La procesión del Encuentro

Encuentro

Los Arcos es una villa histórica caracterizada, entre otras cosas, por cuidar con mimo sus tradiciones. Entre éstas, ocupan lugar de honor sus procesiones de Semana Santa. En los últimos lustros se habían perdido algunas de las costumbres que acompañaban estos días, pero el interés y la perseverancia de un grupo de personas especialmente amantes de su pueblo han conseguido recuperarlas.

El Domingo de Pascua, festividad de la Resurrección de Jesús, asistí después de muchos años a una procesión especialmente simpática y simbólica a la vez, que me trajo indudables recuerdos de mi niñez. Es la conocida como procesión del Encuentro.

En la plaza de San Francisco, enclave que conserva el viejo convento de capuchinos, convertido posteriormente en convento de clausura de religiosas concepcionistas franciscanas, y hoy una lamentable ruina, tiene lugar la ceremonia. En la plaza esperan los componentes de la cofradía de la Vera Cruz, institución que ha recuperado el verdadero protagonismo durante la Semana Santa. Los cofrades, vestidos con túnicas negras y ampulosas capas verdes, esperan, presididos por el impresionante pendón negro de la cofradía, la llegada de la procesión que ha partido de la parroquia. Junto a los miembros de la cofradía, aguardan una imagen femenina pequeñita y adornada con tirabuzones y guirnaldas que representa a María Magdalena, portada por unas niñas con túnicas también verdes, y una figura de candelero de María, adormada con vestiduras blancas de fiesta, portada por los cofrades de la Vera Cruz. Pero María, aparece cubierta con un tela negra, porque todavía desconoce la Resurrección de su Hijo.

A la llegada de la comitiva que ha partido de la parroquia, se produce un protocolario encuentro lleno de simbolismo. La cruz procesional que inicia el cortejo llega a la plaza y realiza una venia al pendón de la Vera Cruz que le responde, a su vez, inclinándolo ante la Cruz. A continuación, uno tras otro, los grandes pendones con sus respectivos colores que representan a los cuatro elementos que componen la naturaleza, el primero de ellos verde y portado por un miembro de la cofradía de San Isidro, realizan un colorista y reverencial saludo ante el pendón de la Vera Cruz, respondido por éste. Las estandartes, más recientes, de la Adoración Nocturna masculina y femenina, realizan el mismo saludo.

Y llega el momento culminante. El sacerdote desciende de la carroza eucarística la custodia y la presenta a los fieles que presencian la escena. Entonces, el pendón de la Vera Cruz, hasta ese momento el auténtico protagonista, consciente de que su hora ha terminado, se inclina ante la custodia que contiene al mismo Cristo y realiza el similar y reverencial saludo que él había recibido. Tras él, las niñas que portan la imagen de María Magdalena, en un paso casi de danza, se acercan hasta la custodia y le hacen una profunda reverencia. Y tras la imagen diminuta, llega el momento del encuentro de la Madre con el Hijo. Los cofrades repiten la acción de las pequeñas y, tras acercarse, en el momento de ponerse de rodillas y realizar la reverencia, un persona situada detrás levanta el velo negro que cubría la imagen y la Virgen Madre aparece con las vestiduras blancas propias de la fiesta de la Resurrección. Aquella Virgen Dolorosa y de la Soledad, que cerrada el cortejo de la procesión del Viernes Santo con sus vestiduras negras de luto, viste hoy las ropas blancas de la fiesta y celebra con todos los fieles la Resurrección de su Hijo. En mis tiempos de niñez, en pleno nacionalcatolicismo, en ese momento la banda de música municipal entonaba el himno nacional. Hoy, a falta de banda y música más apropiada, los asistentes prorrumpen en un sonoro aplauso que es reconocimiento de fe, tradición y cariño.

Finalizado el Encuentro, se inicia la procesión propiamente dicha por las calles del pueblo, en este caso por la calle mayor, recién pavimentada y con recuperados aires jacobeos. La Eucaristía de la Misa Mayor tuvo la solemnidad acostumbrada, con los bancos repletos de fieles, solo visibles en los días de la novena de la Virgen de agosto y los funerales.

Lo quer comenzó el Domingo de Ramos con la procesión, continuó con las carranclas y el Monumento el Jueves Santo, siguió con las carranclas, la escenificación del Descendimiento y la gran procesión del Viernes Santo, y culminó con la procesión del Encuentro del Domingo de Resurrección, terminará definitivamente el lunes de Pascua con la quema del Judas. Pero la Semana Santa en Los Arcos no solo es tradición y folklore. Todos los actos están incardinados en la esplendorosa liturgia de estos días, celebrada con digna solemnidad.

Es de agradecer el esfuerzo de todos los que contribuyen a salvaguardar unas tradiciones que son una rica herencia de nuestros mayores. Constituye un hermoso ciclo que merece la pena ser preservado y divulgado.

Diario de Navarra 8/4/2015

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