Viaje de estudios a Grecia. Olimpia, donde los ganadores son casi divinos. 15 de enero (VI)

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Bien abrigados, nos disponemos a iniciar la visita

El hotel Arty Grand se asoma a la ladera en la que está asentada Olimpia y su sitio arqueológico. Es una edificaciòn funcional, levantada entre olivos y naranjos y razonablmente integrada en el paisaje.

2015-01-15 09.24.25La Palestra, uno de los espacios más emblemáticos de Olimpia

Tras el desayuno, salgo a la terraza y oteo el horizonte. El día es limpio y frío, pero apunta buenas maneras. En todo caso, como la mañana es intensa, antes de las 9 estamos ya en la entrada del sitio arqueológico. El enclave es encantador, una llanura rodeada de colinas y el río sistuado a un lado. No es el Alfeo, sino el Cládeo,  modesto en agua, pero rico en leyendas y evocaciones antiguas. Cuando nosotros llegamos, ya hay un grupo de estudiantes orientales de bachillerato que sale de la instalación. ¿Serán así de avanzados en todo?

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Muro del taller de Fidias, con las mismas dimensiones que la cella del templo de Zeus

Desde la puerta de entrada se aprecia un gran espacio situado dos metros por debajo de la cota que nosotros pisamos, lleno de bloques de piedra y árboles de variado porte y especie. Justo a la entrada, una excavación en ejercicio está sacando a la luz un lateral del gran patio utilizado para los entrenamientos de los atletas.

2015-01-15 09.53.59Vista parcial del templo de Zeus, con los tambores de las columnas todavía en el suelo

Olimpia es un yacimiento vivo. Afortunadamente las excavaciones no se iniciaron de forma sistemática hasta finales del siglo XIX, lo que evitó el expolio sufrido por otros centros. Grecia ya era una nación independiente, era consciente de la importancia de los yacimientos para su propia autoafirmación como pueblo, y la arqueología estaba entrando en una etapa en la que comienza a valorarse el mantenimiento in situ de los objetos hallados.

La tarea desarrollada es ingente, pero queda por desentrañar todavía mucho. Allí están los tambores, capiteles y entablamentos de los edificios. Algunos, levantados como la doble columnata de la palestra en órdenes dórico y jónico, otros, acostados a la espera de mejor ocasión, y otros definitivamente arrumbados, heridos por la mano del hombre y de la naturaleza.

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Triglifos y metopas del entablamento descansan a los pies del templo

He sentido especial emoción en determinados lugares: la palestra, el taller de Fidias, el templo de Zeus, dórico y monumental, digno precedente del Partenón, el templo de Hera, un vetusto templo dórico del siglo VI a.C. que guardó durante siglos el tesoro del Hermes de Praxíteles, el altar de la llama olímpica, la fuente de las ninfas, y el estadio, además del Filipeion.

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Ángel y sus escoltas inspeccionan el estadio antes de iniciar la competición

En Olimpia, todo es mesura y desmesura a la vez, racionalidad y sentimiento, emoción y valores. Pueblos que desde el siglo XIII a.C. al VI d.C. se reunen para pelear en buena lid, competir y, si es posible, ganar. Y para ello vienen de toda la Hélade, sorteando peligros y caminos difíciles, a través de la montaña o el mar. Olimpia es la meta sagrada y profana, y el honor, el premio por la victoria. Hoy, que el deporte mueve montañas y millones, sería bueno recordar que “nike” es mucho más que una marca de ropa deportiva, es la palabra que en Grecia significa “victoria” limpia y valores imperecederos.

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El templo dórico de Hera albergó el Hermes de Praxíteles

El paseo por el estadio nos permite cerrar el primer capítulo y acercarnos al Museo, ubicado en el proio sitio. Su arquitectura limpia y sencilla encierra una colección de piezas sorprendentes.

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Vista general del Tholos de Olimpia o Filipeion

La riqueza de la excavación queda de manifiesto en las diferentes salas: las figuras geométricas, modernísimas en su vetusta antigüedad; el estilo severo de la escultura de terracota pintada de varios colores; los primeros frontones de estilo arcaico o terracota pintada también; la escultura mutilada de la gran Victoria del siglo V; los ecos del Zeus Olímpico de Fidias; y, cómo no, los impresionantes frontones del templo de Zeus. Inmensas moles de mármol de Paros, trabajados con esmero, pulcritud y sobria elegancia. Pocas cosas tan perfectas como esa cabeza de Apolo que inclinada hacia los lapitas se decanta de su lado en la lucha contra los centauros. Todo es en el rostro de una equilibrada belleza. Y junto a ella, el pavor de las mujeres, la furia de los centauros y la adecuada presencia del resto de las figuras.

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El grupo admira el frontón del templo de Zeus en el Museo

Pero el museo todavía guarda su joya más preciada. Ese Hermes con Dionisos niño, en el que el genio de Praxíteles brilla en todo su esplendor. ¡Qué sutileza de trazos, qué perfección formal, que finura en la expresión, qué refinamiento en el trabajo del cuerpo, tan distinto en el árbol, la ropa y la parte posterior! Dichoso el templo de Hera que guardó semejante tesoro.

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Toda la serenidad y la belleza clásica se dan cita en esta memorable cabeza de Apolo

nNo sé si la euforia de la visita o la necesidad de agradecer tanta belleza, hace que la tienda próxima al museo resulte invadida por el grupo y el responsable apenas pueda dar abasto a las peticiones múltiples que recibe. Todos tenemos recuerdo. María Luisa, anillo y medallón, reproducción de dos piezas antiguas. Javier e Íñigo, sendas camisetas relativas a Maratón. Y yo, el libro de los monumentos antiguos con el que poder mostrar el año que viene a los alumnos el supuesto estado de los edificios originales.

Tras una modesta y frugal colación en un restaurante próximo, iniciamos de buena hora el camino hacia Delfos.

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Hermes y Dionisos, pieza maestra de Praxíteles

2015-01-15 12.27.14Curiosa perpectiva, por lo inusual, de la pieza de Praxíteles

El paisaje sigue siendo hermoso. Dejamos Ilia para adentrarnos en Acaya. Patras nos ofrece el espectáculo del puente que salva el Peloponeso de la Grecia continental, obtra magna, hermosa y de gran elegancia. Estamos en el Golfo de Lepanto, del que tanto oimos hablar en nuestra niñez y juventud.

Por la otra orilla, a través de una carretera serpenteante, nos acercamos a Delfos. Es de noche. Entretenemos la espera con sendas lecturas referidas a Delfos y, finalmente, por una cuesta empinada, llegamos a nuestero destino.

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Imagen desde el autobús del moderno puente que separa el Peloponeso de la Grecia continental

2015-01-15 17.01.42Poético rincón del Golgo de Lepanto, donde tuvo lugar la memorable batalla contra los turcos en 1571

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Atardece sobre el mar en el viaje hacia Delfos

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