Hacer Camino

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Los escolares en el Camino (Diario de Noticias)

Lo volví a comprobar esta misma semana en la que he visitado a mi madre, una de las guardianas del Camino en la calle mayor de Los Arcos. Una riada interminable de gente de toda edad y condición penetraba en la villa por el antiguo portal de Roitegui, y calle abajo, mirando a un lado y a otro las casonas del recorrido, descendían por la rúa mayor, uno de los más hermosos tramos urbanos de todo el Camino de Santiago. Los vi mayores y jóvenes; solitarios y en grupo; exultantemente eufóricos y claramente rendidos; con aspecto occidental y claros rasgos orientales cada vez en mayor número; con aire deportivo y enormes mochilas de las que colgaban botas y chubasqueros, dada la lluvia de la mañana. Todo eso, y mucho más, puede uno apreciarlo, admirarlo y reflexionarlo en cada rincón del Camino navarro a su paso por los pueblos, sobre todo si están ubicados en el Camino francés. Por supuesto, los hay perfectamente conocedores de la ruta, y tambien los que, sin conocer una palabra de español, te piden en inglés, en su lengua nativa o en lenguage de signos, que les indiques alguno de los albergues o un lugar para comer.

Lejos quedaron imágenes vividas por mí en ese mismo enclave de la calle mayor de Los Arcos hace casi cincuenta años: la llegada del primer peregrino vestido de tal, al que los chicosy chicas del barrio acompañamos calle abajo hasta la iglesia. Lo que entonces fue un acontecimiento singular es hoy una procesión casi constante. Atrás quedó también el recorrido histórico de la vía jacobea, iniciado en los siglos VIII y IX, ascendente en las dos centurias siguientes, en su cénit en los siglos XII y XIII, todavía pujante en los siglos XIV y XV, progresivamentge descendente en los siglos XVI, XVII y XVIII, y claramente decadente en el siglo XIX y primera mitad del XX. A partir de esa fecha, el Camino conoce una inflexión extraordinaria. Una trayectoria que, gracias a la acción pionera de personas individuales y asociaciones, y al impulso cada vez más coordinado de instituciones civiles, religiosas y sociales, recuperó el Camimo como Itinerario Cultural Europeo y Patrimonio de la Humanidad. Y todo ello, con la presencia física y renovada del peregrino, definido incluso en su perfil: varón español, en menor medida francés y alemán, con progresiva presencia de orientales, creyente, aunque no demasiado practicante, procedente del medio urbano, con estudios medios o superiores, que hace el recorrido a pie, en solitario o en grupo reducido y que, pese a la importancia de los libros y de los medios de comunicación, dice conocerlo al igual que en tiempos anteriores “por otros peregrinos”. Un peregrino que, para completar el cuadro, reconoce que realiza el recorrido por razones religiosas, culturales, deportivas o turísticas.

A la vista de todo esto, la pregunta es obvia. ¿Está salvado el Camino? La respuesta es globalmente positiva. El Camino está claramente mejorado en lo físico y jurídico, aunque algunos tramos dejen bastante que desear; restaurado en lo artístico, si bien algunos monumentos reclaman todavía medidas urgentes; estudiado en lo histórico y artístico, aunque queden por conocer mejor épocas, episodios e influencias foráneas; y potenciado como recurso turístico, tal vez el ámbito que ha experimentado un mayor crecimiento en los últimos lustros, ayudando claramente a la mejora de la situación económica, social y urbana de las localidades por donde pasa. Hoy, a mi juicio, el problema es otro; el riesgo no es que fenezca, sino que muera de éxito.

Resulta imprescindible, por tanto, potenciar su carácter de espacio cultural, artístico y turístico, sin olvidar su vocación primera, un corredor abierto a lo religioso. Sin ánimo de exaltar una espiritualidad quimérica, ya que la peregrinación no tuvo nunca una vertiente solo religiosa, la ruta jacobea será, en buena medida, lo que las gentes del Camino queramos hacer de él. De ahí la importancia de involucrar a las nuevas generaciones en su conocimiento, cuidado y divulgación. Por eso me parecen dignas de resaltar algunas iniciativas puestas en marcha en los últimos años. Participé el pasado viernes, como miembro de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella, en una especialmente afortunada, que conocía su décima edición: el recorrido del tramo entre el puente de Lorca y Estella por los estudiantes de 6º de primaria de los centros de la ciudad. Casi 300 alumnos de los colegios Remontival, ikastola Lizarra, Santa Ana y Mater Dei, acompañados por padres y madres, profesores y miembros de la asociación, recorrimos el Camino en una mañana radiante, almorzamos juntos y visitamos las iglesias de Villatuerta y el Santo Sepulcro de Estella. Nuestra intención es que las nuevas generaciones cojan el testigo de los que un día nos iniciamos como ellos. Esperemos que sea la primera de otras muchas presencias jacobeas.

Diario de Navarra, 2/10/2014

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