Ensayos

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Me compré este pequeño librito de 100 páginas en uno de mis viajes a Madrid para leer en el trayecto. Pero por una u otra razón no lo terminé y ha estado varios meses encima de mi mesa a la espera de encontrar un rato propicio para degustarlo.

Michel de Montaigne, hombre del renacimiento, es uno de los creadores del francés moderno y pionero del género de ensayo. Fue magistrado, juez y alcalde Burdeos, donde publicó en 1580 sus dos primeros libros de Ensayos.

La selección preparada por Rafael Gómez Pérez, trata de dar con algunas de las principales “tesis” del autor en el ámbito de la ética y de las costumbres, además de un lúcido testimonio de sí mismo.

En una breve introducción, Rafael Pérez nos presenta a Montaigne en el espacio y en el tiempo que le tocó vivir. Discute su supuesto escepticismo, su idea de la religión, las diferencias en este punto con Pascal, la variedad de los temas tratados, los héroes a los que admira y los personajes contemporáneos de nuestro autor.

La selección de ensayos, recogidos en 31 pequeños capítulos, contienen reflexiones interesantes, dignas de ser recordadas y tenidas en cuenta. Señalo algunas, a título de ejemplo:

“Propongo una vida baja y sin brillo, todo en uno. Una vida que se ajusta tanto a toda la filosofía moral como una vida particular y privada, o a otra de más alta alcurnia. Cada hombre lleva en sí la entera forma de la condición humana”.

“De natural, tengo un estilo cómico y privado, con una forma propia, inepta para las negociaciones públicas. Así es siempre mi lenguaje: demasiado apretado, desordenado, cortado, particular”.

“En la verdadera amistad, de la que soy experto, me doy a mi amigo más de lo que lo atraigo hacia mí. No solo prefiero hacerle yo el bien a que él me lo haga a mí, sino incluso que él se lo haga a sí mismo más que a mí”.

“Quien ha aprendido a morir ha desaprendido a servir. Saber morir nos libera de toda sujeción y constreñimiento. No existe mal alguno en la vida para quien ha entendido bien que la privación de la vida no es un mal”.

“Que no se les pida cuenta solo de las palabras de su lección, sino del sentido y de la sustancia. Y que juzgue del progreso que ha hecho, no por el testimonio de su memoria, sino de su vida”.

“Una cosa es el decir y otra el hacer. Hay que distinguir entre la prédica y el predicador. Algunos, en nuestros tiempos, han querido tener un buen juego atacando la verdad de nuestra Iglesia basándose en los vicios de algunos de sus ministros. Los testimonios a favor de la iglesia son de otro tipo. Y aquello es una manera tonta de argumentar y produciría confusión en todas las cosas. Un hombre de buenas costumbres puede tener opiniones falsas y un hombre malo puede predicar la verdad, incluso si no cree en ella. Hay, sin duda, una bella armonía cuando van juntos el dicho y el hecho; y no niego que el dicho, cuando es seguido por los hechos, tiene más autoridad y eficacia”.

“Hemos vivido ya lo suficiente para los demás; vivamos al menos para nosotros este final de la vida. Dirijamos hacia nosotros mismos y hacia nuestro bienestar pensamientos e intenciones. No es poca monta asegurarnos un retiro. Ya nos ocupa bastante la vida sin necesidad de añadirle otras cosas”.

Ficha bibliográfica: MONTAIGNE, Michel de, Ensayos, (selección de Rafael Gómez), Edit. Rialp. Madrid, 2015

 

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