Viaje a Polonia. Gdansk, una ciudad para el recuerdo (VII)

 

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Vista exterior de la abadía de Oliwa

Hay lugares comunes que resultan difíciles de cambiar. Gdansk tenía para mí tres componentes ineludibles: su pertenencia a la Liga Hanseática, su condición de ciudad libre vinculada al inicio de la II Guerra Mundial, y el ser patria de Solidaridad y su lider Lech Walesa. Pero lo que desconocía era la riqueza de su arquitectura, su urbanismo recuperado y lo impresionante de su conjunto urbano.

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Interior de la abadía del que resalta su encalada blancura

Para descubrir la ciudad tuvimos la suerte de contar con Eva, una ejemplar profesional, ordenada, trabajadora y competente que, mochila en mano, desplegó conocimientos, palabras e imágenes gráficas para acercarnos a una tierra que amaba. Como amaba su profesión, a pesar de ser arquitecta, y eso se percibe en los detalles y en el resultado final.

Gdansk constituye, junto con Sopot, una conurbación urbana conocida como “la triciudad”. Nuestro primer destino, un tanto sorprendente por la ubicación, fue la antigua abadía cisterciense de Oliwa, hoy sede episcopal. Una vez más, el fenómeno cisterciense se hace realidad: una iglesia de grandes dimensiones, un fértil valle, agua abundante y un centro religioso y económico de primer orden. La abadía, en gótico de ladrillo, totalmente encalada, impone por sus dimensiones. Y junto a ello, el impresionante órgano barroco, la sillería manierista y el altar mayor.

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El cura navarro-polaco, en animada conversación con el grupo

El dato anecdótico lo proporcionó un joven cura polaco que, en perfecto castellano, nos saludó con giros propios de nuestra tierra. La razón era obvia: estudió teología en la Universidad de Navarra y colaboró en labores pastorales los fines de semana en la parroquia de Lodosa. Hoy es profesor en el seminario de Gdansk. La abadía se encuentra en medio de un parque, hoy abierto a la ciudad. El octubre polaco ha llegado y los tilos y otras especies arbóreas despliegan una amplia paleta colorista de gran belleza. En la apoximación a Oliwa pasamos por la residencia del jubilado Walesa, figura emblemática de Solidaridad y primer y fallido presidente de la Polonia democrática entre 1990 y 1995.

2014-10-12 10.07.16Todo el esplendor del otoño polaco escoltan a Fina y María Luisa

Un ambiente distinto envuelve a Sopot, una población crecida al socaire del mar Báltico, la playa y la presencia de la realeza y aristocracia del norte de Europa. El largo muelle de madera nos introduce en el mar y la brisa llega hasta nosotros agradable y suavemente otoñal. Resulta difícil imaginar lo que sucederá en pocas semanas. El frío, el viento, la humedad y el hielo se apoderarán del lugar hasta convertir el Báltico en una inmensa pista de patinaje.

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María Luisa posa en el muelle de madera de Sopot

Tras la visita eclesial y vacacional, nos esperaba un enclave singular, con una historia reciente a la que asistimos, ya no tan jóvenes, por televisión: el nacimiento de Solidaridad, previa lucha sindical dirigida por Walesa, la presión sobre el régimen comunista al alimón con el nuevo Papa, Juan Pablo II, y la eclosión democrática. Y todo ello en un astillero inmenso con más de 17.000 obreros que pedían mejoras sociales y políticas.

2014-10-12 12.06.49Estadio de Gdansk, una hermosa perla en el camino hacia la cumbre de la selección española de futbol

En el camino pasamos por el vistoso y coqueto estadio de fulbol de Gdansk, sede de los partidos de la selección española en la Eurocopa. Una corona de ámbar que refulge bajo el sol, aportando a la ciudad los viejos resplandores de los que disfrutó antaño. Y junto al estadio, la impresionante campa en la que Juan Pablo II se encontró con dos millones de polacos en su primera visita a Polonia, todavía bajo el régimen comunista.

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Vista del monumento a los caídos de Solidaridad

El enclave tiene más emoción que belleza formal. Sobre un fondo de gruas, hoy reconvertido en un astillero de poco más de 2.000 trabajadores, una entrada típicamente fabril recuerda a los trabajadores caidos entre flores y banderas polacas. En medio de la plaza, una triple cruz de 42 metros de altura, en acero inoxidable y con unas anclas colgadas, recuerda a los tres trabajadores muertos en las revueltas de 1979.

