Chupinazos festivos

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Rosa Hernández enciende la mecha del cohete festivo en Bargota. Diario de Noticias 28/8/2016

Una parte significativa del Diario de Navarra en verano lo constituye las noticias sobre las fiestas patronales de nuestros pueblos. Unas a otras se parecen como gotas de agua, pero para los vecinos de cada localidad las suyas son incomparables. Y, aunque los actos básicos se mantienen año tras año, las novedades aparecen en los ámbitos más variados.

Cuando Víctor Pastor y yo elegíamos en 2003 las fotos para nuestra monografía sobre Los Arcos, apreciamos un lento pero inequívoco cambio en la vestimenta festiva a partir de los años setenta. Hasta entonces, el día de la Virgen o del patrón era jornada de procesión, misa y mesa, ataviados con la mejor vestimenta festiva, ellas de estreno y ellos de traje y corbata en muchos casos. Solo el pañuelo rojo al cuello rompía el aire un poco solemne de la vestimenta de las fiestas de guardar. Hoy sería impensable que nuestros jóvenes pensaran que puede haber otra vestimenta festiva que no sea el blanco y rojo. En las fotos de los encierros de las décadas de los sesenta y setenta continúa sin ser habitual la actual vestimenta, aunque empieza ya a popularizarse como uniforme festivo.

Es en la década de los ochenta cuando el blanco y rojo se generaliza. Pero no para todos. Todavía recuerdo que yo, en señal de respeto, acudía como consejero al día grande de las fiestas de los pueblos a las que era invitado con traje y corbata de verano, sobre los que la autoridad municipal colocaba el pañuelo festivo al que se había añadido el escudo municipal.

Pero si hay un acto que haya crecido en importancia e intensidad emocional es, sin duda, el chupinazo. Tal vez la imitación de Pamplona marque impronta, pero este inicio, acompañado de entrega de premios e imposición de pañuelos a los nacidos en el año anterior, se ha convertido en un momento álgido de las fiestas. Y son muchos los que darían cualquier cosa por protagonizar este premio de la lotería municipal anual, un momentico único en el que los vivas a la patrona y a la localidad, tan iguales y tan diferentes, abren el periodo festivo. Lo habitual era que el chupinazo lo tirara el alcalde de la localidad el primer año y en los años siguientes lo hicieran los diferentes grupos municipales. Al fin y al cabo, son nuestros representantes y somos los ciudadanos quienes los hemos elegido. Pero la última novedad de nuestras fiestas, sobre todo este verano, ha sido la elección de personas o instituciones ajenas para protagonizar este momento cumbre en la vida anual de un pueblo. Les confieso que no acaba de gustarme el cambio, y eso que yo fui elegido en 2004, junto con Víctor Pastor, para lanzar el chupinazo festivo en Los Arcos como agradecimiento a nuestro libro sobre la localidad aparecido ese mismo año. La mayor parte de nuestros alcaldes y concejales están en la vida municipal por amor a su pueblo. No obtienen ni beneficios económicos ni sociales, sino preocupaciones, quebraderos de cabeza y algún disgusto con los vecinos. Si no van a tener ni siquiera la oportunidad de protagonizar los momentos más satisfactorios, pocos incentivos estamos dando para su continuidad y relevo. Pero, sin duda, el descrédito de la clase política, también ha llegado hasta aquí y amenaza con contaminarlo todo. Por ello, es una necesidad recordar que el sistema democrático es el mejor de los posibles y una injusticia que paguen justos por pecadores.

Y abierta la veda, ha comenzado el desfile. Este verano hemos visto aparecer en el balcón consistorial a deportistas locales, personas significadas en los ámbitos sociales, artísticos y culturales, comparsas de gigantes y cabezudos, y asociaciones variopintas. Seguro que casi todas se merecen este honor, ratificado en todo caso por las corporaciones municipales, pero me gustaría comentar brevemente la que más me ha gustado por el mensaje que encierra.

Todos tenemos ocasión de contemplar diariamente en nuestros pueblos y ciudades a personas mayores cogidas del brazo o llevadas en sillas de ruedas por mujeres de rasgos distintos a los nuestros, en su mayor parte sudamericanas, del este de Europa o magrebíes. Son personas que han dejado a sus familias para venir a cuidar a las nuestras. Ellas hacen posible que se conserve algo de vida en nuestros pueblos y que nuestros mayores sigan viviendo en su casa natal, que con buen criterio se resisten a abandonar. Pues bien, el ayuntamiento de Bargota decidió que fueran las ocho cuidadoras de sus mayores -Saadia Bahomman, Rosa Cortez, Asmae Bouzegaoui, Atanasia González, Mirca Megía, Ana María Ríos y Rosa Hernández- quienes protagonizaran el pasado 26 de agosto el chupinazo festivo. Quisiera creer que todos nos unimos a los bargotanos a la hora de abrir los brazos y arroparlas como unas vecinas más. Por mi parte, aplaudo la iniciativa y felicito a la corporación por su gesto fraternal y solidario. Y a todas ellas les deseo una satisfactoria estancia entre nosotros.

Diario de Navarra, 15/9/2016

 

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