Viaje a Polonia- De vuelta a casa (IX)

 

2014-10-08 10.03.26El grupo atento a las explicaciones en Poznan

Escribo estas líneas, las últimas sobre Polonia, en el viaje de vuelta a Madrid.

Un viaje es la sucesión de momentos singulares que dependen de muchos factores: el itinerario elegido, la preparación previa, el acierto en hoteles y restaurantes, los guías locales, el tiempo, las expectativas creadas y, sobre todo, el grupo con el que vas a compartir una semana intensa. Y como la persona saca lo mejoy y lo peor de sí misma en los viajes, es ámbito idóneo para conocer al personal.

La plaza de Poznan y la guía embelesan al grupo

2014-10-11 11.04.29Casi todas estas circunstancias han sido favorables en este viaje: un buen itinerario, tan completo y exigente que nos ha dejado a medio degustar Varsovia y Cracovia. En general, hoteles y restaurantes han estado a la altura, con buenas ubicaciones y gastronomía aceptable, con alguna agradable sorpresa. También hemos tenido suerte con los guías, elemento muy importante en un viaje en grupo. Piot no era un dechado de simpatía y dedicación, pero su corrección, su educación y su prudencia, unido a la discreción del chofer merecen ser destacadas, así como el buen hacer de las guías locales, especialmente las de Varsovia y Gdansk. Del tiempo no se puede pedir más, un perfecto otoño polaco con temperaturas suaves que ayudaron a disfrutar del país y del paisaje.

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La casa de Holanda en Gdansk nos acoge para la comida

Pero capítulo aparte merece el grupo. Okapi, con Maite a la cabeza y Peio como puntal y apoyo básico, han aglutinado un grupo fiel y casi constante, veterano ya en estas lides. Junto a ellos, en esta ocasión un grupo no reducido hemos completado el grupo viajero. La colaboración, la armonía, la puntualidad y la buena educación han sido una constante a lo largo de los días y los que tenemos alguna experiencia en liderar grupos valoramos estas virtudes como merecen.

2014-10-13 09.48.45A la espera de visitar el castillo de Malbork

La valoración del viaje la dejé escrita hace unas semanas en mi colaboración quincenal del Diario de Navarra. La recojo ahora en parte como resumen final de un país que siempre quedará en mi recuerdo.

“Decía Jean Jacques Rousseau que no es lo mismo viajar para ver países que para ver pueblos. Ese componente humano, consustancial a todo viaje, no es cuestión fácil cuando no se conoce el idioma. Pero una atenta mirada a nuestro alrededor nos permite intuir por dónde van los tiros, además de admirar monumentos y paisajes naturales. Eso es lo que un grupo de amigos hemos intentado hacer en nuestra última salida vacacional, que tuvo como destino Polonia, lo que me suscita algunas reflexiones que quiero compartir con ustedes.

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Pili espera la salida del vuelo a Madrid

Salimos de nuestro país es un clima social y político casi irrespirable: se sucedían los casos de corrupción, las tensiones separatistas se agudizaban, las cifras del paro sufrían solo ligeros descensos y la predicada bonanza apenas era perceptible para la ciudadanía. En consecuencia, el estado de ánimo de esta misma ciudadanía era pesimista y tendente a la frustración colectiva, con el auge consiguiente de movimientos populistas que solo necesitaban permanecer sentados para ver pasar el cadaver de sus adversarios políticos. La llegada a Versovia nos permitió apreciar un estado de ánimo sustancialmente distinto (…)

2014-10-14 09.30.34Maika entretiene la espera

Para buena parte del grupo, Polonia evocaba básicamente tres cosas. En primer lugar, una cierta simpatía como país doliente. La ausencia de fronteras naturales y la ubicación en una encrucijada en la que Prusia, Austria-Hungría y Rusia intentaron imponer su dominio, ha hecho que la historia polaca desde el siglo X sea la de un país en busca de un territorio estable. Polonia nos evocaba, además, un segundo rasgo coincidente con España: una tierra en la que la religión católica trasciende lo estrictamente religioso para convertirse en un poder que ha dominado la política, la sociedad y la cultura, impregnando su forma de ser y de sentir. Como tercer elemento, Polonia es el ejemplo máximo del holocausto judío en la II Guerra Mundial, un holocausto que encontró en Auschwitz la cumbre del horror nazi.

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María Luisa espera el vuelo

(…) Si nos hiciéramos la pregunta de quiénes viven mejor, si los españoles o los polacos, en mi opinión la respuesta generaría dudas. Es verdad que el salario medio es mayor en España, pero los precios en Polonia son sustancialmente más bajos, con lo que la cuestión se equilibra grandemente. Pero hay otros factores intangibles que me parecieron especialmente relevantes. Entre otros, los polacos son un pueblo que mira optimista el futuro y cree en su propio país. No nos sorprende -dirán algunos- viviendo de donde vienen.

La vuelta a casa nos reservaba el relato en verso de José Luis

2014-10-14 17.55.02-2Pero la pregunta es obvia: ¿y de dónde venimos nosotros? ¿Acaso hemos olvidado que hemos protagonizado como pueblo una etapa memorable -la transición- que aparece en todos los libros de historia? ¿Tiraremos por la borda lo conseguido? Los polacos me parecieron los españoles de los noventa: básicamente optimistas y confiados en su pueblo y en su país. Y este optimismo y esta confianza mueve montañas. Justamente las dos características que a nosotros nos faltan. Recuperarlas, además de esencial, es más cuestión de voluntad que de dinero”.

 

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