Desde la distancia

Mapa eleciones

Si algo ha caracterizado a Navarra durante toda la etapa democrática ha sido su pluralidad política, decantada en un nutrido arco parlamentario. Esto suponía una novedad en el mapa político de las comunidades autónomas, donde no era infrecuente la existencia de dos o tres únicos grupos parlamentarios, y donde cuatro se consideraban ya multitud. Pero las elecciones del pasado 24 de mayo, tras la larguísima y aciaga legislatura de infeliz recuerdo, ha supuesto una nueva vuelta de tuerca. Si ahora lo normal en casi todos los parlamentos autonómicos es la presencia de cuatro o cinco grupos, de nuevo Navarra supone una avanzadilla y la Cámara foral tendrá siete grupos distintos. La fragmentación no es intrínsecamente negativa, pero convendrán conmigo que hace más difícil el llegar a acuerdos y el ahormar gobiernos eficaces y estables.

Durante muchos años he participado en primera línea de este fragor electoral, redactando programas, siendo candidato, protagonizando mítines y debates variopintos, y gestionando distintas áreas institucionales o partidarias. Por eso ha sido para mí una novedad asistir, a la vez con gran interés y algún desapego, a una campaña electoral en la que he visto los toros desde la barrera. Desde esa misma barrera, medida en respeto y en distancia, dadas mis nuevas responsabilidades, me atrevo a formular algunas reflexiones generales, sin entrar en recovecos partidistas.

La primera constatación era la previsible. Dejé dicho en mi blog que los grupos políticos representados en el Parlamento serían 8, y sólo el pinchazo de Ciudadanos, mitad debido a sus opiniones forales y la otra mitad al comportamiento de su cabeza de lista, ha impedido que esto fuera así. También señalé que el gobierno foral que se formara sería, al menos, un tripartito, y eso lleva camino de materializarse, aunque solo conocemos por el momento quién lo liderará, porque los socios todavía están por concretarse.

La segunda constatación también era previsible. Aunque UPN ganara las elecciones, tendría muy difícil formar gobierno. Y así está sucediendo. La propuesta última de Esparza no carecía de lógica desde su perspectiva, pero las posibilidades de éxito tras lo acontecido eran muy remotas, y en unas horas el envite fue rechazado.

La responsabilidad de Geroa Bai es tan grande como su riesgo. No parece fácil articular un gobierno apoyado por 33 votos, pero existe margen para ensayar fórmulas que permitan un gobierno estable y operativo. Creo que el dato crucial es cuánto de transversal sea ese gobierno. En mi opinión, la mayor dificultad inicial podría trocarse en consistencia posterior. Pero hay que vencer inercias y decantarse frente a propios y extraños.

Bildu parece tenerlo claro: quiere una mayoría de 26 votos y desea estar en el gobierno. También es una opción de riesgo para ellos, ya que la experiencia nos dice que el gran beneficiado de todo gobierno suele ser el grupo que ostenta la presidencia, y más si se trata de una experta en comunicación como es Uxue Barkos.

En el caso de Podemos estamos a la espera, pero entrar en el Parlamento de Navarra con 7 escaños no es tarea fácil, aunque las expectativas se hayan desinflado un tanto respecto a lo previsto hace unos meses.

El PSN-PSOE, con resultados sobre el papel que le abocaban a la irrelevancia, puede jugar un papel importante si sabe mover bien sus cartas. No tiene nada que perder a corto plazo, ya que es la quinta fuerza, pero tiene mucho que ganar si deja claras sus líneas rojas y marca bien el territorio que se le supone suyo.

I-E, pese a lo exiguo de su resultado, está en una inmejorable posición, con sus 2 escaños imprescindibles para configurar mayorías. Dos escaños que, en este caso, son mucho más que dos. Finalmente, el PPN no ha podido sustraerse al fenómeno de desgaste que el partido ha sufrido en toda España y eso ha lastrado mucho su posición en Navarra.

Una última reflexión si se me permite. Tendemos a pensar con demasiada facilidad que somos el ombligo del mundo. En diez días, apenas unas líneas en los periódicos nacionales nos hablan de la otrora singularidad del caso navarro, que se ha extendido como reguero de pólvora a casi todas las regiones de España. Eso nos quita protagonismo nacional y nos permite actuar sin la presión mediática de otras ocasiones.

¡Generosidad, altura de miras, tacto y acierto a los responsables políticos! Nos va mucho a todos en ello.

Diario de Navarra, 4/6/2015

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