La fractura se ensancha

Sesión ciparaiis

El éxito de la jornada fue indudable a juzgar por el número de asistentes

Acaba de terminar la legislatura foral. Los líderes políticos se afanan en realizar balances donde cuenta más sacar los colores al adversario que evaluar si estos cuatro años han supuesto una mejora social y económica para el conjunto de la ciudadanía y en qué medida el propio partido ha contribuido a su avance o deterioro. Es momento también de que los partidos presenten sus listas electorales y pongan a punto sus programas, esos documentos que pocos leen y que, sin embargo, resultan tan imprescindibles.

Permítanme que casi recién salido de este magma en el que he estado inmerso durante casi dos legislaturas, haga mi propio balance desde este lado de la barrera, el del ciudadano consciente, comprometido y crítico que pretender seguir aportando su granito de arena a la convivencia en el seno de la sociedad civil.

Considero que esta ha sido una legislatura parcialmente fracasada. Y este fracaso no lo es tanto por la incapacidad de diálogo de los partidos, ni por las insultantes cifras de paro, en especial el juvenil, ni por el deterioro evidente del estado de bienestar, que también, sino por una cifra que evidencia como ninguna el fracaso colectivo como sociedad: 30.000 personas han sido calificadas de pobreza severa -que viven con menos de 5.256 euros al año-, entre el 4 y el 5% de la población total de Navarra. Frente a esta cifra rotunda e increible, palidecen las grandes cifras macroeconómicas, la previsible subida del PIB e incluso los buenos números relativos de nuestra Comunidad respecto al resto de regiones de España.

El pasado jueves, la Cátedra de Investigación para la Igualdad y la Integración Social (Ciparaiis) de la UPNA presentó el segundo informe sobre el impacto social de la crisis 2007-2014 con el expresivo titulo “La desigualdad y la exclusión que se nos queda”. Lo hizo en el marco de una jornada en la que se inscribieron más de 300 alumnos y profesionales venidos de todos los puntos de Navarra. Las cifras y los datos fueron inapelables. Además de los datos de pobreza severa, se barajaron otras cifras significativas: 27.000 personas son paradas de larga duración, el 17% de los hogares navarros están afectados por alguna situación de exclusión de la vivienda, y el 8,4% de los navarros se encuentran en situación de pobreza consistente, caracterizada por la interrelación de bajos ingresos y de privación de bienes y recursos básicos. Cifras y datos aportados por un equipo de reconocido prestigio y avalados por algunas de las organizaciones más comprometidas en la defensa de los más débiles: Cáritas Diocesana de Pamplona-Tudela, Cruz Roja Navarra, la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social, y la Fundación Secretariado Gitano de Navarra. Los datos no gustaron al Gobierno de Navarra que contraatacó aportando datos sustancialmente diferentes. En su opinión, solo 3.800 personas incluirían el grupo de pobres severos. Haríamos mal en quedarnos en una guerra de cifras. Esto lamentablemente no es el seguimiento de una huelga ni el número de asistentes a una manifestación, en la que los números discrepan abiertamente provocando la sonrisa de tirios y troyanos. Esto es un drama intolerable y no deberíamos perder ni un minuto en debates estériles.

He asistido desde dentro a la evolución de la Renta de Inclusión Social (RIS), programa que ha pasado de invertir 30 millones en 2012 a 50 millones en 2014, y que incluía a 8.000 personas en 2012 y hoy lo hace a casi 12.000. He participado en arduos debates sobre la idoneidad de una renta universal de ciudadanía a la que muchos se oponen por el riesgo de cronificar la situación de un colectivo sin incentivos para encontrar empleo. Y sé del esfuerzo realizado para hacer frente al drama que se nos ha venido encima. Pero los datos son incontestables y deberíamos aprovechar el informe para repensar las medidas existentes, reforzar las que funcionan y abordar otras nuevas.

Estamos en tiempo propicio para ello. Para todos los partidos del arco parlamentario debería ser objetivo preferente de la próxima legislatura reducir drásticamente la cifra de pobreza severa y evitar el riesgo de polarización social que amenaza a una sociedad medianamente equilibrada como era la nuestra, ya que la defensa de los débiles es lo que hace grande y fuerte a una sociedad.

Conchita Corera, profesora universitaria y luchadora comprometida con las causas sociales que nos dejó hace casi un año, lo dejó escrito de forma hermosa y nítida: “Entiendo que, hoy más que nunca, en medio de la crisis actual, el postulado en el que hay que enmarcar toda la acción social es el desarrollo humano integral, que es el único sostenible”.

Diario de Navarra, 2/4/2015

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