El Patrimonio inmaterial de Navarra

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Hojalatero con niños. Nicolás Ardanaz, hacia 1960

 

Que el tiempo pasa veloz es una constatación cada vez más evidente a medida que une cumple años. Pero aunque las manecillas del reloj avancen a igual ritmo en todos los lugares de la tierra, la percepción humana es claramente distinta en función de la edad, la coyuntura, la sociedad o el contexto vital. Todos hemos experimentado en mayor o menor medida esas noches que se hacen eternas  y esos días que pasan vertiginosamente. Lo mismo sucede con las sociedades. Aunque el tiempo cronológico les sea aplicable por igual, las hay en las que apenas pasa nada reseñable durante decenios, mientras que otras viven en una generación cambios que en puridad podemos llamar de verdad históricos. Ese es el caso de la Navarra de ayer y de hoy. Apenas somos conscientes del gigantesco cambio que han tenido oportunidad de vivir nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros mismos, la generación de la posguerra. Del futuro sólo intuimos algunas cosas, pero las tendremos aquí en un abrir y cerrar de ojos.
Hay veces, no obstante, en que una imagen o una foto te obliga a darte de bruces con esta realidad. Así me ocurrió a mí el otro día cuando en esta misma sección me topé con una foto inserta en una exposición que les recomiendo, titulada “Inmaterial. Patrimonio y memoria colectiva”, que se puede admirar estos días en el Museo de Navarra. La instantánea, obra del fotógrafo navarro Nicolás Ardanaz es de hacia 1960 y nos presenta a un hojalatero de aquellos que venían a nuestros pueblos a arreglar los cacharros de la gente modesta, rodeado de niños y niñas que lo observan curiosos y sorprendidos. El hojalatero parece sentado en un poyo de piedra, con el suelo sin asfaltar y apoyado  en una pared de sillarejo y adobe, con una ventana y una reja diminutas detrás. Les aseguro que yo podía ser uno de estos niños, ya que recuerdo  perfectamente haber asistido a escenas similares en mi infancia, y las fotos de mi álbum familiar en la escuela de las monjas o don Paulino  recogen vestimentas y atuendos muy parecidos.
Pero aquella sociedad prácticamente ha dejado de existir y apenas nos quedan sus huellas físicas. Recuerdo las vueltas que tuvimos que dar Víctor Pastor y yo en el año 2004 para documentar una casa semejante a la de la foto, representiva por cierto de de los grupos sociales más humildes de Los Arcos.
Llegados a este punto, la pregunta es obligada: ¿Quién se encarga de guardar la memoria de aquella Navarra que está a punto de desaparecer? Aunque es mucho lo perdido, afortunadamente hay instituciones que lo hacen.
Entendemos por Patrimonio Cultural Inmaterial “toda manifestación cultural viva asociada a significados colectivos compartidos y con raigambre en una comunidad”. En Navarra, algunos hitos de esta preocupación serían los siguientes: la obra de Julio Caro Baroja, la revista Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra dedicados a este tema, la colección de documentales que desde 2001 se elaboran con la Editora Pyrene de Huesca, el trabajo del Museo Etnológico “Julio Caro Baroja” y de su directora Susana Irigaray, y finalmente la labor de la Cátedra de Patrimonio Inmaterial de la UPNA.
Esta Cátedra, creada en 2014 y que tiene a Patxi Salaberri y Alfredo Asiáin como cabezas visibles de un equipo numeroso y capaz, surge con la ayuda de distintas asociaciones a fin de recopilar y digitalizar la memoria de la sociedad tradicional navarra del siglo XX. Uno de sus proyectos más ambiciosos es la elaboración de un archivo multimedia, sonoro, audiovisual y textual del patrimonio oral e inmaterial de Navarra y de la Baja Navarra. Sus objetivos son la recopilación y transcripción primero, la clasificación, edición y estudio después, y por último la preservación y difusión de dicho patrimonio. Los más de 1500 testimonios procedentes de un gran número de poblaciones navarras avalan este trabajo. Doy fe de ello, porque en mi casa conservamos como un pequeño tesoro el vídeo de la larga entrevista realizada a mi madre, de 91 años, que afortunadamente goza de una mente lúcida y una memoria excelente.
La página web contiene una información abundante del proyecto. Pasear por sus páginas es una buena manera de familiarizarse con un mundo que se nos va. Pero las novedades continúan. La última que nos anuncian para el mes de abril es una recopilación de 32 canciones tradicionales navarras para ser utilizadas como propuesta didáctica en Educación Infantil y Primaria, tanto en castellano como en euskera. Seguro que en algunas de ellas reencontramos parte de nuestra infancia.
Diario de Navarra, 31/3/2016

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