Cuando las cosas hablan

cUANDO LAS COSAS

El 29 de noviembre de 2012, en esta misma sección, les comentaba la aparición de un libro titulado “La historia del mundo en 100 objetos”, obra Neil MacGregor, director del Museo Británico. Las reglas del juego venían enumeradas en el prefacio: “Cien objetos cuyas fechas debían abarcar desde los comienzos de la historia humana hasta la época actual. Los objetos tenían que abarcar el mundo entero, en la medida de lo posible de manera equitativa. Tratarían de abordar tantos aspectos de la experiencia humana como resultara viable y hablarnos del conjunto de las sociedades, y no solo de los ricos y poderosos dentro de ellas. Los objetos incluirían necesariamente, pues, tanto las cosas sencillas de la vida cotidiana como las grandes obras de arte”. El balance, por más que la aportación de lo hispano se reducía a tres objetos, era, en mi opìnión, satisfactorio y sorprendente, y se lo recomendaba como lectura para la inmediata navidad.

La lectura del libro me suscitó también otro interrogante. ¿Sería posible hacer, mutatis mutandis, algo parecido en Navarra? Afortunadamente no fui el único que se hizo la misma pregunta, ya que el pasado jueves, 23 de abril, se presentó públicamente otro libro que podríamos catalogar como perteneciente a la misma familia: “Cuando las cosas hablan. La historia contada por cincuenta objetos de Navarra”, editado por el Gobierno de Navarra.

En la presentación del texto, su editor, Javier Itúrbide, expresa con claridad su fuente, intenciones y objetivos. Es un tributo explícito al libro de MacGregor; pretende dar la palabra a medio centenar de cosas, muchas de ellas casi anónimas, recogidas de los museos, archivos y colecciones de esta tierra; y aspira a recorrer de su mano aspectos de la historia de Navarra primero y de Occidente después, tratando de conjugar lo local y lo general.

En el libro, casi todo es discutible: los autores elegidos para desarrollar los textos, los objetos seleccionados, la decisión de no encomendar los capítulos a los máximos especialistas en cada época o tema, el criterio cronológico de comenzar con el presente y retroceder hasta la antigüedad, la ausencia de firma al pie de cada capítulo. Pero el resultado final es espléndido por varias razones.

En primer lugar, por la propia existencia del libro. Coordinar un trabajo con 26 autores, dar coherencia a los textos, cumplir los plazos y presentarlo en tiempo y forma exige iniciativa, sensibilidad, ideas claras, coordinación y mano firme. Todo ello lo han aportado Ana Zabalegui, Javier Itúrbide y Ricardo Pita, entre otros. Sin olvidar a los fotógrafos y al grupo de funcionarios que realizó la primera selección.

En segundo lugar, por el contenido del texto. Es evidente que no están todos los que son, pero son todos los que están. Si el objetivo era interrogar hábilmente a los objetos y, desde la evidencia de lo tangible, lo cotidiano y lo humilde, saltar a lo general, creo que en buena medida se ha conseguido. Hay capítulos más logrados que otros, conviven pequeñas piezas maestras con planteamientos más convencionales, pero el libro no se cae de las manos y creo que mantiene un buen tono general.

En tercer lugar, por el planteamiento. Acostumbrados a la historia convencional en la que las glorias patrias y los mitos siguen teniendo una cabida excesiva, resulta reconfortante observar que es posible otra mirada que nos acerca más y mejor a ese territorio habitado por multitud de gentes, nuestros antepasados, que nunca aparecerán en los libros oficiales, pero que han sido los verdaderos protagonistas de su día a día. Que una boina nos acerque al carlismo, una “manta” a la infamia social de los heterodoxos, una laya al trabajo del campo, un contenedor a la Navarra actual o un catavinos romano a la dieta mediterránea, dice mucho de la fecundidad de la idea y del buen hacer de los autores, por más que sus resultados sean dispares.

Y en cuarto lugar, por la belleza formal del libro. Editado por Castuera, sinónimo de buen hacer editorial, está bien maquetado y sobria y bellamente ilustrado. Y tiene un precio inusualmente barato para sus casi 400 páginas, 15 euros.

Pero decía Fernando Pérez Ollo, añorado maestro en estas lides, que no hay libro perfecto. Estoy seguro que él hubiera apuntado a algunos errores tipográficos fácilmente subsanables con algo más de tiempo y a algunas incorrecciones en la toponimia oficial, decretada por el mismo gobierno que edita el libro. Quedémonos, no obstante, con lo esencial. Un acierto. Se lo recomiendo encarecidamente. Se sorprenderán y disfrutarán.

Diario de Navarra, 30/4/2015

 

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