En recuerdo de María Victoria Arraiza

María Victoria

He asistido esta mañana al acto de recuerdo y homenaje que el Parlamento de Navarra ha tributado a María Victoria Arraiza, parlamentaria socialista recientemente fallecida. Tuve con ella un trato cercano y cordial, ya que ambos compartimos siete años de trabajo parlamentario tratando de realizar honestamente nuestra tarea. Formábamos parte de las comisiones de Convivencia y Solidaridad, Cultura y Bienestar Social, y conozco bien sus desvelos en todo lo que tiene que ver con la defensa de lo público, la lucha por las desigualdades y su radical concepto de la dignidad de la persona humana. El acto, sencillo, emotivo y breve ha sido introducido por el Presidente del Parlamento, al que ha seguido una breve intervención del Roberto Jiménez en nombre del grupo parlamentario socialista. Un minuto de silencio seguido em pie por toda la Cámara y un aplauso final han dado por concluido el acto.

Recojo la intervención de Roberto Jiménez, que suscribo íntegramente. Es también mi personal homenaje a una persona cabal, íntegra, trabajadora y comprometida. Descanse en paz.

“No sé exactamente cuál sería el mensaje de María Victoria Arraiza si hoy nos pudiera dirigir la palabra desde el escaño o la tribuna. Pero estoy seguro que sería algo relacionado con una de sus pasiones personales y políticas: la denuncia de la desigualdad y su obsesión por salvaguardar la dignidad de la persona humana. Por eso, el pequeño recuerdo y homenaje de cuantos componemos este Parlamento, en el que ella siempre buscó el acuerdo entre diferentes, nuestro grupo lo quiere concretar en un texto que María Victoria manejó en sus últimos meses y que le era particularmente querido, tomado de la obra Si esto es un hombre de Primo Levi, un judío italiano deportado a Auschwitz y superviviente del campo de concentración.

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

(Primo Levi, Si esto es un hombre, 1947)

¡Hasta siempre, compañera!”

 

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