El proceso de renovación del PSOE (I)

Reiniciando

Soy militante del PSN-PSOE desde el año 1986. Y simpatizante activo y colaborador desde 1979. El partido que me acogió generaba ilusión, ofrecía cambio y propiciaba una apertura real a la sociedad. Yo soy fiel ejemplo de ello, ya que sin militancia política alguna anterior a esa fecha, se me propuso ser candidato en las listas al Parlamento Foral por la merindad de Estella, primero; director provincial del Ministerio de Educación y Ciencia en Navarra, tras la victoria electoral en 1982, despúes; y, finalmente, consejero de Educación y Cultura en el Gobierno de Navarra. La decisión no fue fácil para quienes optaron por esta apertura, y las presiones para que los puestos se quedaran entre los dos de casa, legítimo y entendible, por otra parte, no doblegaron la voluntad del máximo responsable del partido en ese momento.

En estos casi treinta años de militante, he ocupado puestos de responsabilidad también en el partido. He sido dos veces miembro de la Ejecutiva y, en la última etapa he ocupado el honroso puesto de presidente. Un responsabilidad añadida, porque siempre he pensado que la figura del presidente era, sobre todo, una referencia moral más que política, y esa ha sido mi pretensión a la hora de ejercerlo. De la primera ejecutiva, donde ejercí de secretario de educación y cultura, dimití por juzgar insatisfactorio el cambio en el funcionamiento que se me había prometido. Y, hace solo unos meses, dejé también la presidencia, porque entendí que casi diez años eran un tiempo más que suficiente, unido a la posibilidad de optar al puesto de presidente del Consejo Social de la UPNA, donde fui elegido como tal de forma mayoritaria por los 18 miembros que lo componemos.

No me he caracterizado a lo largo de mi actividad política por actuaciones especialmente disonantes, aunque dimitir sea una excepción en nuestro partido. Pero tampoco me he sentido nunca obligado a comulgar con ruedas de molino, y he procurado expresar mi opinión con libertad, sigiendo, eso sí, los cauces establecidos.

Llegado, por tanto, a la jubilación profesional y política, ese ejercicio de libertad, ahora más necesario que nunca, pretendo ejercerlo con mayor claridad y rotundidad, intentando siempre lo mejor para mi partido, que no es necesariamente lo mejor para las personas que lo dirigen.

Estamos en un momento especialmente crítico de la vida de nuestro partido. El viejo PSOE de Pablo Iglesias, con 135 años a sus espaldas, debe adaptarse a las necesidades de la España y la Navarra del siglo XXI, porque si no, dejará de ser un referente nacional, por mucho que esto nos duela. Y los avisos están siendo muy serios. Elección tras elección, en España y en Navarra, constatamos que la condición de partido mayoritario se debilita y surgen otras formaciones más frescas, que concitan la simpatía y los votos de los que antes nos votaban a nosotros. Por lo tanto, la consigna es clara: o renovarse o morir.

Transparencia, participación y comportamientos radicalmente éticos, son elementos escasamente discutibles en el nuevo proceso. Y, si esto es así, debemos conjugarlos en serio. ¿Qué sentido tiene hacer primarias abiertas o abrir la elección del secretario general los militantes y que sólo se presente un candidato? La ciudadanía entiende que eso es una tomadura de pelo. Las primarias exigen competencia, debate, ideas y respeto.

Precisamente por eso, para favorecer esa competencia y ese debate de ideas, he dado mi aval a José Antonio Pérez Tapias, el candidato de Izquierda Socialista. A muchos les ha podido sorprender, ya que esas no son mis posiciones políticas. Pero quien encarna esta corriente es un viejo conocido mío, participantes ambos en el pasado en el grupo Cristianos Socialistas, que me merece respeto político y simpatía personal. José Antonio es persona bien formada, doctor en filosofía y profesor titular de universidad, y profesionalmente acreditada, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada; es persona honrada y cabal, y tiene acreditada capacidad de gestión, buen dominio de la dialéctiva y buenas maneras. Y se merece, por tanto, superar la nada fácil barrera de los casi 10.000 avales que necesita para optar a la secretaría general. Dicho esto, como así se lo he comunicado a él a través de amigos comunes, no contará con mi voto. Considero que el PSOE no necesita un escoramiento a la izquierda como el que Izquierda Socialista pretende, sino clarificar su posición, ocupar la centralidad política y volver a ser el gran partido del centro-izquierda que le posibilite ser una alternativa real de gobierno. Pero le deseo lo mejor porque, aún a punto de cumplir los sesenta, su persona rezuma frescura, compromiso, hondos valores y honestidad personal. Y todo esto, cotiza al alza.

Los próximos 22 y 23 de junio tendremos en Pamplona a Pedro Sánchez y Eduardo Madina. Los escucharé con atención y les transmitiré a ustedes mis impresiones.

 

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