Ya se van los Reyes

Han terminado las celebraciones de Navidad. Sí, aquellas que hace tres semanas esperábamos con impaciencia y que hoy, 8 de enero, damos afortunadamente por finalizadas. En medio, la gran familia, los reencuentros, las ausencias, las celebraciones, los agobios de las madres y abuelas, los regalos, los deseos para el nuevo año y la continuidad de los problemas, una vez terminado el año viejo.

Entre nosotros, a diferencia de otros países de Occidente, la Navidad se alarga hasta la festividad de los Reyes Magos. Ésta, que fue la gran fiesta infantil navideña de antaño, es la gran perjudicada en los nuevos usos de hogaño. De por medio se han colado costumbres que empiezan a a proliferar: vacaciones fuera de casa, salidas la misma noche del 24 de diciembre, disfraces carnavalescos en nochevieja, amigos invisibles -¡qué oximoron, decía el otro día en estas mismas páginas José María Romera! ¿Desde cuándo un amigo puede ser invisible?-. En consecuencia, los Reyes Magos lo tienen difícil. La fecha de su fiesta no es la más oportuna, a punto de finalizar las vacaciones de Navidad y comenzar de nuevo el cole. En este sentido, dos recién llegados, el Olentxero y Papá Noel juegan con ventaja y suponen una dura competencia. Pero el ser humano, aparentemente tan fiero y omnipotente en una sociedad como la nuestra, no es sino un niño grande y, en cuanto se descuida, emerge su espíritu infantil, hecho de imaginación, ternura, bondad y limpieza de miras. Y más vale, porque si ante una fiesta como la de los Reyes, no deja volar su espíritu, recordar el pasado y añorar un tiempo que no volverá, y todo ello en forma siquiera de media sonrisa, es que las rendijas de su alma están definitivamente oxidadas.

El pasado 5 de enero, toda Navarra se llenó de ilusión y cabalgatas para celebrar la llegada de los Reyes Magos. Los grandes núcleos lo hicieron con magnificencia y colorido, y los pequeños pueblos, con medios mucho más modestos. Oteiza, la población en la que vivo, tiene su propio rito de Epifanía. Este año, los Reyes Magos han llegado a lomos de una mula y dos burras. Ya en la iglesia, después de un rápido paseo por el pueblo envueltos en la niebla, un nutridísimo grupo de niños y padres jóvenes los han recibido con entusiasmo. Tras el saludo de bienvenida de uno de los niños y la contestación del rey Baltasar, casi un profesional del oficio, éstos han repartido los regalos previamente preparados. Es el único día del año en que la iglesia acoge mayoritariamente a niños y matrimonios jóvenes. La algarabía es grande, tan grande como el júbilo de los pequeños. Y también entonces, aunque no lo parezca, la iglesia es casa de Dios, hecho niño en la cuna de Belén.

El día de Reyes contamos de nuevo con sus majestades en la iglesia para la misa mayor. Una misa en familia, sin demasiados niños ni padres jóvenes, y con la tradicional feligresía adulta que caracteriza nuestras celebraciones. El día permite una interacción poco frecuente a la que el párroco insta y alienta. Tras la misma, en un acto de gran simbolismo, reyes, coro, párroco y feligresía vamos juntos a visitar a los enfermos que previamente lo han solicitado: la comunión y la llegada del Niño se hacen uno en la despedida solidaria de la Navidad. Esos detalles de humanidad no debían de perderse nunca. Son el mejor ejemplo de que por encima de la publicidad y los anuncios de neón, en el corazón de cada uno late el niño que alguna vez fuimos. Un niño que revive cada Navidad y nos recuerda que la vida lo es mientras haya ilusión, entrega y ganar de vivir. Esas que tanto necesitamos se renueven en un año difícil como el que acabamos de comenzar.

Pero en este comienzo de año conviene también enunciar los buenos deseos para todos. Más trabajo para los que no lo tienen. Más solidaridad con los que menos tienen. Más y mejor acogida a los inmigrantes, los nuevos navarros que han revitalizado un paisaje humano envejecido y tienen que volver a su tierra porque ésta ya no les ofrece un presente digno y un futuro prometedor para sus hijos. Más justicia social para que no aumenten las desigualdades. Más cuidado con el Estado del Bienestar, que progresivamente se deshilacha. Más concordia entre todos los que habitamos esta tierra plural. Más ejemplaridad en la clase dirigente, sea política, social, económica, empresarial o religiosa. Más capacidad de acuerdo en el tiempo que viene, especialmente necesario tras las próximas elecciones. Aunque el mayor regalo, bien lo sabemos los que vamos cumpliendo años, es poder contarlo con salud, sobriedad, sosiego y compañía, y poder repetir el rito el próximo año. Y como lo más bello es vivir, espero y deseo que dispongamos de todo el año para el disfrute.

Diario de Navarra, 8/1/2015

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s