Cultura, arte y devoción

Juan de Juni

Entierro de Cristo, Juan de Juni (1545)

Escribo estas notas en la tarde del Sábado Santo, justo antes de iniciar la preparación de la Vigilia Pascual que celebraré un año más, y van más de 30, en Alloz, junto con la comunidad de monjas cistercienses y algunos amigos del monasterio.

No resulta fácil conjugar en los tiempos que corren la inmensa riqueza de estos días. ¿Retirarse a orar? ¿Preparar más deternidamente las celebraciones? ¿Marcharse de vacaciones? Las tres formas las he ensayado a lo largo de los años, dependiendo de la programación familiar, según los casos.

En el presente año, he intentado aunar las dos caras de la Semana Santa, tan separadas a lo largo de la historia: la pìedad popular, centrada en las procesiones y los pasos de la Pasión, y las celebraciones litúrgicas, parcialmente recuperadas tras el Vaticano II.

Tengo por costumbre escuchar de forma tranquila y en actitud contemplativa el Officium Hebdomadae Sanctae de Tomás Luis de Victoria. En mi viejo tocadiscos, ya casi una reliquia inutilizada, escucho la versión que en el año 1974 gravaron para Hispavox el Coro de monjes del monasterio de Silos y el Coro de voces blancas de Burgos, bajo la dirección de Ismael Fernández de la Cuesta. Pese a lo deficiente de la audición, Tomás Luis de Victoria me parece que ha logrado una de las cumbres de la música religiosa de todos los tiempos. Y en sus melodías, el drama de la Pasión se vuelve arte, cultura y devoción de primer nivel.

El jueves, tras la celebración de la Cena del Señor, tuve ocasión de seguir algunos tramos de las procesiones de Ávila y Málaga. De la primera me interesó más el contexto histórico-artístico, con la muralla como fondo permanente, que la calidad de los pasos, portados sobre ruedas en casi todos los casos. De la segunda me impresionó justamente lo contrario. En medio de la Alameda principal de la ciudad, atiborrada de público que seguía expectante y aplaudía a legionarios e imágenes, el desfile del Cristo de la Buena Muerte a los sones del himno de la legión “Soy el novio de la muerte”, me causó un impacto estético indudable. Otra cosa es esas mezclas explosivas de la cruz y la espada, el Crucificado y la guerra.

El viernes, también tras la celebración litúrgica, tocó el turno de Oteiza. En los últimos años la modesta procesión no había salido, mitad por inclemencias meteorológicas, mitad por cierto desinterés general, concretado en ausencia de personas para portar los pasos. Pero todo es cuestión de proponérselo. Empujados por algunas personas de indudable gancho y perseverancia con las costumbres locales, un grupo de voluntarios nos presentamos a la puerta de la iglesia y pudo salir una procesión completa: cruces, pasos, coro y feligresía. Había emoción en algunos rostros, herencias recibidas, recuerdos de los ausentes. A Iñigo, mi hijo pequeño y a mí nos correspondió portar la Virgen de la Soledad. Vestidos de blanco y con el rostro cubierto, recorrimos las calles por las que tantas generaciones anteriores a las nuestras habían portado sus imágenes. ¿Será posible repetirlo en otras generaciones venideras? No parece fácil, pero el tiempo lo dirá. Por la noche contemplé durante un rato las procesiones de Granada: desfile en el mejor sentido de la palabra, con graderíos a lo largo de las calles para poder seguirlo y hermosas imágenes de la escuela barroca granadina portadas a hombros.

Hoy sábado, ha sido un día tranquilo. Por la mañana hemos entrado por primera vez, con mucho esfuerzo, la imagen de la Cruz a cuestas en la iglesia, tras descartar subirla de nuevo a la iglesia de San Salvador donde tradicionalmente ha estado, debido al penoso estado en la que se encuentra. Faltaban manos, sobre todo jóvenes, que ayudaran en el empeño, pero por esta vez ha sido posible.

Me dispongo ahora a preparar la celebración de la Vigilia Pascual, noche auténticamente memorable. Asistiremos gozosos a la liturgia de la Luz, recorreremos en las lecturas la historia de la salvación, asistiremos a la liturgía del Agua y finalmente celebraremos la Eucaristía y la Resurrección del Señor.

¡Feliz Pascua Florida!

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