Bilaketa no se merece esto

Salva Gutierrez

Salva Gutiérrez, el alma de Bilaketa

Sobrepasar la barrera de los sesenta tiene pocos alicientes en buena parte de los órdenes de la vida. Tal vez, uno de ellos sea el acercarse a la jubilación y dejar atrás el oprobio del trabajo, cuando éste es entendido como maldición bíblica, y no como actividad gratificante y liberadora. No es mi caso. De ahí que siga sorprendiéndome cuando me encuentro con amigos y conocidos y me comentan los años, meses, semanas o días que les faltan para la tan ansiada jubilación, como si del final de la mili se tratara. Pero presenta también algunas ventajas, entre otras, ver las cosas con perspectiva y poder evaluar el alcance de trayectorias personales o institucionales, al margen de la coyuntura concreta del momento.

Hagamos un ejercicio de perspectiva en material cultural, desde finales de los setenta del siglo pasado hasta ahora. La actividad cultural de la Diputación Foral, benemérita en el contexto español del momento, se limitaba al ámbito del patrimonio y al de las bibliotecas, con una red digna de tal nombre. La llegada de los Festivales de Olite fue el primer intento de dotar al territorio de un programa de primer nivel de divulgación cultural de alcance nacional. El resto de las actividades se solventaban mediante una convocatoria pública anual que repartía el escaso dinero existente. Si esto era válido para el ámbito urbano, ¿qué decir del rural, absolutamente abandonado a su suerte?

La conversión de la Diputación Foral en Gobierno de Navarra (1983), permitió aumentar sustancialmente el presupuesto, articular un departamento de Cultura y poner en marcha un modesto programa que abarcara por igual los ámbitos patrimoniales -restauración de monumentos, archivos, bibliotecas y museos- y los de la difusión cultural y artística. Fue el momento en el que aparecieron programas que se han mantenido prácticamente hasta nuestros días. Una de las pocas poblaciones donde el yermo no era tal era Aoiz, donde una serie de jóvenes, comandados por Salva Gutiérrez, desplegaban una intensa actividad que abarcaba los más variados frentes. Con inteligencia, buen hacer, infinito trabajo, algunos contactos y pequeñas ayudas, levantaron una estructura que cruzó fronteras y se consolidó como un ejemplo a nivel regional y nacional, con numerosos galardones que lo acreditan. Bilaketa se configuró como una entidad con tres ámbitos de actuación: cultura, juventud y mayores. Al primero corresponden actividades tan conocidas como la academia y la banda de música, y los certámenes internacionales de poesía, narrativa, escultura y pintura. Una buena organización, unos jugosos premios y unos jurados ejemplares conforman su amplio bagaje. El pasado domingo, Juan Gracia Arméndariz, autor bien conocido por todos ustedes, glosaba su ejemplar trayectoria. El área del mayor ha tenido como actividad más conocida la UMAFY (Universidad para mayores Francisco Yndurain). Esta actividad pionera ha tenido su réplica en otros núcleos urbanos y otros programas similares, consolidándose como un programa de éxito. Finalmente, el área de juventud ha sido otra de sus preocupaciones. Los programas de tiempo libre, la comparsa y la charanga acreditan la labor en este campo.

Con dificultades, Bilaketa fue haciendo frente a sus necesidades, acogiéndose a convocatorias y subvenciones. Hasta que llegaron los reconocimientos. Recibió el premio al voluntariado del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (1999), el galardón de juventud del Gobierno de Navarra (1999), y el premio de la fundación Teléfonica (2002). La trayectoria culminó en 2004, año en que el Gobierno de Navarra le concedió la Gran Cruz de Carlos III el Noble. Si uno repasa las razones aducidas para su concesión, hace solo 10 años, y ve la situación actual, siente una mezcla de sorpresa, indignación y bochorno. ¿Como es posible que entonces tanto y ahora tan poco?

En los últimos años, las dificultades para acceder a las subvenciones del Gobierno de Navarra se incrementaron. Salva Gutiérrez, que no tiene pelos en la lengua, las denunció en dos ocasiones en el Parlamento. La excusa del grupo que sostenía al gobierno fue la ya conocida: no hay dinero. Lo que queda por saber es si hubo voluntad y sensibilidad para encontrar una salida aceptable.

Lamento mucho el final de Bilaketa. Solo me queda una duda: ¿la Ley de Mecenazgo, recientemente aprobada por el Parlamento, podría haber sido una solución a sus males? No sé si su disolución es definitiva, pero si no es así, yo les animaría a intentarlo.

Diario de Navarra, 29/5/2014

 

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