El modelo de la UPNA: una revisión pendiente

bibliteca-upna

Vista parcial del interior de la biblioteca de la UPNA

El día 21 de abril de 1987, el Parlamento de Navarra aprobaba la Ley Foral de Creación de la Universidad Pública de Navarra. Culminaba así un periodo corto en años pero intenso en actividad e iniciativa en el que, en el marco de la Constitución española y de la LORAFNA, y siguiendo las pautas de la Ley de Reforma Universitaria recientemente promulgada, una Cámara regional aprobaba por primera vez en España una universidad pública.

Los estudios previos se concretaron en una densa Memoria de 431 páginas que contenía, entre otros extremos, un modelo de universidad bien definido: creación ex novo, no duplicidad de la oferta respecto a la que ofrecía la Universidad de Navarra, atención preferente a las áreas técnicas y científico-técnicas, integración de los centros existentes, dimensiones medias, campus único en contacto con el casco urbano de Pamplona, estructura departamentalizada, y una oferta de estudios basada en la flexibilidad de los currículos, la ciclicidad real y operativa de los estudios y la máxima adecuación a las demandas de desarrollo material y cultural de Navarra.

El hacer de la necesidad virtud y conseguir un consenso social y político cada vez más amplio, creo que fueron algunas de las claves del éxito de una operación difícil en lo político, compleja en lo administrativo, exitosa en lo social y muy rentable en los ámbitos educativo, cultural y económico. Pese a todas sus insuficiencias, la Universidad Pública de Navarra, bien dotada de recursos humanos y materiales en sus casi treinta años de vida, ha sido una palanca clave en el desarrollo de la Comunidad y, en mi opinión, uno de los acontecimientos más importantes del último cuarto del siglo XX en Navarra.

El balance de lo realizado hasta hoy es razonablemente positivo. La Universidad Pública de Navarra se ha consolidado como una buena universidad generalista, con índices muy positivos en el conjunto de la universidad española en determinados ámbitos. Sorprende, no obstante, que universidades que se mueven en parámetros similares al nuestro, peor financiadas y peor dotadas de recursos humanos y materiales, superen en los diferentes rankings a nuestra universidad. Lo cual significa que no todo es cuestión de recursos, sino que otros intangibles como la calidad y el compromiso del profesorado, el liderazgo de los equipos directivos o la estructura organizativa y la gobernanza son elementos nada despreciables.

El modelo inicial ha experimentado mejoras paulatinas a lo largo de los años, pero en lo esencial se mantiene inalterado. Sin embargo, la Navarra que propició la Universidad en 1987 y al servicio de la cual nació ha experimentado cambios muy significativos. De ahí que resulte imperativo e inevitable hacerse una pregunta crucial: ¿El modelo actual de la Universidad Pública de Navarra es el que la Comunidad Foral necesita en el medio plazo? Jaume Pagés, uno de nuestros mejores expertos en materia universitaria, ex-rector de la Universidad Politécnica de Cataluña, y desde 2004 Consejero Delegado de Universia, una red constituida por unas 1.400 universidades de 23 países, prevé una verdadera revolución en el ámbito universitario en las próximas décadas y la desaparición de un buen número de universidades. Solo perdurarán y merecerán tal nombre, en su opinión, aquellas que cumplan algunos requisitos: especialización, internacionalización e integración regional. ¿Cumple la Universidad Pública de Navarra estos requisitos? Con el actual modelo, lo dudo, lo que unido a que es una de las universidades públicas más pequeñas de España en número de alumnos y la penúltima en titulaciones que expide, hace que el panorama no sea muy halagüeño. Se impone, por tanto, la revisión del modelo, tanto por convicción como por necesidad.

¿Y a quién corresponde tomar la iniciativa? En mi opinión, son cuatro las instituciones que deben actuar. En primer lugar, el Parlamento de Navarra, creador por ley foral de la institución, en quien reside la representación democrática de la ciudadanía. En segundo lugar, el Gobierno de Navarra, a quien corresponde la supervisión de la actividad educativa e interlocutor privilegiado con el equipo rectoral. En tercer lugar, el propio equipo rectoral con el rector al frente, gestor ordinario de los asuntos y máximo representante de la institución, que da cuenta de los mismos ante el Parlamento, el Gobierno y el Consejo Social. Y, en cuarto lugar, el Consejo Social, creado por el Parlamento como órgano de participación de la sociedad en la universidad y entidad que aprueba el presupuesto anual.

Adelanto que fijar el modelo no será fácil, requerirá esfuerzo, consenso y opciones preferenciales por unos ámbitos frente a otros. Se trata de decidir en qué queremos ser verdaderamente competitivos en un ámbito cada vez más globalizado. Y una vez decidido, actuar en consecuencia. Pero cuanto mas tarde lo hagamos, peor, porque otros ya se están adelantando. Solo hace falta voluntad política, ganas, determinación y mirar a nuestro entorno. No es necesario inventar nada, casi todo está descubierto. Disponemos de tres magníficas condiciones de partida: una Universidad que el actual rector quiere en la frontera; un gobierno que desea para la Universidad una mayor implicación social y manifiesta su compromiso inequívoco con la institución, como lo han hecho los ejecutivos anteriores; y una sociedad que siente esta Universidad como la suya y la ha financiado generosamente desde su nacimiento.

El curso que se abre estos días es especialmente propicio para la reflexión y el debate. Parlamento y Gobierno comienzan su segundo año de legislatura, tradicionalmente el más tranquilo y fructífero de los cuatro. El equipo rectoral encara también su segundo año con la reciente aprobación del IV Plan Estratégico 2016-2019 y un previsible acuerdo con el Gobierno de Navarra de financiación plurianual para la UPNA. Y el Consejo Social ha renovado recientemente su presidencia, y encara su actividad con un ambicioso plan de trabajo para el periodo 2014-2016. Todas condiciones idóneas para propiciar un debate sosegado y fructífero.

La Navarra del siglo XXI nos exige una Universidad que responda a las necesidades de nuestro tiempo. Una Universidad concretada en la máxima adecuación a las necesidades de la Comunidad Foral, compromiso, calidad, especialización, internacionalización y cambios organizativos y de gobernanza.. Con una ventaja adicional, las reformas que vengan de fuera nos pueden ayudar, pero la verdadera reforma la tenemos que propiciar nosotros mismos.

Diario de Navarra, 6/9/2016

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s