Una lectura navarra del 26-J

reSULTADOS nAVArra

El pasado 26 de junio se celebraron en España elecciones generales. Ganó con holgura el PP, lo que le legitima para intentar gobernar y le obliga a buscar los apoyos necesarios para ello. Los resultados del PSOE fueron malos, pero las expectativas no cumplidas del sorpaso le permiten respirar momentáneamente con alivio. Que un partido emergente se coloque a los dos años de su nacimiento en 71 escaños es objetivamente un gran logro, pero las expectativas eran tales que casi todos consideran el resultado un fracaso sin paliativos. Y, finalmente, Ciudadanos ha comenzado a experimentar en sus carnes que el tan deseado centro es un espacio difícil de alcanzar y más difícil de sostener. En definitiva, ni el bipartidismo ha muerto, ni los partidos emergentes están en condiciones de sustituirlos.

Navarra ha participado con su escaso peso demográfico en estas elecciones generales. Y lo ha hecho dejando claro cuatro cosas: la primacía de UPN-PP, el éxito indudable de Podemos, la resistencia del PSN-PSOE y el fracaso de los nacionalistas, estruendoso en el caso de Geroa Bai.

Pero dejando claro que han sido unas elecciones generales y que sus resultados no pueden ser miméticamente convertidos en forales, una lectura detenida de los mismos nos permite apreciar algunos datos que tal vez estén llamados a marcar tendencia en próximas citas electorales.

UPN apunta a que seguirá siendo el primer partido de Navarra. Tiene por delante tres años para consolidar el liderazgo de su presidente, recuperar buena parte del poder municipal perdido y representar a la ciudadanía navarra que no se siente cómoda con el PP de Rajoy.

Podemos es, sin duda, la fuerza emergente. Ha sabido aglutinar el voto juvenil y del descontento que le exige fundamentalmente mejoras sociales, limpieza absoluta y otra forma de gobernar. Hasta ahora, su balance es muy pobre. Sostiene disciplinadamente, pese a algunas salidas de tono, a un gobierno que ha primado lo identitario sobre lo social y apenas ha condicionado sus políticas, pese a disponer de una fuerza similar en escaños a la de los dos grupos nacionalistas. Ahí está su reto. Tras las dos últimas elecciones es el grupo más fuerte del cuatripartito y está en situación de condicionar la segunda parte de la legislatura. De que lo haga en un sentido o en otro dependerá que sea visto por su electorado como comparsa o como verdadera alternativa al nacionalismo, al que ha puesto en evidencia.

El PSN-PSOE, tras una etapa de descensos continuados, apunta a un cambio de tendencia. Un liderazgo progresivamente consolidado, una relativa paz interna, y una oposición nítida y constructiva, como se evidencia en Educación, le están permitiendo convertirse en la verdadera alternativa socialdemócrata frente al nacionalismo exacerbado de unos y al populismo de otros. Pero su espacio, achicado por los extremismos de uno y otro signo, y su escaso eco urbano y joven, requieren un esfuerzo adicional y continuado, ideas claras y políticas transversales nada fáciles.

Los nacionalistas se encuentran en un difícil dilema. Estarían ciegos si no apreciaran los peligros que les acechan. Aunque las elecciones generales no sean su campo más propicio, los resultados no pueden ser ocultados: malos en el caso de Bildu y desastrosos en el caso de Geroa Bai. Este último, no lo olvidemos, es el partido de la presidenta, que aparecía en los carteles electorales como referencia. Supongo que para Daniel Innerarity, intelectual al que leo con interés, habrá sido todo un ejemplo práctico de la diferencia entre teoría y realidad en el complejo mundo de la política. Que esto suceda tras un año de gobierno, añade todavía más gravedad al panorama. Podemos le ha arrebatado el voto joven y el del descontento, que parecía patrimonio de Bildu, y las cifras del voto nacionalista han menguado significativamente. ¿Traerá esto consecuencias?

Aún hay un último dato digno de interés. Pese a que Ciudadanos haya perdido 4.500 votos, todavía conserva 20.343, ¡6.000 votos más que Geroa Bai! y el 6,09% de los sufragios. Si los traducimos en escaños, los suficientes para conformar una mayoría alternativa, susceptible de dar un vuelco al mapa foral. Los votos que faltaron a Ciudadanos en las forales de 2015 y permitieron la conformación del cuatripartito, podrían ser, de continuar esta tendencia, los que decantaran el balance en un sentido o en otro en las próximas elecciones. Atinar en su programa foral, verdadero punto débil de la formación en Navarra, es su reto inmediato.

¿Ciencia ficción? Puede ser, pero los partidos navarros deberían tomar buen nota. Los ciudadanos les hemos pedido a unos que gobiernen y a otros que hagan oposición. Y a todos que primen el interés general. Dado lo apretado del resultado, cada voto es un tesoro que están obligados a conquistar.

Diario de Navarra, 3/7/2016

 

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