Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado

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Este pequeño librito de tan peculiar título recoge cinco cartas de amor presuntamente escritas por una monja portuguesa, Sor Mariana Alcoforado, nacida en Beja en 1640 y encerrada desde los dieciséis años en el convento de clarisas de Nuestra Señora de la Concepción de Évora. En cuanto al ingrato galán receptor de las ardientes misivas, sería un oficial francés, Noël Bouton de Chamilly, conde de Saint-Leger, nacido en 1615, que estuvo en Portugar de 1663 al 1668 formando parte de las tropas que, para apoyar a las inglesas, Luis XIV habría mandado contra Felipe IV de España. Fue un hermnao de Mariana, Baltazar, que servía en el mismo ejército, quien propició el conocimiento de ambos.

Con sospechas y desmentidos desde el primer momento, hoy queda poca duda de que el autor es un tal Gabriel de Guilleragues, un gentilhombre gascón introducido en los círculos literarios de París y amigo de Racine. Hay que señalar, eso sí, que las cartas tuvieron un éxito extraordinario y, en la tradición de la más ardiente pasión amorosa, fueron unas adelantadas del más alto amor romántico.

Las cinco cartas condensan una historia de exaltado amor no correspondido que permite a la mujer extremar los razonamientos en torno a su amado al que echa en cara su actitud, aunque en ningún caso quiere romper los lazos, siquiera epistolares con él, pese a que eso le cueste la honra, la salud y la vida.

“Recuerdo, a pesar de todo, haberte dicho alguna vez que me ibas a convertir en una desgraciada; pero eran temores que se desvanecían inmediatamente; me gozaba en sacrificarlos para ti y abondonarme de nuevo al retorcido hechizo de tus protestas. Conozco bien el remedio a mis males, y sé que solamente con dejarte de amar me vería libre de ellos. Pero ¡qué triste remedio!, mejor seguir sufriendo que olvidarte. Y además, ¡ay de mí!, ¿acaso está en mi mano?. Ni por un instante he pensado acusarme de ello. En el fondo, más lástima me das tú, porque es preferible estar penando tanto como yo a disfrutar de los lánguidos placeres que tus amantes francesas te puedan proporcionar. No envidio en absoluto tu indiferencia, y me pareces digno de compasión. Te desafío a que me olvides por completo si puedes” (Carta segunda)

¿Cómo es posible que con tanto caudal de amor no haya sido yo capaz de hacerte completamente feliz? Lo siento por tí, por los goces incalculables que te has perdido. ¿Cómo se explica que no te interesaran? Si los hubieras conocido, ¡ay!, te habrías dado cuenta sin duda de que son mucho más dulces que el mero logro de seducirme, y comprenderías que es algo mucho más conmovedor y más grande amar violentamente que ser amado”. (Carta tercera)

El libro se completa con dos piezas de interes. El epílogo lo constituye un ensayo publicado en 1889 por Emilia Pardo Bazán titulado “La Eloísa portuguesa” en el que la prosista gallega muestra un entusiasmo, tal vez excesivo, por el contenido de las cartas. No obstante, las páginas tienen interés por sí mismas como ejemplo de su rotunda prosa.

La traducción y el prólogo son obra de Carmen Martín Gaite. La autora repasa la historia de las cartas, su encaje en la literatura francesa y portuguesa y sitúa adecuadamente el contexto de las mismas.

En conjunto un libro para leer en una tarde apacible sobre el tema siempre eterno y novedoso del amor.

Ficha bibliográfica: Guilleragues, G.J. de, Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000

Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado

Este pequeño librito de tan peculiar título recoge cinco cartas de amor presuntamente escritas por una monja portuguesa, Sor Mariana Alcoforado, nacida en Beja en 1640 y encerrada desde los dieciséis años en el convento de clarisas de Nuestra Señora de la Concepción de Évora. En cuanto al ingrato galán receptor de las ardientes misivas, sería un oficial francés, Noël Bouton de Chamilly, conde de Saint-Leger, nacido en 1615, que estuvo en Portugar de 1663 al 1668 formando parte de las tropas que, para apoyar a las inglesas, Luis XIV habría mandado contra Felipe IV de España. Fue un hermnao de Mariana, Baltazar, que servía en el mismo ejército, quien propició el conocimiento de ambos.

Con sospechas y desmentidos desde el primer momento, hoy queda poca duda de que el autor es un tal Gabriel de Guilleragues, un gentilhombre gascón introducido en los círculos literarios de París y amigo de Racine. Hay que señalar, eso sí, que las cartas tuvieron un éxito extraordinario y, en la tradición de la más ardiente pasión amorosa, fueron unas adelantadas del más alto amor romántico.

Las cinco cartas condensan una historia de exaltado amor no correspondido que permite a la mujer extremar los razonamientos en torno a su amado al que echa en cara su actitud, aunque en ningún caso quiere romper los lazos, siquiera epistolares con él, pese a que eso le cueste la honra, la salud y la vida.

“Recuerdo, a pesar de todo, haberte dicho alguna vez que me ibas a convertir en una desgraciada; pero eran temores que se desvanecían inmediatamente; me gozaba en sacrificarlos para ti y abondonarme de nuevo al retorcido hechizo de tus protestas. Conozco bien el remedio a mis males, y sé que solamente con dejarte de amar me vería libre de ellos. Pero ¡qué triste remedio!, mejor seguir sufriendo que olvidarte. Y además, ¡ay de mí!, ¿acaso está en mi mano?. Ni por un instante he pensado acusarme de ello. En el fondo, más lástima me das tú, porque es preferible estar penando tanto como yo a disfrutar de los lánguidos placeres que tus amantes francesas te puedan proporcionar. No envidio en absoluto tu indiferencia, y me pareces digno de compasión. Te desafío a que me olvides por completo si puedes” (Carta segunda)

¿Cómo es posible que con tanto caudal de amor no haya sido yo capaz de hacerte completamente feliz? Lo siento por tí, por los goces incalculables que te has perdido. ¿Cómo se explica que no te interesaran? Si los hubieras conocido, ¡ay!, te habrías dado cuenta sin duda de que son mucho más dulces que el mero logro de seducirme, y comprenderías que es algo mucho más conmovedor y más grande amar violentamente que ser amado”. (Carta tercera)

El libro se completa con dos piezas de interes. El epílogo lo constituye un ensayo publicado en 1889 por Emilia Pardo Bazán titulado “La Eloísa portuguesa” en el que la prosista gallega muestra un entusiasmo, tal vez excesivo, por el contenido de las cartas. No obstante, las páginas tienen interés por sí mismas como ejemplo de su rotunda prosa.

La traducción y el prólogo son obra de Carmen Martín Gaite. La autora repasa la historia de las cartas, su encaje en la literatura francesa y portuguesa y sitúa adecuadamente el contexto de las mismas.

En conjunto un libro para leer en una tarde apacible sobre el tema siempre eterno y novedoso del amor.

Ficha bibliográfica: Guilleragues, G.J. de, Cartas de amor de la monja portuguesa Mariana Alcoforado, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000.

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