Maestros que se nos van

CabodevillaElías Cabodevilla

En la educación católica que acompañó nuestra niñez y juventud, la figura del director espiritual ocupaba un lugar relevante. Ni que decir tiene que su importancia era todavía mayor en los seminarios o colegios apostólicos que preparaban a los jóvenes de ambos sexos para la vida religiosa. Su práctica constituye una línea de actuación que hunde sus raíces en la historia de la Iglesia y ha dado como fruto una escuela abundante, variada y fecunda de figuras señeras y de textos escritos para acompañar a este proceso siempre delicado.

Tras los cambios aportados por el Vaticano II, la estricta figura del director espiritual, onmipotente conductor de almas, ha perdido fuerza, pero la necesidad de acompañar un proceso de búsqueda personalizada de la fe se mantiene inalterable. Y esto, cualquiera que sea el modelo de vida del creyente, laico o consagrado, que no es, ni de lejos, lo más importante.

En este panorama ciertamente confuso, donde algunos pretenden seguir a Jesús de Nazaret en la vida ordinaria, aparecen personas especialmente dotadas par el discernimiento espiritual, que constituyen un verdadero don de Dios para quien lo necesita. Este fue mi caso. En un determinado momento de mi vida, especialmente crucial, por sugerencia de un amigo, recurrí a Elías Cabodevilla. Me recibió en un modesto despacho de la iglesia de San Antonio de Pamplona, me escuchó con atención, y en un rasgo que le honra, me sugirió plantear la cuestión a un franciscano, Javier Garrido, del que no había oido hablar. Me fié de ambos, y con Javier Garrido, además de encarrilar mi vida, puedo decir que comencé a intuir, entre tropiezos y dificultades, una nueva vida espiritual en la que Dios es Padre Bueno, más que Juez implacable. En los últimos treinta años, no son pocas las ocasiones en las que Elías Cabodevilla, en la capilla penitencial de San Antonio, bajo la atenta mirada del bellísimo Crucificado de Alonso Cano, me ha recordado esa misma realidad. Por eso, hace unas semanas, cuando me enteré de su muerte repentina, me uní a una iglesia abarrotada, y recé y di gracias a Dios por su vida y por su obra.Galarreta

José Enrique Ruiz de Galarreta

Esta misma búsqueda, siempre a través de amigos interpuestos, me ha llevado a recabar el apoyo de otra persona especialmente dotada para el discernimiento y el acompañamiento espiritual, Teresa Iribarnegaray. Sus retiros y ejercicios, nada fáciles por lo intenso de los mismos, constituyen momentos propicios para la reflexión y el encuentro con Dios y con uno mismo. Suelen terminar con una eucaristía compartida, donde la cercanía y el calor humano y espiritual se hacen presentes. En algunas ocasiones, el sacerdote que ha presidido la celebración ha sido José Enrique Ruiz de Galarreta, jesuita recientemente fallecido. He aquí otra referencia en materia de acompañamiento espiritual. Sus celebraciones, sus charlas y sus escritos han dejado profunda huella entre nosotros. No pude ir a su funeral, que seguro que fue emocionante, pero me acerqué el día anterior al colegio de San Ignacio y visité su capilla ardiente, escasa en flores, como seguramente él previó, pero llena de personas que testimoniaban su cariño para decirle simplemente gracias.

Se nos han ido dos maestros, a los que muchos creyentes, entre ellos yo, debemos mucho. Es el momento de recordarlos, dar gracias a Dios por su vida y por su obra, y tratar de poner en práctica su mensaje.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s