder en innovación (36 regiones), fuerte en innovación (65 regiones) , innovación moderada e innovación modesta. En el estudio que ofrece una evaluación comparativa del rendimiento de la innovación de 214 regiones de la Unión Europea, Navarra se ha descolgado en los últimos años del grupo “fuerte en innovación”, en el que estaba con la Comunidad Autónoma Vasca hasta 2014. Lamentablemente hemos abandonado la lista de los cien primeros, habiendo descendido en los dos últimos años un 22%, la mayor caída de todas las regiones españolas.

Si la carrera de la innovación es un factor determinante para la prosperidad futura, ¿a qué esperamos para revertir la situación? En nuestro caso se trata de revisar el modelo, involucrar a todos los sectores interesados, en especial a la Universidad Pública de Navarra y a la Universidad de Navarra, además de centros de investigación y empresas, incrementar los recursos públicos y privados y recabar las ayudas europeas pertinentes.

Estas políticas deberían primar por encima de obsesiones identitarias e ideologicas. ¿No es posible un acuerdo mayoritario, si no unánime, en torno a estos temas? El estudio y aprobación del presupuesto de 2017 es un buen momento para intentarlo.

Diario de Navarra, 27/10/2016

 

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