Historia mínima de Cataluña

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A la hora de enfrentarse al estudio de un personaje, territorio o periodo histórico determinado, el historiador puede hacerlo en varios niveles de intensidad: el primero sería la monografía científica, en la que el estudio de las fuentes primarias, las notas a pie de página y la bibliografía suelen ocupar a veces tanto espacio como el texto propiamente dicho. La tarea es ardua, pero el historiador suele sentirse especialmente cómodo porque es un territorio acotado que normalmente domina y no resulta fácil ser rebatido en sus tesis. Pero estas monografías presentan un problema, su dificultad a la hora de la lectura por parte de los no especialistas y del público en general. Cuando el historiador ha alcanzado una cierta madurez o se siente especialmente dotado para ello, suele abordar textos de alta divulgación histórica en los que, sin perjuicio del rigor científico, se presentan libros aligerados de notas y referencias bibliográficas, que suponen visiones de conjunto. Aunque no lo parezca, la tarea es compleja porque la dificultad es grande y el riesgo no es pequeño.

En los últimos lustros, coincidiendo con la etapa democrática y el auge de la España de las autonomías, los textos sobre historias nacionales o regionales han proliferado, sobre todo en aquellos territorios con mayor demanda de autogobierno, que en no pocos casos han utilizado la historia para justificar supuestos orígenes nacionales al margen de los de la nación española. Como contrapunto a este auge, y con el deseo de presentar textos rigurosos donde los hechos históricos se sitúen por encima de mitos y prejuicios, la editorial Turner inició en 2012 una colección de “Historias Mínimas”, donde en poco más de 300 páginas se presentan síntesis elaboradas por destacados especialistas que tienen en común un contrastado prestigio científico, una visión abierta de la realidad histórica, y una mirada no nacionalista. Por el momento han aparecido la Historia Mínima de España, de Juan Pablo Fusi en 2012, de la que dí cuenta hace años en esta misma sección; la Historia Mínima del País Vasco, de Ion Juaristi en 2014; la Historia Mínima de Cataluña, de Jordi Canal en 2014; y la Historia Mínima de Galicia, de Justo Beramendi en 2016.

Dado que estamos próximos a la Diada, que tendrá lugar el 11 de septiembre, y que el problema catalán emergerá de nuevo al primer plano de la actualidad en cuanto se forme gobierno en España -que cuando quiera es hora- , permítanme que les presente la “Historia Mínima de Cataluña” de Jordi Canal, un especialista en carlismo y éxodos históricos que vive entre Gerona y París, donde ejerce como profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales.

Cuando la leí hace dos años, me llamó la atención su extraordinario prólogo, que condensa muy bien las intenciones del autor, la ausencia de fanfarrias épicas, tan propia de otras historias catalanas, su espíritu crítico con personajes, hechos históricos o símbolos casi sacralizados, y su valentía al acercar el relato hasta el verano de 2015, con referencias a Pujol y el “procés” incluidas. En palabras del autor, su intención es “explicar la historia de Cataluña con normalidad, sin prejuicios, de manera desapasionada y no lineal, en su contexto, y, asimismo, atendiendo a su complejidad”. Los dos últimos años, en un proceso desenfrenado hacia la declaración unilateral de independencia que no ha amainado, sino que de la mano de la CUP ha puesto fecha en 2017 a esta declaración, han reforzado el valor de la obra, no solo para Cataluña sino para España en su conjunto. De ahí la oportunidad de sugerírsela a ustedes como introducción a un curso político que por muchas razones se presume apasionante.

De entrada, me gustaría destacar que no estamos ante una obra de combate. Canal no pretende desmontar mitos, no intenta aleccionar, tan solo aspira a relatar la historia de Cataluña a través de sus documentos, del estudio académico y del rigor científico, ni más ni menos. El resultado es la historia de un territorio que, en su opinión, ni es una nación cuyo origen se remonta a tiempo inmemorial, ni una tierra que carece de mayor singularidad. Jordi Canal nos muestra una Cataluña con identidad propia muy marcada y con una historia rica en matices y contextos. Una historia en la que, a pesar de que la política constituya su espina dorsal, se tratan también aspectos económicos, sociales y culturales.

Carlos Martínez Shaw, historiador, catedrático durante años de historia moderna en la Universidad de Barcelona y miembro de la Real Academia de la Historia, nos dice: “Jordi Canal consigue explicar la historia de una comunidad histórica con normalidad, anteponiendo el rigor a la manipulación, en menos de trescientas páginas”, lo que añade, subrayo yo, valor a su obra en la medida en que es asumible y comprensible.

Diario de Navarra, 1/9/2016

 

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