En memoria de José Luis Albero

 Foto Albero

El pasado 15 de mayo, el Consejo Social de la Universidad Pública de Navarra tributó un merecido homenaje póstumo a José Luis Albero, fallecido en Pamplona el 9 de diciembre de 2013 a los 78 años de edad. José Luis Albero fue, de 1996 a 2006, vicepresidente del Consejo Social de la UPNA. Licenciado en Derecho y Económicas, era vocal por desginación de la Confederación de Empresarios de Navarra. En el acto, que tuvo más de reunión de amigos que de contenido institucional, nos dimos cita un buen número de los que compartimos con él las tareas propias del Consejo.

Tomó la palabra, en primer lugar, Fernando Redón, su compañero y amigo, que durante 10 años compartió mano a mano con él la nada fácil tarea de poner en marcha una institución de encaje complejo en la estructura institucional de la universidad española. A través de una serie de fotos, tuvimos la oportunidad de recordar su imagen siempre cálida, su presencia casi permanente en todos los actos de la Universidad y del Consejo, y constatar la fugacidad del tiempo.

Jesús Irurre, también compañero de tareas, glosó su lado humano con palabras de emoción contenida, ya que ambos han pasado por circunstancias familiares muy difíciles, que José Luis Albero intentó aliviar. Ese carácter jovial, pese a las dificultades, lo subrayó de forma especial Jesús Irurre en su intervención.

Tras unas palabras de la vicerrectora, Eloísa Ramírez, excusando la asistencia del rector por encontrarse ausente de Pamplona, tomé yo la palabra tratando de glosar el contenido de la placa que acompañaba a la pequeña maqueta de la biblioteca de nuestra Universidad, que fue nuestro recuerdo para su familia. Mi intervención se puede resumir en cuatro ideas: humanidad, actitud de servicio, ganar de saber y compromiso con el Consejo. La humanidad de José Luis, su bonhomía, fue un rasgo resaltado por todos, lo mismo que su actitud de servicio. Subrayé también sus ganas de saber, ya que en los últimos años lo he tenido como alumno del Aula de la Experiencia, tan importante para él, ya que tuvo la oportunidad de conocer a María, también alumna y hoy su viuda, con la que pasó unos inolvidables años. Finalmente glosé su creencia en el Consejo, una institución que me atreví a calificar de discutida ayer, necesaria hoy e imprescindible mañana. Que eso lo vieran claro tanto mis predecesores como él, dignifica a los tres.

La hija cerró el acto con palabras de recuerdo a su padre y de agradecimiento al Consejo por el pequeño memorial. Insistió en su vínculo con la institución, su sentido del deber y su entrega.

La modestia formal del acto no quita mérito ni importancia al mismo. El agradecimiento no es palabra que se decline con demasiada frecuencia entre nosotros. Y, sin embargo, dignifica a los que la practican y los hace radicalmente humanos. Si además, como es el caso, tiene como destinatario a los que entregan su trabajo gratis et amore en beneficio de la Comunidad, resulta especialmente obligada. En todo caso, fue un acto de estricta justicia. José Luis Albero se lo merecía.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s