Vísperas de investidura

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Miembros de la Gestora del PSOE

He asistido con mucho interés, preocupación y cierto desconcierto al proceso de reflexión llevado a cabo por el PSOE, partido en el que milito desde 1986, tras los resultados electorales de diciembre de 2015 y julio de 2016. He sido presidente del PSN-PSOE y, en consecuencia, no he querido interferir públicamente en la toma de postura de mi organización. Pero a quien me lo ha preguntado, también de la dirección, le he manifestado claramente mi posición. Resultaba obligado intentar formar gobierno alternativo al del PP, y aplaudo el intento. Pero una vez demostrado que no era posible sin violentar principios para nosotros infranqueables, fui partidario desde primera hora de dejar gobernar al partido más votado, con unas claras contrapartidas que permitieran apreciar a la ciudadanía que no era el interés del partido lo que nos guiaba. Estas contrapartidas tenían que ver con dos ámbitos bien distintos: el primero, superar problemas que nos aquejan como país, caso del intento de independencia de Cataluña y una reforma, por limitada que fuera, de nuestra Constitución que abarcara el título VIII, que hace aguas por todos los lados; el segundo, tratar de revertir leyes dañinas para el conjunto de la población, en especial de los sectores más necesitados, caso de la reforma laboral o la LOMCE. Si esto se hubiere llevado a efecto entonces, ambos bloques hubieran estado en la agenda de las negociaciones, sin descartar la exigencia de la retirada de Rajoy. Hoy esto no es posible y, una vez más, queda demostrado que en política el principio de la oportunidad debe ser tenido muy en cuenta.

No discutiré las razones de los partidarios del no, que son poderosas y tienen todo el sentido, pero llegados a este punto se trataba de minimizar el daño, y yo creo, respetando opiniones de compañeros a los que aprecio y valoro mucho, que la abstención es el mal menor.

Pero hay dos cosas que restan por solventar y que no son menores. La primera es el trance de votar la abstención, que corresponde a los 84 diputados del Congreso. He vivido una situación similar, cuando el PSOE obligó al PSN a abstenerse y facilitar la investidura de UPN hace unos años. Todavía recuerdo que fue un 16 de agosto. Fernando Puras, coherente con su propuesta, dimitió y el resto del grupo parlamentario nos abstuvimos en bloque. ¿Qué pasará en esta ocasión? Corresponde a la gestora conducir con criterio y cintura una situación que puede tensar todavía más el partido. Por ello, soy partidario de propiciar solo 11 abstenciones, para evitar una quiebra del grupo parlamentario. Caso de que no sea posible, sería partidario de la objeción de conciencia, sabiendo que en un partido como el nuestro, esto abre una espita peligrosa que podría ser invocada en más de una ocasión. Si finalmente se opta por la votación en bloque, creo que se debería actuar con magnanimidad con los discrepantes. Intentar cerrar filas y optar por un modelo cerrado de partido no me parece prudente ni oportuno en la situación actual.

Y a partir de ahora, a ejercer una oposición constructiva. No es fácil gobernar desde el Parlamento. También en eso los socialistas navarros podríamos contar nuestra propia experiencia. Pero hay margen para intentarlo. Confío en que después de una etapa convulsa, vuelva a instalarse en el sentir de todos el deseo de superar la crisis y trabajar al servicio de las clases más necesitadas, verdadera razón de nuestra existencia.

 

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