La vida simple (I)

Imagen TessonSylvain tesson en su cabaña

Acostumbrados a nuestra civilización, la propuesta era interesante. Así la expresa el autor en la presentación de su libro: “Me había prometido vivir como ermitaño en el fondo de los bosques, antes de cumplir los cuarenta años. Me instalé durante seis meses en una cabaña siberiana a orillas del lago Baikal, en la punta del cabo de los Cedros del Norte. Tenía el pueblo más cercano a ciento veinte kilómetros, ningún vecino, ni rutas de acceso; a veces, una visita. En invierno, temperaturas de treinta grados bajo cero, en verano osos en la ribera. En resumen, el paraíso. Llevé libros, puros y vodka. El resto -el espacio, el silencio, la soledad- ya estaba allí. En ese desierto me inventé una vida sobria y bella, viví una existencia reducida a gestos simples, miré los días pasar, frente al lago y el bosque. Corté leña, pesqué la cena, leí mucho, subí a las montañas y bebí vodka, mirando por la ventana. La cabaña era un puesto de observación ideal para captar los estremecimientos dela naturaleza. Conocí el invierno y la primavera, la felicidad, la desesperación y, finalmente, la paz”.

Al final del libro, su experiencia se resume en una frase: “Es bueno saber que en un bosque del mundo, allá lejos, hay una cabaña donde algo es posible, situada no muy lejos de la dicha de vivir”.

Y ¿qué hay entre medio? Un experiencia radical, condensada en la autosuficiencia -pesca y recolección de frutos silvestres- a los que el autor añade puros habanos y vodka en superlativa abundancia; mucho ejercicio físico en forma de caminatas interminables por el lago helado y la montaña, además del corte de leña imprescindible en un clima tan hostil; y mucha y variada lectura que sorprende por su variedad y erudición. También el amor y el desamor hacen su presencia de forma inesperada. “Y de pronto todo se derrumba. En la pantalla del teléfono satelital que reservo para las urgencias y no he utilizado todavía aparecen cinco líneas, más dolorosas que una quemadura con hierro candente. La mujer que amo rompe conmigo. No quiere más a un hombre que es un feto llevado por las corrientes. He pecado por mis huidas, mis evasiones y por esta cabaña”. (16 de junio) ¿La amaba de verdad? ¿Es posible que no haya tenido ni un solo pensamiento que reflejar hacia ella desde el 9 de febrero que inició su diario?

Las reflexiones se concretan en un diario multiforme que lo mismo abarca un poética descripción de la naturaleza, una enumeración de sus andanzas, que unas selectas y sesudas reflexiones sobre las cuestiones más variadas. No es un libro fácil, pero su interés resulta indudable.

Sylvain Tesson, La vida simple, Alfaguara, Madrid, 2013

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