Viaje a Polonia. Malbork y Torun, enclaves de la orden teutónica (VIII)

 

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Vista de la fortaleza de Malbork, tan poética como imponente

La salida de Gdansk presentaba un aspecto más otoñal. Había llovido algo y la niebla cubría parcialmente el paisaje. Pero a medida que nos acercábamos hacia Malbork, en plena Pomerania rural, el día levantó y, de nuevo, la inmensa llanura de tierra negra, aparentemente fértil, nos acompañó en el camino. Al fondo, una colina junto al río permitía adivinar Malbork, la gran fortaleza teutónica.

2014-10-13 10.14.11Vista del gran patio interior del castillo medio

Pocas veces he tenido la oportunidad de conocer una fortaleza tan completa y gigantesca. Su ajetreada historia, primero centro de la orden, después residencia temporal de los reyes polacos, y siempre enclave en medio de la llanura deseado por los invasores, ha llegado a nuestros días con una doble reconstrucción: la correspondiente al siglo XIX y la posterior a la II Guerra Mundial. Hoy, desprovista de buena parte de su ajuar, conserva los recintos básicos en un triple anillo. La zona baja o castillo inferior, dedicado a los sirvientes y campesinos, con iglesia propia; el castillo medio, al que se accede mediante un foso y fortificaciones complejas, como espacio para caballeros y visitantes, con enfermería, refectorio de invierno y verano y otras dependencias; y, finalmente, el castillo superior, una enorme fortaleza convertida en residencia de los grandes maestres, con patio de arquerías, iglesia, cripta, torre del homenaje y palacio del gran maestre.

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Patio con arquerías del castillo superior

Todo en estilo gótico de los siglos XIV y XV, de ladrillo y proporciones colosales. Algunos detalles conservados, como la puerta dorada con relieves policromados, nos permiten observar la calidad del trabajo y el primor de la decoración.

2014-10-13 11.06.28María Luisa y Román en el pozo del patio superior del castillo

Malbork es un buen ejemplo del poder alcanzado por las órdenes militares en la Edad Media, en muchos casos un Estado dentro del propio Estado, como el caso que nos ocupa. La comida en el propio castillo, en el restaurante gótico, espacio abovedado sostenido por gruesas columnas, culminó la visita.

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Vista del palacio del gran maestre

El viaje a Torun, nuestro segundo destino, lo hicimos por autopista, una moderna vía que une Gdansk con Varsovia atravesando la Pomerania Oriental. Torun, la ciudad de Copérnico, no resulta extraña para nosotros. Hace unos años, se unió a Pamplona en su intento por ser la capital cultural europea para 2016. Tuve ocasión de seguir de cerca el proyecto.

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Vista del rectorado de la Universidad de Torun

Torun apostaba en firme, Pamplona nunca se lo tomó en serio. Ni proyecto sólido, ni propuesta de interés, ni inversiones relevantes. La consecuencia fue la prevista: siempre en los últimos lugares del ranking de 16 ciudades que optaron inicialmente, se cayó de la lista a las primeras de cambio, creo que con alivio del Ayuntamiento y el Gobierno de Navarra, que lo veían más como un incordio que como una oportunidad. La sorpresiva designación de San Sebastián, unida a Wroclau, otra ciudad polaca no visitada, tampoco está resultando fácil, con cambios de proyecto, estrategia y dirección por parte de los actuales responsables políticos. Esperemos que el programa vaya a buen puerto y podamos disfrutar, por cercanía, de algún espectáculo.

2014-10-13 16.50.23Vista de la casa natal de Copérnico

El encanto objetivo de Torun, ciudad gótica muy bien conservada, que le ha valido el título de Patrimonio de la Humanidad, apenas pudimos disfrutarlo. Una vista al galope, casi a la japonesa, nos llevó de la entrada de la ciudad a la torre inclinada, el rectorado de la Universidad, la casa de Copérnico, la catedral de los Santos Juanes y la plaza del mercado con su espléndido ayuntamiento y torre. Un final endulzado con las pastas de gengibre, otro de los símbolos de la ciudad. Pero el casco histórico de Torun no es sino el centro de una ciudad que ha crecido ordenadamente en las afueras con grandes bloques y le ha permitido consolidar una universidad de casi 50.000 alumnos.

2014-10-13 17.07.36Edificio del ayuntamiento con la estatua de Copérnico en primer plano

Dejamos el Vístula a nuesta derecha, ancho, caudaloso y pausado, y volvemos de nuevo a la autopista, camino de Varsovia. La novedad del viaje, en este caso, es el coro del autobús que, con polifonías varias y cristalinas voces, que diría José Luis Orduna, nos deleitó en el viaje de vuelta.

Eran casi las diez de la noche cuando llegamos al JM Tower, el hotel de la ida, en pleno centro nuevo y comercial de Varsovia. Allí, desde el piso 25, se adivinaba de nuevo la Varsovia orgullosa y algo petulante que marca el camino de progreso de la Polonia actual. Un camino que esperemos vaya acompañado de justicia social para que el paso al capitalismo y a occidente no sea otro tropiezo más en su complicada historia. Que no sea verdad aquella frase con la que Lenin respondió a Fernando de los Ríos en su visita a Mascú, tras la revolución soviética: ¿Libertad, para qué?

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