2014-10-12 12.29.13Fina quiso recordar la lucha sindical de José Luis Castejón

Y al fondo, como si de un muro se tratara, una figura alegórica en trance de librarse de sus cadenas y la relación de trabajadores caidos acompañan a Popielusko, el capellán de Solidaridad también asesinado por la policía del régimen. Un ejemplo más de que las libertades se conquistan y que las mejoras de la clase trabajadora casi siempre están regadas con sangre. De ahí que traicionar principios y olvidar los ideales pasados, tan en boga en estos tiempos, sea una doble traición cuando de la izquierda se trata.

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Nuestro guía descansa bajo la atenta mirada del matrimonio Arnolfini

La comida tiene lugar en plena Plaza Mayor, en un caserón que antaño ocupó el consulado de Holanda, de ahí el título de “La casa holandesa”. Un acogedor comedor en el primer piso, con escenas de Vermeer y Van Eyck, sirve de espacio para la comida. Desde mi mesa observo la plaza con sus fachadas variopintas en las que los ecos de la arquitectura neerlandesa se hacen patentes.

2014-10-12 15.07.19Espectacular chimenea de cerámica de la lonja

La tarde, de la mano de Eva, la dedicamos a recorrer la ciudad vieja, reconstruida prácticamente en su totalidad tras los destrozos provocados por la II Guerra Mundial. Una reconstrucción común a muchas ciudades polacas que cumplió dos objetivos complementarios: recuperar los edificios perdidos y hacer país, dando trabajo a decenas de miles de polacos en un momento de especial dificultad.

La riqueza monumental es extraordinaria, destacando más por su magnificencia que por su calidad, sin desaparecer ésta. Los elementos se suceden: la fuente de la plaza; la sala de audiencias, una especie de lonja similar a las levantadas en Palma, Valencia y Zaragoza por las mismas fechas; el ayuntamiento, en este caso en una esquina, dada la estrechez de la plaza, en clara competencia con la iglesia de Santa María; el conjunto de puertas de los diferentes recintos fortificados de la ciudad, gótico, renacentista y barroco; el arsenal, todo un alarde de la potencia municipal en los siglos XVII y XVIII;

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Interior de la imponente iglesia de Santa María

 la iglesia de Santa María, donde el ladrillo es una mole de dimensiones poco habituales, en las que ni arbotantes ni contrafuertes se reflejan al exterior. Y eso que la aguja calada prevista, cuya maqueta se conserva en el interior de la iglesia, no se levantó según los planes previstos, elevando la misma por encima de los 150 metros; la hermosa calle dedicada a María, llena de tiendas y restaurantes; para finalizar en la grua medieval del puerto, un ingenio sin par en la Edad Media.

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La calle de María, hoy llena de tiendas y restaurantes, es una de las más típicas de la ciudad

Aprovechando la visita a una tienda de ámbar, me escapo a pasear de nuevo la calle mayor. Frente al ayuntamiento, cubierto con una manta disponible en todas las mesas, me tomo un café de media tarde y descanso plácidamente del trajín del grupo. Y de allí, me acerco a la misa dominical de las seis de la tarde en la iglesia de Santa María. La celebración tiene un indudable aire tradicional, con presencia del gran órgano y numerosas partes cantadas, apenas seguidas por la feligresía, nutrida y con presencia significativa de gente relativamente joven. ¿Cómo acompañará la Iglesia el despegue económico y la progresiva secularización de la sociedad polaca, inexorable en el inmediato futuro? He ahí un reto difícil, del que dudo que salga triunfante, vista la experiencia de España.

2014-10-12 19.32.06Vista parcial del restaurante y los comensales en el lujoso restaurante donde tuvo lugar la cena

La cena nos la sirvieron en un lujoso restaurante del mismo barrio, en la que contamos con la presencia de una cantante que, en continuado falsete, intentó amenizarnos la velada. La gastronomía no alcanzó el grado del interior del local, pero somos gente de buen conformar y dimos buena cuenta de los platos.

Afortunadamente el Qubus Hotel estaba al otro lado de la muralla. La jornada había sido intensa y con los pies cansados y la satisfacción del descubrimiento de una ciudad singular, nos retiramos a descansar.

 

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