Mimbres para un buen cesto

Programa

Servir a los intereses generales y facilitar la convivencia, mi aportación

Estamos a 38 días de las elecciones forales y municipales. Durante muchos años, he vivido intensamente las diferentes campañas, unas como responsable político, otras como redactor o coordinador del programa electoral y algunas como candidato, bien sea foral o municipal. Con mi jubilación de la política activa, asisto a ésta con similar interés, pero con la tranquilidad de quien, con la satisfacción del deber cumplido, le toca ahora ver los toros desde la barrera.

Dicho esto, como soy de los que piensan que no todos los partidos son iguales y que la acción política es una poderosa palanca para cambiar la realidad, les reconoceré que la situación política navarra no deja de inquietarme. ¿Qué composición tendrá el próximo gobierno? ¿Girará a la izquierda como apuntan buena parte de los sondeos o continuará la primacía del centro-derecha? ¿Primarán los intereses sociales o lo harán los identitarios? ¿Peligra el estatus institucional de la Comunidad Foral? Estas y otras cuestiones me las planteo yo, surgen en las conversaciones diarias y alimentan debates en tertulias y medios de comunicación. Pero me parece que con ser preguntas interesantes no son las esenciales, hay algunas otras que son previas y merece la pena detenerse brevemente en ellas, ya que forman parte de la política con mayúsculas, que es bien distinta al rifirrafe electoral y partidario.

Dado que la nuestra es una democracia representativa, articulada a través de los partidos políticos, la pregunta primera que deberíamos formularnos es cuál debería ser la finalidad básica de los partidos que obtengan representación en el Parlamento de Navarra el próximo 24 de mayo. Si tuviera que resumirlo en dos únicas ideas serían éstas: servir a los intereses generales y facilitar la convivencia.

El sistema de partidos nacido con la Transición, que en Navarra ha sido sustancialmente más plural que en el conjunto de España, atraviesa una dura crisis. Aunque las generalizaciones siempre son injustas, los ciudadanos se sienten poco representados por unos cargos electos alejados de la realidad, relativamente inmunes a la crisis, que siguen más interesados en ser fieles a los respectivos aparatos que les garantizan continuidad que en una auténtica apertura y transparencia a la ciudadanía, más predicada que practicada. Pese a todo, la situación ha obligado a mover ficha en ámbitos que hasta ahora parecían inamovibles. Sirvan como ejemplo las primarias, tan denostadas hasta hace poco y ahora poco menos que obligadas. Deben saber los nuevos electos del legislativo y los diferentes equipos del ejecutivo, que ya nada será como antes: la limpieza, la honorabilidad, la buena gestión, la austeridad, la cercanía, la transparencia y la rendición de cuentas forman parte ya de la demanda ciudadana y el nivel de exigencia sin duda se verá felizmente incrementado. Confío en que esa sea la tónica en la próxima legislatura. Y bueno será recordar que la Navarra que van a gestionar estos partidos es una Comunidad más desigual socialmente, en la que la brecha entre clases sociales se ha agrandado de forma significativa en el último lustro. De ahí la importancia de converger en torno a una serie de medidas susceptibles de ser aceptadas por todos, concretadas en un sistema fiscal progresivo y eficiente que permita financiar un Estado de bienestar que no deje a nadie en la cuneta y haga posible avanzar en cohesión social. Todo ello acompañado de un objetivo preferente, disminuir las cifras de paro, señal inequívoca de la mejora económica y social propugnada.

Pero la llegada de nuevos partidos va a dar como consecuencia una Cámara más fragmentada en la que probablemente estarán representados hasta ocho grupos políticos. Todo apunta a que ya no habrá un gran partido que duplique en votos al segundo, lo cual nos aboca a un gobierno de coalición que, al menos, será tripartito. ¿Convierte esto a Navarra en ingobernable? No necesariamente, pero exige una mayor cintura, una obligada flexibilidad en las posiciones y una inexorable necesidad de acuerdo. Somos pocos y muy plurales y, en consecuencia, se impone el diálogo para facilitar una convivencia tan inevitable como necesaria. Pactar será, sin duda, el verbo recurrente en la próxima legislatura y y aprender a conjugarlo y ejercitarlo, condición necesaria en el día a día. Reitero lo dicho, los electores navarros, a mi juicio, quieren pluralidad, negociación, acuerdos, estabilidad y un programa en el que, además de la letra pequeña, haya espacio preferente para estos dos principios incuestionables.

Diario de Navarra, 16/4/2015

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