Viaje a Irán. Teherán, la última capital de una larga serie (II)

Llegamos a Teherán a las 5 de la mañana. El inmenso avión aterriza suavemente en la pista del aeropuerto, situado en medio de un inmenso secarral a 35 kilómetros de la capital. Un problema con el pasaporte de Trini, una de las compañeras de viaje, nos retrotrae a los momentos de la guerra fría. Tras un tira y afloja que dura más de una hora, a lo que se une un paso de aduana propio del manual del perfecto e inútil burócrata, conseguimos salir al exterior. Lamentablemente dejamos a Trini y Pello, su solidario marido, en el aeropuerto solucionando el problema y, ya amanecido, nos acercamos a la capital.

Como el aeropuerto está situado al sur, en medio de la llanura mesetaria, la sorpresa es grande a medida que nos acercamos a Teherán. Antes de entrar, a pie de autopista, se encuentra el mausoleo del imán Jomeini, la última gran figura histórica del nuevo Irán. Forma un enorme complejo con cuatro minaretes forrados de bronce dorado y una gran cúpula, a la que se añaden infraestructuras hoteleras de gran tamaño. La última desmesura, aún sin terminar, del culto al lider, tan arraigada en pueblos y culturas distintas. En esto, comunismos, fascismos y fundamentalismos de todo tipo se dan la mano.

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Una escena que se repetirá multitud de veces en el viaje: Morti explica y el grupo escucha atentamente

Dejamos las maletas en el hotel, situado en una avenida céntrica de la capital, desayunamos con el yogur como plato estrella y sus múltiples variantes de mermeladas y salimos a la calle. El pañuelo es obligatorio y el chador negro es mayoritario entre las mujeres, tengan la edad que tengan.

Teherán es la última capital del Estado habida hasta ahora. Situada al pie de la montaña, de hecho etimológicamente significa “bajo la montaña”, en estos momentos todavía nevada, fue poco más que una ciudadela amurallada durante la dinastía safávida, y sólo en el siglo XVIII, con la dinastía kajar se convirtió en la capital del país. Los reyes la dotaron de palacios y dependencias administrativas donde fijaron su residencia y su corte.

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Vista exterior de una parte del complejo Golestán

El complejo Golestán, nombre del conjunto, designa a una serie de edificios de ladrillo, modestos en su apariencia exterior pero deslumbrantes en su interior. El mosaico y el ladrill0 dominan por fuera, mientras que el interior es la apoteosis del estuco y los espejos.

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Uno de los tronos instalados en el interior del Golestan

Reformados por los Pahlevi, padre e hijo se coronaron en el “trono del pavo real” y aquí tuvieron sus dependencias. Lástima que el conjunto desmerezca con una serie de anodinos edificios administrativos que Pahlevi padre mandó construir como símbolo de modernidad, arrasando buena parte del primitivo conjunto. Pahlevi hijo, con Soraya primero y Farah Diba después, levantó su propio palacio como residencia personal y familiar en la ladera de la montaña. El ajuar, comprado en Europa a semejanza de las monarquías europeas, refleja el carácter entre opulento y decadente que caracteriza a buena parte del siglo XIX. Convertido en museo histórico y arquitectónico con el triunfo de la revolución islámica en 1979, es desde 2013 Patrimonio de la Humanidad como ejemplo de fusión de estilos y culturas.

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Descanso en la escalerilla en los jardines del complejo

Pero Teherán carece de un casco histórico propiamente dicho como tienen buena parte de las ciudades con historia. La urbe, que se extiende a lo largo y ancho de más de 1.000 kilómetros cuadrados, es fea, destartalada y carente de una imagen propia. Pero no faltan edificios de interés.

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Sala del Museo del Vidrio y la Cerámica

El  Museo del vidrio y la cerámica ocupa una mansión particular levantada por un político persa en los años veinte del pasado siglo. Modesta en dimensiones y muy hermosa en su diseño de fachada y escalera principal, fue sucesivamente embajada de países distintos y oficina de Farah Diba en su gestión de los asuntos culturales, hasta convertirse en el museo que es hoy. Un museo con pocas piezas pero bien seleccionadas, con una buena propuesta didáctica y un acertado diseño.

Tras la comida en uno de los hoteles donde el gusto estético no abunda, cansados ya tras 24 horas sin dormir adecuadamente, iniciamos las últimas visitas a la capital.

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Fachada del Museo Nacional

El Museo Nacional de Irán ocupa un edificio inaugurado en 1937 muy digno, aunque ya necesitado de una remodelación a fondo. Pero sus colecciones son de primer nivel. Sobresalen, además de las culturas prehistóricas, elementos clave de la cultura meda, aqueménida, seléucida, parta y sasánida. Los famosos arqueros de la escalinata de Persépolis y los relieves vidriados justifican por sí solos su visita.

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Una escena de la escalinata de Persépolis

Para terminar, un museo monográfico también de gran interés. El Museo de las alfombras, levantado en tiempo del último sah, es un edificio diseñado para tal fin. Reúne una impresionante colección de tapices antiguos procedentes de los distintos lugares de la antigua Persia.

Literalmente derrengados, nos encaminamos al hotel. Una siesta y una ducha reparadora logran casi el milagro. Consigo descansar y dormir, y recuperar fuerzas para volver a la calle. Lo que ahora nos interesa es el lado humano de un país mal conocido, peor visto por occidente e injustamente valorado.

¿Es éste el eje del mal? No lo creo. El país tiene a mi juicio dos serios problemas de cara al futuro: la evolución política nada fácil desde una república islámica fundamentalista a un régimen de libertades más o menos homologable; y el aprovechamiento de la riqueza petrolífera y gasística paa dotar al país de una sólida evolución económica que permita la consolidación de una clase meida que aporte estabilidad y futuro.

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Una de las joyas del Museo de Alfombras

Pero si no fuera por el aspecto de sus mujeres y la omnipresencia de las fotos de los líderes religiosos y políticos, nada nos haría pensar en un país sojuzgado, teocrático y retrógado. Algo se mueve. Esta sociedad no podrá aguantar mucho tiempo sin reformas significativas. Sólo cabe desear que, frente a otras sociedades que hemos visitado en los últimos años, no caiga la barbarie sobre ellas y acierten en su propio camino.

El país necesita estabilidad y un difícil equilibrio, en una región que es literalmente un campo minado. Irán está llamado a liderar política, militar y demográficamente esta región del Medio Oriente. A todos nos irá bien que encuentre su camino.

 

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